Tiempo vinotinto, tiempo de amnistía

Vladimir Villegas

VLADIMIR VILLEGAS

El presidente Hugo Chávez tiene en sus manos la llave que abriría la puerta a la reconciliación nacional y al reencuentro de los venezolanos, en medio del espíritu de unidad que ha generado la maravillosa actuación de la selección Vinotinto en la recién finalizada Copa América.

Ese espíritu vinotinto ha coincidido con algunas reflexiones y acciones del Presidente que hacen pensar en que sí es posible superar la terrible división que hoy sabotea cualquier posibilidad de que nuestra sociedad resuelva sus problemas con el concurso de todos, independientemente de la ideología que cada quien defienda.

Que el jefe del Estado exhorte al TSJ y a otros poderes públicos a facilitar que los presos por razones políticas que están padeciendo serios problemas de salud puedan salir en libertad, no es cualquier cosa.

Es la mejor señal de que no es descabellado pensar en una amplísima amnistía general que para nada debilitaría al Gobierno, y daría al país una bocanada de optimismo.

Ese paso ya se ha dado en otros momentos políticos en Venezuela. Uno de los más recientes, por cierto, le permitió al entonces preso político Hugo Chávez salir en libertad y recorrer el país para promover su movimiento y sus ideas, aunque en medio de persecuciones y hostigamiento, es verdad que me consta.

Seguir insistiendo en que en Venezuela hay políticos presos pero no presos políticos no puede ser la respuesta al clamor por la amnistía que ha tomado fuerza y aliento a propósito de la decisión presidencial de exhortar a los poderes, particularmente al Judicial, a hacer lo que han debido hace rato, promover las decisiones de carácter humanitario para que un buen número de presos se someta en libertad a los tratamientos médicos que hasta ahora se les había negado.

El debate sobre la independencia de los poderes públicos tiene más sentido que nunca en este momento, porque es más que evidente que estas instituciones del Estado actúan sólo cuando el Presidente los activa. Así que cualquier medida de gracia, cualquier iniciativa de reconciliación nacional o de amnistía sólo tendrá alguna perspectiva de concretarse si viene con el visto bueno de Hugo Chávez. Lo demás es retórica para justificar lo injustificable en una democracia, que los poderes esperan una señal para actuar.

En Aporrea acabo de leer una artículo del buen amigo Edwin Zambrano, militante del PSUV en el estado Bolívar, en el cual se recogen las preocupaciones que desde el lado del chavismo están floreciendo por esta carencia de autonomía de poderes que padecemos en Venezuela, y que ya comienza a incomodar también a quienes militan en las filas del proceso.

Dice Zambrano que “el camarada Chávez se ha convertido en una especie de monarca cuyos deseos y opiniones pasan a ser órdenes inexorables, sin posibilidad de discusión alguna y, por supuesto, sin objeción”. Y de paso critica que ni los tribunales, ni la Fiscalía ni la Defensoría hayan hecho nada para dictar o promover medidas sustitutivas de la prisión por razones humanitarias.

Además, cuestiona que “todas las acciones y decisiones del Presidente son justificadas por otros poderes en actos de solidaridad automática, que ponen en escandalosa evidencia la ausencia de autonomía, echando por tierra buena parte de la teoría política que sostiene el proyecto de transformación y colocando en ridículo a la Constitución”.

Lea a Zambrano, señor Presidente, y siga reflexionando.

 
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