Apariencias que engañan

JESÚS HERAS –

Chávez parece disfrutar tanto del cáncer que lo ha invadido que comienza a sospecharse que todo ha sido un ardid. Realmente no lo creo. Además, con esa enfermedad, las apariencias engañan. Pero cualquiera sea el caso, nadie podrá negar que el cáncer le cayó al Presidente como anillo al dedo.

Nuevamente ha logrado copar titulares nacionales y extranjeros, y se le ve energizado al percibir que la gente ha vuelto a pensar en él y no su pésimo gobierno.

Mientras Chávez se regodea de su recién adquirida celebridad (se viste de amarillo para que le dé suerte, se corta al rape para recordarnos que no tiene un pelo de tonto, y habla de vida y futuro, y no de socialismo o muerte) el país realmente no sabe que creer.

A lo interior del Proceso reina el mayor desconcierto porque la actitud que ha asumido o, lo que es igual, su actuación frente a la grave enfermedad, impide preparar la sucesión, allí donde en tenso nudo se entrelazan incertidumbres, temores y ambiciones.

En el terreno opositor ocurre algo similar. En la MUD se ha logrado coincidir en la idea de la “Tarjeta de la Unidad”, una decisión trascendente porque de celebrarse la elección, contribuirá a despartidizar la votación. Pero queda en el aire la incógnita. ¿Habrá en verdad elección presidencial? ¿Se celebrarán comicios si el candidato oficialista – lo que es muy probable- no está en capacidad de competir? ¿Estará la Mesa montando la escena para elegir candidatos para una elección que nunca ocurrirá?

Moviéndonos a tientas entre espejismos, e incapaces de separar su reflejo de la realidad, nos viene a la mente la muerte de Narciso y la confusión de las ninfas que lo vinieron a llorar. Recojamos el texto de ese gran dramaturgo y poeta que fue Oscar Wilde.

“Cuando murió Narciso, el remanso de su placer se trocó de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, y llegaron llorando a través de los bosques las ninfas de las montañas, para consolar al remanso con su canto.

Y cuando vieron que el remanso se había trocado de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, soltaron las verdes trenzas de sus cabellos y gritando al remanso le dijeron:

-No nos sorprende que hagas un duelo tal por Narciso, tan hermoso como era.

-¿Era hermoso Narciso? -dijo el remanso.

-¿Quién había de saberlo mejor que tú? -respondieron las ninfas-. A nosotras siempre nos desdeñaba, pero a ti te cortejaba, y solía recostarse en tus orillas e inclinarse a mirarte, y en el espejo de tus aguas reflejaba gustoso su belleza.

Y el remanso respondió:

-Pero yo amaba a Narciso porque, cuando recostado en mis orillas se inclinaba a mirarme, en el espejo de sus ojos veía mi propia belleza reflejada.”

Hay apariencias que engañan. Los dos tenían la misma enfermedad.

 
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