CÁNDIDO

Américo Martin

Desde la cima del Ávila

 Américo Martín
@AmericoMartin

amermart@yahoo.com

¨No somos panglossianos en mangas de camisa”

Rómulo Betancourt

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Por hacer un chiste amable con los candidatos que no tienen opción pero sí una sed de ilusiones infinita, he dicho  –aunque no sea verdad- que “candidato” viene de “cándido”. Pero nuestra extraña realidad electoral me induce a darle otros destinatarios a la palabra. Ya se verá

El presidente Chávez tiene desconcertado al país y lo peor: revela estarlo él, más que nadie. Se fue aquejado de un cáncer que sus favoritos ocultaron y puesto que éstos no osan ir más allá de lo que se les indique, es de suponer que escamotearon la verdad cumpliendo instrucciones del enfermo. Quien, sin embargo, los sorprende es él mismo reconociendo que sí, en verdad, es víctima del terrible mal. Puso a sus cándidos leales en evidencia por repetir lo que probablemente él les exigió.

Las palabras presidenciales cayeron como un rayo en el “proceso”. Se salió el genio de la botella; el fantasma de la sucesión encendió indisimuladas pugnas, con riesgo para la unidad del asimétrico PSUV. No hay en este partido quien pueda ocupar el lugar de Chávez. Candidatos cándidos han sido menoscabados por el líder, tan dado a golpear el clavo que sobresale.

Por eso la permanencia del enfermo en La Habana resulta peligrosa. El hombre salta de la isla al país y del país a la isla, sin aviso ni protesto. Le habían recomendado llevar una vida más pausada y calma y cordura. Cumple a medias. Necesita conjurar un stress inmune al café.

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Pero nada. Lo sacaron de su lecho de enfermo –o así dicen- para traerlo cual fontanero de una crisis que brincaba como un saltamontes. Nadie podía vencerla, ni pudo él, pero, en su impotencia, dejó las cosas de ese tamaño: ratificó gabinete y alto mando. Algunos quedaron  rumiando su amarga rabia interior.

Lo pusieron a figurar en actos públicos en los que dejó constancia de su fatiga. ¿Afectó aquello su salud? Probablemente, si recordamos que anunció el comienzo de su quimioterapia. Los zamuros se agitaron otra vez, las costuras amenazaron con abrirse nuevamente. Y el chavismo de base, que pone los votos y cree cándidamente lo que le venden, se alarmó: ¿le estaban mintiendo y el futuro no era tan apacible como le aseguraban? Curiosamente, la única gente que no participó en esta fiesta diabólica fue la oposición; no sacó mezquinas cuentas ni se desmelenó. Le deseó recuperación al presidente y mantuvo la unidad y el camino electoral, que deberán darle la victoria en 2012. Por esta vez no ha sido cándida.

Vuelta a la tierra de Castro. Los líderes del proceso, expectantes. ¿Se habría agravado el enfermo? Entraron de nuevo otros cándidos a ponerle sordina a los temores. El cáncer, aseguró el principal de ellos, está encapsulado, no hay metástasis, en fin: ni siquiera es cáncer. ¿Bueno, y por qué le están aplicando quimioterapia en Cuba?

Sin darse por aludido, el presidente aseguró que fue curado por sus amados médicos cubanos: ya no hay metástasis. Presionado por su entorno, agregó: “pese al cáncer seré candidato a la reelección”. ¿En qué quedamos entonces: es cáncer o no lo es? Viajará para una segunda sesión de quimioterapia y de esa manera nos deja más confundidos. Y si eso pasa con la disidencia cómo estarán de agitadas las aguas en el gobierno

Por lo pronto, el oficialismo trabaja con lo que tiene a mano. El presidente dice que será candidato y por ende hay que hacer del cáncer una fiesta que rinda réditos políticos. A falta de obras, el programa electoral para la reelección, luego de tantas promesas incumplidas o por incumplir, será una enfermedad intimidante que el grande hombre enfrenta por amor a la silla….. digo, al pueblo. Ya no habla de “patria, socialismo o muerte”. A tan buen amigo de las ciencias ocultas, le resultará venenoso mencionar la Parca.

A una sola voz, sus ilustres seguidores claman ahora por la vida. Ya no más el tonito provocador para enrostrarle al país la célebre contraseña “socialismo o muerte”.

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Desde las montañas guerrilleras de Las Segovias, Sandino acuñó el lema de “vencer o morir”. En su bandera rojinegra figuraban la calavera y tibias de los piratas. Lejos de temer a la muerte, la provocaba. Chávez no es Sandino.

Tampoco es Allende. La Comisión de la Verdad chilena ha probado que don Salvador se suicidó para no rendirse. El de aquí –más práctico- se rindió para no suicidarse. No es Sandino, no es Allende, no es Fidel. Es Chávez, le disgusta la muerte y tiende a descontrolarse, lo que puede ser determinante para lo que viene en Venezuela.

Hablemos de escenarios. De dos posibles:

El primero: el Presidente supera sus dolencias y vuelve lleno de vida. Será el mejor candidato del oficialismo porque es el único popular. Su precario proceso podría no zozobrar si él fuera el abanderado.

El segundo: el Presidente queda parcialmente inhabilitado, su fuerza de contención será menor, su presencia no será avasallante y la unidad será más precaria aún.

La disidencia tiene un único escenario. Sea que enfrente a un presidente física y mentalmente intacto o a un hombre relativamente menoscabado, la estrategia, el programa y el candidato no variarán. En la borrasca intensificada de Venezuela, será ella el único punto estable, el único puerto de llegada.

Dicho sea, sin Cándido ni su tutor el doctor Pangloss

 

 

 
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