Una deuda interminable

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial.
Luis Cisneros Cróquer

nirguayork48@hotmail.com

La paradoja que salta a la vista en un país que recibe este año 100 dólares por cada barril de petróleo que vende a su principal comprador, una cifra histórica, presenta solamente 100 millones de dólares de inversión extranjera mientras en el mismo lapso escaparon de Venezuela más de cuatro mil millones de dólares. Todo ello como resultado de la política de golpear la inversión privada. Y por esa razón, por tener que importar el 80 por ciento de lo que consumimos, a precios internacionales, y por entregar a países amigos exuberantes sumas de moneda verde, no alcanza todo lo que ingresa y el endeudamiento corre.

La más reciente subasta de dólares con intereses muy altos, coloca a Venezuela con deudas hasta el año 2031; y mientras el precio del petróleo se mantenga a los niveles de ahora, continuará la confianza en los mercados internacionales. Grave sería que se derrumbaran economías de los países desarrollados y ello hiciera descender el precio del llamado “oro negro” y entonces si que estaríamos apretados para responder por el valor de esos bonos, que algunos llaman ya “monos” y forman parte a futuro de la gran deuda nacional.

Me pongo a pensar lo que le va a tocar a mis nietos si llegare a presentarse una caída de esos precios y nos quedamos sin dólares para importar comida, sin agricultura ni ganadería propia, sin empresas para producir bienes y empresas sin ofrecer servicios.

De otra parte, con fósforo en las prisiones y la criminalidad desbocada, el hampa se ha convertido en contrincante armado frente a las policías y la Guardia Nacional, y el escenario es el de una guerra civil, con las morgues atestadas de cadáveres y el reguero de lágrimas de los familiares de las víctimas.

Agreguemos a esta lista asesinatos en el medio sindical, la dictadura política y la corrupción en tribunales y fiscalías, esto denunciado por el asambleísta Carlos Escarrá. Y algo adicional, que es bastante: el sector eléctrico en el suelo, los hospitales en terapia intensiva; los gremios insatisfechos; la nomenclatura oficial  llena de dólares y los de abajo en franca “peladera”.

Eso es lo que me preocupa y a la edad que tengo, solo queda rogar a Dios para que nos ayude a despejar este oscuro panorama y el incierto futuro que espera a los nietos.

Como suele decir Oscar Yanes, “Así son las Cosas”.

 

 
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