CARACAS VIEJA

Manuel Felipe Sierra

FÁBULA COTIDIANA
MANUEL FELIPE SIERRA
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@manuelfsierra

En los años cincuenta Billo Frómeta escribió “Caracas Vieja”, un bolero nostálgico de la ciudad de  “los techos rojos”. Por esos días, el pasodoble “Bella Caracas” de Johnny Quiroz servía de credencial al visitante de la naciente metrópoli. El tema era interpretado por Alfredo Sadel, Héctor Murga y el “Indio Araucano”, un cantante chileno con atuendo indígena que castigaba el tambor en el “Show de las Doce” de Víctor Saume. Y es que los 444 años de la fundación de la capital que se recuerdan esta semana, podrían contarse también a través de bailes, retretas y las más diversas expresiones musicales.

Centro Simón Bolívar, construido en los años ‘50

Un proyecto de esta naturaleza es acometido con éxito por Eleazar López Contreras en el libro “Estampas Musicales de Caracas”, una edición limitada y que pronto estará en manos del gran público. Desde hace varios años, López mantiene columnas en distintas publicaciones sobre costumbres, anécdotas y episodios de la vida caraqueña. El cronista es además compositor y promotor cultural y dirigió en los años sesenta junto con Aldemaro Romero, la prestigiosa colección del “Circulo Musical”.

La historia se remonta desde las óperas y zarzuelas del Teatro Caracas fundado en 1854 hasta los años ochenta del siglo XX con la Onda Nueva ya declinante, y el repertorio urbano  de Illan Chester y Yordano. “De ahí en adelante no puede hablarse de ritmos ni propuestas melódicas asociadas culturalmente a la ciudad”, sostiene López. En el libro se rescata la tradición de las retretas en la Plaza Bolívar de Caracas que se trasladó luego como una  ceremonia a las plazas venezolanas como el remate del descanso dominical.

La tradicional Banda Marcial de Caracas fue creada en 1864 mediante decreto del Mariscal Juan Crisóstomo Falcón. El caudillo federal gustaba de la música  y de la poesía, y en su refugio de la Península de Paraguaná solía escribir versos; pero además era aficionado al dominó, tanto que impuso el juego como un medio de “hacer política”. Las retretas popularizaron la música nacional y extranjera y eran un activo medio de comunicación cultural y social. El cronista W.E. Curtís escribía en 1895 para Harper’s de New York: “Unas viejecitas sirven allí sillas que se pueden alquilar por unos pocos centavos, y muchachos de voz chillona pregonan cervezas, bebidas frías, helados, dulces y otras chucherías durante los intermedios. Aquí en estas buenas noches, como se les llama, se congrega en su mayor cantidad la gente de buen tono, los viejos a conversar y los jóvenes a flirtear”.

Antes de lo que se supone, en 1925 la cocaína debutó en Caracas en la voz de un modisto y transformista español  llamado Raymond Debray. Ataviado de mujer interpretaba un atrevido vals que hablaba de traición, despecho y puñaladas. Debray hacia gestos y mimos con su chal en el mejor estilo de las cupletistas de la época , y cantaba: “viva el champagne / que da el placer/ quiero reír / quiero beber /  mi juventud ya declina / dadme a probar la cocaína”. El doctor Luis Razetti que promovía una cruzada contra el alcohol declaró ante la conmoción provocada por el personaje: “eso es una abierta incitación al consumo de drogas, de lo cual este pobre país se ha salvado hasta ahora”; e indignado remató: “qué clase de ejemplo es ese, para colmo la cancioncita la canta un ave perdida”.

Carlos Gardel

Durante años la música caraqueña tuvo una expresión costumbrista en los llamados “cañoneros”, pequeños grupos de músicos que tocaban en las casas, amenizaban bautizos, santos y cualquier parranda. De las reuniones en la Plaza Mayor  pasaron a otros lugares de la ciudad y con los años, con la radio y el disco se hicieron famosos conjuntos como “Los Criollos” y “Antaños del Estadium” que recreaban valses y sobre todo merengues y pasodobles.

A partir de 1945 con la desaparición del viejo Silencio se produce un notable cambio en la vida capitalina. Se consolida y se amplía la radio, se abren cabarets y salas de fiesta y son contratados los más importantes artistas del momento. Pero todavía quedaba imborrable la huella dejada por la visita de Carlos Gardel en 1935. Un verdadero acontecimiento popular consagrado en el teatro por José Ignacio Cabrujas con su obra “El día que me quieras”. Gardel fue recibido de manera apoteósica en Caño Amarillo, complació a Gómez en Maracay con  el tango “Pobre Gallo Bataraz”, siguió a Maracaibo y a los días murió en un trágico accidente aéreo en Medellín. Aquiles Nazoa escribió sobre lo ocurrido en 1935: “fue muy triste el año aquel/ en junio como se sabe/ en un accidente grave/ se mató Carlos Gardel/ más no todo es desengaño/ detrás de un mal siempre hay un bien/ en diciembre de aquel año/ se murió Gómez también.”

Los años cincuenta convertirían a Caracas en la capital del espectáculo latinoamericano. López Contreras hace un breve repaso : “Los 50 comenzaron con el indio Figueredo que le abrió las puertas a lo criollo; Los Chavales de España; el novísimo mambo de Pérez Prado; el bigotudo Bienvenido Granda; Pedro Vargas; Daniel Santos; Bobby Capó; Benny Moré; Olga Guillot; Celia Cruz; la Orquesta Aragón y pare usted de contar”. Por supuesto, habría que añadir el nacimiento de la televisión; los domingos del Coney Island, las noches del Pasapoga, los carnavales del Hotel Ávila, y el fraternal duelo melódico entre Alfredo Sadel y Lucho Gatica en La Concha Acústica de Bello Monte. De aquellos días también quedan memorables recuerdos.

 En 1951 la sensacional bailarina Tongolele se presentó en el cabaret Plaza de El  Paraíso. Al comenzar el espectáculo, un conocido caballero de la sociedad  recién  salido de la cárcel del Obispo  por hablar mal del gobierno, se levantó de la mesa, tiró el vaso de whisky contra el suelo y gritó: “abajo Pérez Jiménez”. El tumbador cortó el ritmo y  la Tongolele salió disparada al camerino.

 
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