¡AHÍ VIENE ROSALES!

Alberto Barrera Tyszka


ALBERTO BARRERA TYSZKA
abarrera60@gmail.com

 

A medida que avanza el debate electoral, aparece con más insistencia esa voz que nos advierte: ¡Mosca! ¡Cuidado! ¡Ahí viene Rosales!

Tengo la imagen de un nadador que se acerca a la piscina. Luce casi altivo, sonriente. El sol lo acompaña en cada paso. Alza la mano y saluda a unas muchachas que le gritan desde las gradas.

Manuel Rosales

Sonríe. Asiente. Hasta que llega al borde de la alberca.

Y, entonces, de pronto se detiene. Mueve lentamente su pie y hunde el dedo gordo en el agua. No dice brrr, pero no hace falta: pone cara de brrr.

El frío se mueve en su piel, trata de organizar una mueca. Pero él insiste en su sonrisa. No pasa nada. Eso parece decir mientras se devuelve sobre sus gestos, sobre sus pasos. Casi altivo, sonriente.

El sol siempre lo acompaña.

Nos vemos mañana.

Desde hace rato, cada vez que oigo o leo algo sobre Manuel Rosales aparece esta misma secuencia. Ya es una rutina. Como una pieza de videoarte que se repite una y otra vez, sin importar el momento, el lugar, el espacio. Ya viene. Ahora sí. Espéralo. Rosales siempre está a punto.

Basta con asomarse a los últimos meses: el 5 de marzo, por ejemplo, el ex gobernador del Zulia estableció un enlace telefónico desde Lima con la ciudad de Valera, donde se encontraban reunidos dirigentes municipales, regionales y nacionales del partido Un Nuevo Tiempo. La reseña destaca que Rosales aseguró que estaba preparando su regreso a la pelea política, al fragor de la lucha democrática y civilista.

¡Upa! El 25 de abril, en una entrevista aparecida en el periódico La Verdad se afirmaba que Rosales estaba listo para regresar al país. Pero el 30 de mayo fue todavía un poco más concreto. En una conversación radial con Manuel Felipe Sierra, en su programa en Radio Venezuela, el ex candidato presidencial sostuvo que estaba ponderando puntualmente la posibilidad de su retorno, que ya tenía tres fechas tentativas para volver al país. ¡Váyalo, papá! 8 de julio de 2011: la alcaldesa de Maracaibo, Eveling Trejo de Rosales, con el entusiasmo de quien posee una primicia, anunció alborozada: “Manuel Rosales volverá más pronto de lo que imaginan”. ¡Agárrense! Y dos días después, Pablo Pérez, en medio de un ánimo evidentemente preelectoral, declaró que “con el regreso de Manuel estaría completo el equipo luchador”. ¡Chanchán! Casi desde el mismo instante en que salió de Venezuela, Rosales lanzó la promesa de su regreso. Se fue diciendo no me voy del todo y, durante estos dos años, ha intentado sin demasiado éxito mantener alguna presencia mediática en el país. Esa promesa, en estos meses, ya se ha convertido en amenaza. A medida que avanza el debate electoral, aparece con más insistencia esa voz que nos advierte: ¡Mosca! ¡Cuidado! ¡Ahí viene Rosales! Esta semana, la selección mexicana ganó la Copa Mundial de Fútbol Categoría Sub 17. En el juego final, en el estadio Azteca, podía verse a muchos de los asistentes luciendo una venda ensangrentada anudada en su frente. Era un símbolo. En el juego anterior, en un choque de cabezas tratando de conseguir un balón, Julio Gómez terminó con una herida que le costó seis puntos de sutura. Unos minutos después, regresó al campo con una venda manchada de sangre en la cabeza. Así metió el gol que dejó en el camino al equipo de Alemania y le dio a México el pase definitivo a la final. Fue épico.

Vendas y sangre. Eso le falta a Manuel Rosales. Cualquiera puede tratar de evitar un proceso judicial viciado, una condena que le resulte injusta y amañada. Pero no cualquiera aspira a ser líder político, a dirigir a los demás. Así como tuvo todo el derecho de tomar la decisión de huir a Perú, así también ahora tiene todo el deber de asumir las consecuencias de ese acto. Irse fue una definición política. Una renuncia.

Oswaldo Álvarez Paz

Esta semana, Oswaldo Álvarez Paz fue sentenciado a dos años de prisión. Ya estuvo detenido por el mismo caso. Durante todo este proceso, permaneció en el país. Diciendo lo mismo, insistiendo, defendiendo sus ideas. Uno puede o no estar de acuerdo con sus posturas políticas, pero su entereza en esta situación es incuestionable. Con su presencia y su actitud, ha dejado en ridículo al sistema, ha desnudado la vocación autoritaria y censuradora de quienes controlan el poder. Es suficiente recordar casos como el de Pdval o el de Danilo Anderson para que la acusación por “difundir información falsa” se llene de moscas.

¡Ahí viene Rosales!, quizás vuelva pronto a gritar alguien en las gradas. Tal vez, entonces, aparezca nuevamente el nadador, saludando. Se acerca otra vez al borde de la piscina. Respira hondo. Casi altivo, sonríe.

Mueve muy despacio su pie, intentando hundir el dedo gordo pero, de repente, ya no siente nada. Quizás ya no hay agua. Tal vez, frente a él, ya sólo queda un vacío.

@elnacional

 

 

Un Comentario;

  1. Chino said:

    Por mi que se quede en Peru, aca no va a hacer nada, como pueden tenerle confianza a un tipo como ese despues de aquellas elecciones donde rapidamente acepto la derrota, si regresa que se postule para cualquier cargo politico en Maracaibo pero no a nivel nacional, es un vendido, porque cobro y se fue.

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