El trauma de la sucesión

Miguel Ángel Santos

MIGUEL ÁNGEL SANTOS

 

Si para escoger al nuevo técnico de la selección se hubiese recurrido a la lista de virtudes “esenciales”…

La selección venezolana de fútbol ha conseguido superar un miedo que nuestra sociedad no encuentra cómo enfrentar: el trauma de la sucesión. Muy pocos se atrevieron a predecir los resultados de los últimos años cuando Richard Páez renunció en noviembre de 2007. Demasiadas veces tendemos a asociar la desaparición o salida de una persona del acontecer institucional o inclusive a nivel personal, con una debacle que la mayoría de las veces no llega a ocurrir. Y es que la verdad es que muy pocos, acaso ninguno, llegan a ser indispensables. De la experiencia de nuestra selección se derivan dos lecciones que nos pueden ayudar a enfrentar con optimismo nuestra coyuntura nacional.

La primera es que los blancos y negros, el pro-automático y el anti-automático, no conducen a nada bueno. Tómese el ejemplo de nuestro fútbol. Es indudable que Venezuela le debe muchísimo a Richard Páez. Nos sacó del sótano cuatro y nos puso en la planta baja, a ratos asomándonos al primer piso. Nos enseñó, tanto a los jugadores como a la afición, a creer en nuestras posibilidades. Le dio a Venezuela un sistema de juego y una identidad. Trajo consigo resultados que quienes seguimos el fútbol venezolano jamás pensamos que llegaríamos a ver. Pero también está claro que el largo ciclo de Richard (siete años) llegó a una fase de estancamiento. Ya parecía agotado en la Copa América 2007, pero él se empeñó en continuar a toda costa. Su salida, que ha debido ser mucho más decorosa tomando en cuenta su enorme contribución, fue lamentable.

César Farías es un técnico, por decir lo menos, muy polémico. A una parte grande de la afición (me incluyo) no le gusta a lo que juega. Pegamos demasiados pelotazos y la convocatoria de jugadores luce caprichosa. Es difícil saber a qué jugamos, porque parte de su idea del fútbol es que el rival y la circunstancia determinan a qué se juega. Su intolerancia ante las críticas supera a Richard Páez. Dicho esto, en pocos años el técnico se colgó a la espalda nuestra mejor eliminatoria mundialista en la historia, primera participación en un mundial juvenil, primera victoria ante Brasil y va camino a nuestra mejor participación en Copa América.

La polarización de opinión es un monumento a la flojera intelectual, una herramienta que utilizan los que se encuentran incapacitados para pensar, con el único objetivo de despojar a los demás de su inteligencia. Es evidente que esa polarización ahora está presente en todos los terrenos. Nuestros usuarios de Twitter, capaces de hacer de la muerte de Poppy un TT mundial, se han convertido en tiranos de mayorías. Pero la verdad es que cada etapa tiene sus cosas buenas y sus malas, y eso es lo que más nos hace falta; no otra etapa histórica, sino un “esto está bien, y sigue”; “aquello está mal, no se va a hacer más”; “aquella idea es buena, se mejorará”. Así progresó nuestro fútbol.

La segunda lección es más breve pero más importante aún. Si para escoger al nuevo técnico de la selección se hubiese recurrido a la lista de virtudes “esenciales” que los encuestólogos nos han vendido debe tener nuestro próximo candidato presidencial, nuestro fútbol jamás hubiese podido hacer esa transición. Así de simple.

www.miguelangelsantos.blogspot.com

 
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