La Emboscada y los Emboscados *

Carlos Ochoa


Chávez trata  de revertir lo inevitable con un nuevo conector discursivo que utiliza el nosotros en futuro, pero se percibe que el “viviremos y venceremos” del nuevo lema se refiere más a su enfermedad  y no a su ambicioso proyecto político.

Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com

La sociedad actual produce tantas rupturas de imaginarios como relatos posibles se entretejen en la compleja mente colectiva. Esto es posible gracias a que las experiencias son vividas  en mayor medida a través de los medios comunicacionales. La cultura masiva es desechable, y por eso las conexiones simbólicas, emocionales y hasta religiosas que se logran más mediáticamente no son permanentes. La inconsistencia de los mitos y de los héroes de la política contemporánea se  debe a que en la mayoría de los casos carecen de una épica propia, y tienen necesariamente que tomar en préstamo la de otro para adaptarla a su relato, corriendo el riesgo de quedarse desnudos en el camino.

El manejo informativo inadecuado de la  enfermedad de Hugo Chávez ha producido una ruptura del relato épico prestado del comandante en el imaginario chavista, que es impredecible de analizar por completo en este momento. El mito de su inagotable vigor se ha convertido en debilidad, y esta condición para quienes lo perciben como un héroe marca el camino de la desgracia. No es posible mutar la identidad de la noche a la mañana, sin importar cuantos millones se inviertan en publicidad.

El resultado más inmediato de la caída del héroe es la pérdida de credibilidad en sus propias filas.    La percepción de fragilidad que transmite el líder con su enfermedad, hace imposible traficar con la necesidad de  la gente que espera soluciones mesiánicas. Esta ruptura no sólo significa pérdida de apoyo al líder, sino también a su proyecto, vale decir que sin Chávez, el socialismo del siglo XXI es poco menos que un nada discursivo.

 El mensaje que tejió la conexión emocional primaria con el colectivo de 1992, comienza a ser percibido ahora como vacío, distante,  decir que un padecimiento de salud por muy grave que este sea, es “una emboscada de la vida”, para quien ha pretendido ser el constructor de una “nueva sociedad y de un hombre nuevo” es patético.  Los verdaderos emboscados somos los venezolanos que sufrimos la ineficacia colosal de este gobierno en materia de seguridad, construcción de viviendas, mantenimiento de carreteras, servicio eléctrico, desabastecimiento y un largo etcétera que esperamos rectificar a partir del relevo presidencial de 2012.

La angustia de la muerte en Chávez genera el cuestionamiento de su relato, y ya comienza a erosionarse  la imagen de caudillo eterno que en el imaginario popular ha intentado construir  para permanecer indefinidamente en el poder, instruido por Fidel Castro, a quien se le podrá acusar de todo menos de torpe.

 Chávez trata  de revertir lo inevitable con un nuevo conector discursivo que utiliza el nosotros en futuro, pero se percibe que el “viviremos y venceremos” del nuevo lema se refiere más a su enfermedad  y no a su ambicioso proyecto político.

Hasta la camisa roja la cambió por una de amarillo para la suerte, pero está contra las cuerdas recibiendo castigo… y por ahora es poco lo que puede hacer, salvo esperar que la temida Parca no lo noquee.



* Título original: Los emboscados somos nosotros

 
Carlos OchoaCarlos Ochoa
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