UN PAIS QUE SE VA Y OTRO QUE YA VIENE *

Carlos Blanco

Si esta hipótesis fuese correcta, las fuerzas democráticas tendrían que empujar la transición desde este instante e incluir el venidero evento electoral dentro de esta transición.

CARLOS BLANCO
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El inicio de la liberación de los presos políticos es un cambio esencial. Puede significar un elemento de descompresión de la podrida situación política. La pregunta significativa es por qué lo que ha sido un reclamo persistente de la sociedad democrática es ahora, en el marco de la enfermedad presidencial, cuando se produce. Una respuesta es que Chávez, en presencia de los amagos de la pelona, ha reflexionado y visto en su propia carne la enfermedad, la finitud posible, así como el sufrimiento de familiares y amigos, algunos pocos de los cuales podrían ser verdaderos. Esto es posible, pero hay más.

CHÁVEZ Y LA ETERNIDAD. La muerte es una teoría general hasta que se pasea, de madrugada, por los corredores de la casa de uno. La mayoría de los seres humanos la vive como los astrónomos experimentan la convicción de que el sol se extinguirá (claro, dentro de unos 5.000 millones de años), momento en el que no quedará ni una brizna de paja en el viento de lo que esta humanidad contemporánea es y ha sido. La muerte es una certeza que sólo toca cuando se va alguien de nuestra piel y sangre o en situaciones de grave enfermedad, la más típica de las cuales en esta época es el cáncer.

En el caso de los autócratas no sólo hay la vaguedad con respecto a la muerte, común a los seres humanos, sino que existe la de los encumbrados que se piensan, aunque sea de modo provisional, eternos. Es de imaginarse los planes que el personaje habrá hecho no sólo para el año que viene sino para 2021 y 2031 y más allá, cuando una mítica hamaca lo espere en Elorza para contarles a nietos y a bisnietos cómo derribó al Tío Sam con su ejército de milicianos, de qué manera recuperó La Goajira, Curazao, Aruba, Bonaire y la Guayana Esequiba para Venezuela, y de cómo sus fuerzas navales revolucionarias habrían derrotado la Armada Invencible y hecho que el antiguo imperio español pidiera cacao. Esta eternidad también es alimentada por los especialistas de la lisonja que siempre, al mirar a Chávez, le dicen “Caramba, Comandante-Presidente, usted no nos puede dejar antes de 2050, usted es el Bolívar de este siglo… “

Ahora esos planes no existen porque al margen de la gravedad del mal presidencial el vencimiento está presente. Se le ha hecho obvio al enfermo y se le ha hecho ostensible a los que pretendían vivir de su eternidad. Ya no hay “patria o muerte” porque parece que en ese dilema en el que la patria parecía segura opción, ahora la muerte lo domina con su carcajada silenciosa llena de largos dientes blancos. Hasta badulaques como el comentarista del encuentro de fútbol reciente cambiaron; éste repetía “viviremos y venceremos”, como contraseña de los iniciados para espantar la locura instalada en el ADN bolivariano.

EL PRESIDENTE SE HA VUELTO UN LIDER PRECARIO. Basta saber que hay doctores, generales y capitanes de empresa de la volada roja que andan en trámites centroamericanos o europeos para poner una patica extramuros no sea que las campanas también comiencen a doblar por ellos. Es esta precariedad la que impide el mismo tipo de ejercicio del poder que hasta hace pocas semanas Chávez podía ejercer. Compárese si no, el verbo presidencial, que ha sido instrumento de Gobierno por excelencia, con el verbo pastoso, desarreglado, de Jaua quien bajo la influencia de emociones inescrutables no podía articular un discurso en los juegos de la ALBA; la boca no le obedecía al cerebro, como si se hubiera insubordinado.

Puede que Chávez se haya compadecido de los presos políticos y visto en su sufrimiento personal lo que otros seres humanos han vivido por efecto directo de su odio. Tal vez ese diálogo, que todo el que padezca cáncer tiene con su propia vida, lo haya humanizado; pero más allá está el que este Gobierno no parece poder sostener indefinidamente el curso que traía. Aprueban leyes “socialistas”, siguen con sus amenazas los del segundo nivel, los diputados más alucinados continúan como si tal cosa, pero ya nada suena igual; los hechos parecen tener más el sabor del rezongo lastimero que el de la convicción en la redención bolivariana. Del discurso desapareció la patria, ahora queda clamar por la salud del enfermo. De lo que iba a ser una epopeya histórica se pasó a una proeza personal. De lo épico a lo médico. Del combate al imperialismo al combate al cáncer. De la rodilla en tierra a la rodilla lastimada. Del terror al tumor. De Júpiter estentóreo a un modoso señor con espejuelos, que si ayer apeló a monseñor Baltazar Porras ahora apela a monseñor Mario Moronta, la misma jerarquía, los mismos diablos con sotana. El hombre que se da cuenta de su caducidad apela a la eternidad de la Iglesia. ¡Qué ironías brindan los superhombres, incluido el de Zaratustra, ante la kriptonita!

LA DIRECCIÓN DEL CAMBIO. La descompresión política tiene componentes emocionales para Chávez pero también políticos, muy racionales. No hay otro líder que tenga la capacidad de mantener su nivel de estridencia y agitación, elementos esenciales de eso que se puede llamar gobierno para no entrar en más precisiones. Obsérvese que para la liberación de presos -parcial, hasta la fecha- Chávez no ha tenido pudor en darles una orden a su Fiscal y su Magistrada, y las misias han procedido a exhibir al descampado su sumisión.

Esta situación es parte de la transición porque lo distancia a él de las ejecutorias perversas de sus subordinados, crímenes que él ordenó en otros momentos de gloria, como el apresamiento de decenas de ciudadanos decentes por razones políticas.

Hay quienes dentro del chavismo entienden que hay que empezar a tender puentes, no para cruzarlos sino para enviar señales. Surge la pregunta sobre lo que es posible y hasta dónde. El régimen no se propone dejar de ser autoritario, tampoco se plantea abandonar el socialismo tocado de oídas, que produce -¡oh, sorpresa!- capitalismo salvaje, no; lo que acontece es que no tiene el mismo pulmón para seguir a paso de ganso. Ya venía dañado antes de la enfermedad, ahora mucho más.

Si esta hipótesis fuese correcta, las fuerzas democráticas tendrían que empujar la transición desde este instante e incluir el venidero evento electoral dentro de esta transición. Esto significaría un programa de cambios no sólo para cuando la oposición eventualmente sea gobierno sino para ya, para este instante en que la situación se ha descongelado por obra de muchos factores, entre otros el “(del) dios de las pequeñas cosas”, como se titula la fascinante novela de Arundhati Roy.

Para lograr una transición creíble hay dos principios básicos: el chavismo no va a ser una fuerza hegemónica más nunca, sólo un factor político más; la oposición ni puede ni debe plantearse un horizonte que implique la destrucción de lo que hoy es el chavismo. A partir de allí el llegadero todavía está lejos pero visible.

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* Titulo original: UN PAÍS SE VA, OTRO VIENE

 
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