“No creo en Nadie”

Carlos Lozano

Carlos Lozano

Caminando con Carlos
Carlos Lozano
Carlos@carloslozano.com

El sábado pasado, recorriendo el sur de Valencia, nos topamos, a la altura de la vía hacia Lomas de Funval, con un vehículo estacionado y una frase inscrita en su parabrisas posterior. Decía “NO creo en Nadie”…, así con el “NO” destacado, y con mayúsculas en las dos ENES,  como para que a nadie le quedase duda de su falta de fe y confianza en el resto de la humanidad, y de lo inapelable de su convicción.

Pienso que se equivoca. Que echar la fe a la basura, perder la confianza en las posibilidades de éxito, de un programa de acción, de un equipo, es también un riesgo de no poca dimensión. Botar la llave de la fe implica encerrarse entre las cuatro paredes y, aunque la persona se sienta a salvo de engaños y decepciones, deja de ver horizontes y de sentir la esperanza que trae cada amanecer.

Como venezolano, no quiero creer que éste o cualquier otro Gobierno no tenga la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida. Mantengo mis ventanas abiertas y me esfuerzo por creer que, detrás de las inmensas vallas de propaganda, existen realmente obras en desarrollo o concluidas con éxito. Yo quiero creer que las cosas pueden mejorar aún más allá de lo que teníamos hace apenas unos años cuando la descentralización de servicios nos ponía el horizonte al alcance de la mano, cuando podíamos ser un equipo, un proyecto, y Venezuela era el resultado de veintitrés equipos, sus estados, que buscaban sus propios horizontes para unirlos luego en un solo amasijo de bienestar y grandeza.
Quiero creer que quienes han abandonado las regiones para imponer un demostradamente lento, egoísta e ineficiente centralismo, terminen comprendiendo que ése fue siempre, y sigue siendo, un camino equivocado.

Es necesario que lo entiendan y corrijan el rumbo para devolverle la esperanza y la fe a ese venezolano, y a otros tantos como él, que hoy se atrincheran detrás de ese NO creer en Nadie. Y para que recuperada la fe, la fuerza de Venezuela crezca desde abajo, desde cada corazón, desde cada familia, desde cada población, desde cada región y así, creciendo con horizontes al alcance de la mano, vayamos construyendo entre todos el destino común.

Una nación no puede hacerse grande si no lo son primero cada una de sus partes. La confianza y el compromiso con nuestras regiones, son ladrillos para construir la gran fe nacional.

 
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