DISFEMISMO, EUFEMISMO

Prólogo

Al leer de la pluma de Elizabeth Burgos (ver páginas centrales), las evidencias que confirman que Salvador Allende en efecto se suicidó, y de la misma pluma conocer también la versión que dio a conocer Fidel Castro, con el acompañamiento dramático de Gabriel García Márquez, de la muerte del Presidente chileno, no debe extrañarnos que Hugo Chávez haya decidido afirmar que El Libertador no murió de las causas que en su momento su médico señaló.

La Revolución, como afirma la antropóloga venezolana, hoy residente en París, quien en su momento frecuentara el círculo íntimo de los Allende, necesita fabricar realidades que “se adapten a su imaginario personal de la Historia…. Los testimonios de los testigos presenciales del suicidio (de Salvador Allende) fueron apartados… porque Fidel Castro requería un héroe y una víctima, ambos en una sola persona: Allende.”

Siguiendo el guión de Fidel, nuestro Presidente, quien aún no ha comprendido que ‘segundas partes nunca fueron buenas’, insiste – con aún mayor audacia, en tratándose de Simón Bolívar y de un hecho acontecido hace doscientos años- que El Libertador además de héroe, fue – como Allende- víctima de sus enemigos.

Mientras esperamos conocer de Fidel la identidad exacta de quienes conspiraron para introducir un cáncer feroz en el organismo de nuestro primer mandatario, los invitamos a leer esta interesante crónica sobre eufemismos y difemismos, parientes modernos de los panegíricos y vituperaciones de tiempos pasados, unos y otros, tal parece, amigos entrañables de la Revolución.

FÉLIX R. CHACÓN
frcint@yahoo.com

Disfemismo se define como el acto de nombrar una realidad a través de una expresión peyorativa o con intención de rebajarla de categoría. Se puede decir que es llamar las cosas por su nombre o exponer más descarnadamente, a veces con displicencia e intención. Mientras que eufemismo es lo contrario, es la palabra o idea edulcorada.

El eufemismo está de moda en el mundo de lo políticamente correcto. También en el del discurso politiquero y manipulador, el que trata de ocultar realidades.

Con el disfemismo exponemos. Con el eufemismo podemos embellecer lo dicho encubriendo la realidad.

En Venezuela el Gobierno y sus funcionarios son muy dados a los eufemismos, y muy sensibles a los disfemismos a pesar de que les encanta usarlos con el contrario.

Por ejemplo, recientemente el VP en relación a la grave crisis eléctrica, usó la palabra contribución para sustituir penalidad, multa, castigo, y aumento tarifario, pensando que los usuarios son gafos. Busque usted un mejor disfemismo para gafo.

Desde hace ya tiempo el Presidente prefirió dignificado, a damnificado (dañado, perjudicado, que ha sufrido una tragedia colectiva). Pero dignificado no representa de lo que la persona sufre, ni la mejora en modo alguno en su nueva condición.

A los reclusos, presos, reos, procesados, a propósito, todas palabras técnico-jurídicas, se les conoce ahora como privados de libertad, como los llamó el ministro en El Rodeo, a pesar de que lo sucedido sugería otras calificaciones más acordes con la magnitud y gravedad de los hechos.

A la gente no la ponen presa o detienen, la retienen. Los alimentos no estaban podridos sino no conformes. A los presos los rescataron no los capturaron. Por decirnos afrodescendientes debemos pensar que no nos han robado el futuro. A los conserjes se les dice trabajadores residenciales, aunque ese cambio hará que muchos se queden sin conserjerías. Ya no hay prostitución sino trabajo sexual. Los buhoneros ahora son trabajadores informales, pero los quitaron de donde se desempeñaban como tal. Ya no hay presos políticos sino políticos presos. No hay ajusticiamiento policial, sólo ajuste de cuentas y enfrentamientos. ¿A los transformistas les dirán transformers?

De seguro no les importará decir que el comisario Forero sufre de una contradicción, cáncer benigno.

A “Oriente” no lo dejaron escapar, hizo un acto de prestidigitación.

Si bien es cierto que ambas figuras disfemismo y eufemismo tienen su lugar y utilidad en la lengua española, como en todo, no debe abusarse de ellas, y en especial del eufemismo. Y los menos indicados para hacerlo, son los gobiernos en las figuras de sus funcionarios, porque pueden someterse al escarnio público, digo, a la sobreexposición mediática.

PD. Allende – según líder de la revolución cubana- no se suicidó, murió fusil en mano, enfrentándose heroicamente al ejército chileno en el Palacio de la Moneda. El fusil le había sido regalado por Fidel.

Versión editada

 
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