A CHÁVEZ NO LE GUSTA

Carlos Blanco


CARLOS BLANCO
carlos.blanco@comcast.net

No. A Chávez no le gusta que se hable de transición porque hacerlo implica convocar las fuerzas que determinarán su partida. Para responder sobre el tema no ha tenido mejor ocurrencia que afirmar que la transición que vive el país es hacia el socialismo. La respuesta presidencial descubre exactamente lo que se propone encubrir, el chao, el goodbye, el adiós que se cocina en la sociedad venezolana. Y sin embargo se mueve.

El gobierno se ha impuesto sobre la sociedad de la manera que ya se conoce. Controla los poderes; usa la represión abierta y también la encubierta con las coartadas que aportan leyes y tribunales. No debe pasarse por alto que los regímenes dictatoriales del mundo globalizado requieren pasar ciertos escrutinios por lo que se recubren de leyes, decretos y normas con los cuales enmascarar el despotismo, y que le permitan a los ministros españoles Miguel Ángel Moratinos y Trinidad Jiménez decir que el déspota venezolano cumple las leyes y que en Venezuela no hay presos políticos porque los políticos presos han sido enviados a las cárceles por los tribunales.

A pesar de ese control inmenso hay problemas insolubles que emergen precisamente del control total. Un problema radicalmente insuperable es el del procesamiento de las contradicciones internas. La democracia es un sistema que permite que las diferencias se canalicen a través de una diversidad de mecanismos, el más importante de los cuales es el de las elecciones, aunque hay otros esenciales como el del balance de poderes y las contralorías.

En un régimen como el chavista no hay posibilidad de disensión; el que disienta está fuera, expulsado del culto al líder y de sus liberalidades. Cuando las contradicciones no se pueden administrar, se disfrazan y después estallan; se disfrazan de afinidades personales y grupales para después manifestarse brutalmente como incompatibilidades. Esta diversidad es la que ha comenzado a forzar la transición hacia un régimen distinto, con el concurso de los propios chavistas, víctimas del silencio obligado. En los estados, en los municipios, en los diversos organismos, se sabe, se habla de la necesidad de algo diferente. Chavismo sí -dicen- pero con libertades. Las contradicciones aludidas ya no pueden ser encapsuladas detrás de la cortina de silencio existente.

LA GESTIÓN. Otra fuente que empuja la transición es el fracaso de la gestión de gobierno desde la perspectiva de la opinión pública. Cierto que no es un fracaso para la visión chavista radical, pues hundir PDVSA, la FAN y el BCV, por ejemplo son victorias que los asaltantes han logrado para destruir la ciudadela burguesa, según piensan. Sin embargo, esas conquistas bolivarianas, traducidas en ruina de los espacios físicos, en ciudades convertidas en basureros donde predomina el crimen, en caridad pública como sustituto de empleos decentes y salarios dignos, no logran convencer al pueblo cuyo apoyo se pregona. De no existir el terror a la venganza oficial, la abrumadora mayoría disidente se manifestaría y llamaría a la renuncia en pleno del gobierno.

Son enemigos del capitalismo pero rinden culto devoto al dios dinero. Piensan que todo se puede hacer con la busaca llena y no alcanzan a vislumbrar que la construcción de un país no depende principalmente del dinero disponible sino de las capacidades intelectuales de su población. Una población educada conquista el Paraíso aun en medio de asfixiantes precariedades; una población sin elevada educación aunque con dinero, puede comprar pero no puede construir. Los próceres todavía no lo han entendido y les importa más el dinero que las capacidades que lo gestionan.

El fracaso como administración es una poderosísima fuerza para presionar hacia una transición. En el corto plazo no pueden suplir las carencias que han producido el desastre. Ha confesado Chávez que se ha dedicado a ser alcalde, gobernador, ministro y propagandista; esto ya se lo había dicho Fidel hace años y ahora lo repite como demostración de su sacrificio. En realidad es una confesión de fracaso.

EL HIPERLIDERAZGO. Los que dentro de su movimiento diagnosticaron que Chávez padecía de hiperliderazgo terminal fueron expulsados de su regazo hace algunos años; ahora parece haberse iluminado porque a la hora de conseguir un copiloto se ha encontrado que no existe. Él ha sido el principal factor para impedir el desarrollo de una segunda línea que ahora, con desespero ante la incertidumbre, intentan crear los cubanos.

El incondicionalismo aludido más arriba y un liderazgo mesiánico no permiten sucesiones ordenadas. Se trata de impedir rivalidades y evitar la tentación de que a Cipriano enfermo le aparezca Gómez, sano. En los tiempos chavistas los que tenían potencial fueron apartados, expulsados o marginados, aunque de vez en cuando se vean obligados a confesar una lealtad que no sienten.

Ahora que los ángeles caídos andan de su cuenta, la pugna por un liderazgo que Chávez ha impedido se hace en las sombras y se manifiesta de extrañas maneras. Obsérvese cómo Diosdado Cabello, marginado pero con poder financiero y militar, ha sido el que casi al margen del gobierno le dio una salida -aunque sea temporal y en mucho ficticia- al drama de El Rodeo. No fueron las tropas de la Guardia Nacional dirigidas por notables incompetentes ni los paracaidistas del Ejército, ni los estrategas del Ministerio del Interior, sino un personaje segregado dentro del poder pero que tiene otro poder y puede hacerlo valer el día menos pensado.

LA TRANSICIÓN. La ausencia de democracia interna, el fracaso administrativo y un liderazgo castrador han sido factores que en el chavismo han generado el espacio para un cambio, en el marco de una lucha continua por la democracia, aunque con altibajos, librada por los opositores. El chavismo que se encuentra incómodo y la disidencia democrática se preparan para Chávez cese como Presidente. Ese chavismo no se ha vuelto “de oposición”, sigue en la defensa de esa cosa que creen es el socialismo, pero no quiere calarse más a quien les abrió puertas y ahora las cierra.

Chávez, que tiene el tonto bien lejos, ya percibió la trampa en la que está: los suyos le hablan de socialismo como coartada, mientras fomentan el más salvaje de los capitalismos. Hablan de la revolución mientras sus socios contratan y se llenan; sin dejar de lado a esos generales que se desgañitan por el socialismo y no saben si para aprender marxismo hay que leer a Picasso, a Berlusconi o a Lady Gaga.

Nótese que en este trabajo no se ha hablado hasta esta línea de la enfermedad del Presidente. Esa transición empezó antes de conocerse sus gravedades, aunque ahora la fugacidad del perenne es mucho más evidente porque la invulnerabilidad simbólica y la eternidad provisional se fueron al sumidero.

http://www.tiempodepalabra.com

 

 
Top