En Venezuela el fútbol estaba montado al revés

Le dimos la vuelta, se exigió a los clubes invertir en la base lo que incrementó el número de fichas, convirtiendo al fútbol en el primer deporte nacional, por encima del béisbol.

LUIS MARTÍN – Buenos Aires –

Todo empezó con un tal Simpson, un maestro galés contratado por las minas de oro, de propiedad inglesa, para los hijos de sus trabajadores. Fue él quien organizó el primer partido del que se tiene memoria escrita en Venezuela, a través de un artículo publicado en El Correo de Yutari, el 16 de julio de 1876. En él se hablaba de una exhibición “de un sport llamado foot-ball” en Caratal, junto a la mina Perú de El Callao. Fundada en 1938, la federación venezolana, que entró en 1952 en la FIFA, era la única de la Conmebol que jamás había estado en un Mundial de ninguna categoría hasta que se clasificó para el sub 20 del año pasado. Le llaman la vinotinto porque en los Juegos Bolivarianos de 1938 los organizadores les dieron unas camisas color burdeos. La leyenda dice que mezclaron los colores de la bandera, amarillo, azul y rojo, para tintar la tela, pero los expertos consultados destrozan la teoría.

La Copa América y la contratación como entrenador de César Farías, que se define heredero y alumno de maestros como Pinganelli, Moragas y Pepito Hernández, supone un punto de inflexión para la vinotinto. Farías escuchó el consejo de los mayores. Estudió inglés, viajó, vio mucho y se acercó a los mejores: su relación con Del Bosque, al que visitó en Sudáfrica, lo demuestra. Farías empezó a jugar en el patio del colegio Claret en Caracas, donde su madre era profesora y llegó a jugar como central en Primera pero no duró ni un año. “Era un desastre, me desilusioné mucho”.

“Vengo de un extracto social distinto al de la mayoría de los jugadores y no podía asumir las condiciones: no había las herramientas básicas, costaba tener balones”. Sostiene que le dio “un calentón”, dejó el equipo y se marcó un camino. “Decidí ser entrenador, prepararme para organizar porque veía desparramarse el talento por la falta de planificación”, cuenta. Trabajó hasta en siete equipos venezolanos, consciente de que necesitaba experiencia para el día que recibiera la llamada de la selección.

Farías se puede pasar una tarde explicándole los movimientos sobre el campo a los dos centrales, los tres solos, en extenuantes charlas tácticas. Dice que lo más difícil es sincronizar la defensa y que la planificación es más importante que la ejecución. “Primero tienes que ser un equipo ordenado y luego intentarlo. Conseguirlo ya depende de más factores”. Orden para el progreso, trabajo para ser mejores en cada acción. Sostiene que su obligación es saber cómo sacar lo mejor de cada jugador y que parte de la base de que la ambición es ganar, no perder dignamente: “Se juega para ganar, para vencer, no para evitar que te ganen”, ha dicho.

“El fútbol venezolano estaba montado al revés, de la selección abajo. Le dimos la vuelta”, explica. La federación aprovechó la Copa América de 2007, se gestó una Liga de 18 equipos en Primera, otra de 18 en Segunda, y se exigió a los clubes invertir en la base. La consecuencia ha sido un incremento de fichas que ha convertido al fútbol en el primer deporte nacional, superando al béisbol, una enorme mejora en las infraestructuras, un nuevo tipo de jugador. “Desde la organización procuramos que no todos los futbolistas fueran habilidosos y pequeños, como sucedía antes. Los fuertes jugaban a béisbol y los altos a baloncesto”, resume. El tipo de jugador venezolano es hoy más alto -supera los 1,87m de media en la sub 20- y con más talento.

“No conozco el futuro, pero hemos intentado sembrar cosas. En este equipo hay jugadores que han estado con nosotros en la sub 20, los de la sub 17 están dando el paso a la sub 20. Hemos trabajado una idea. El mayor legado es organizativo. Venezuela está en pleno crecimiento. Tiene jugadores en Europa, los juveniles vienen bien. Tenemos carácter y argumentos. Que siga el desarrollo”, pide Farías. “Otros, teniendo más talento, no trabajan tanto y eso empareja las cosas”, asegura.

 Venezuela ya no teme nada: “Este es nuestro lugar. No hemos tocado techo”, sostiene Farías.

 
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