VARAPALO

Américo Martin

Desde la Cima del Ávila
Américo Martín

amermart@yahoo.com

@AmericoMartin

“La autocracia se ha legitimado constitucionalmente en Latinoamérica en muchos casos y en distintas épocas”
Dieter Nohlen

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Derrotada la lucha armada de los años 1960 y siguientes, comenzó la euforia electoral. Cuba, que desdeñaba la institución del sufragio, cambió de política después de la muerte del Che en las montañas de Ñancahuasu. El viaje de las balas a los votos fue de vértigo. En La Habana, Plaza de la Revolución, el caudillo había hecho aprobar a brazo alzado dos célebres Declaraciones. En la segunda de ellas, febrero 1962,  consagraba la lucha guerrillera  como vía exclusiva de una revolución digna de ese nombre. La clave sería “la lucha de reducidos núcleos de combatientes” ¿Y las elecciones? “son ilusas, vanas y acomodaticias”, porque las fórmulas legales “no existen ni existirán”

Fidel, Raúl y el Che.

Fidel, Raúl y el Che.

Vanas palabras que, sin ruborizarse, recogerá en Venezuela (2000)

El ímpetu de aquel personaje tan brillante como fanático, tan dedicado como violento, abrió una zanja profunda en el universo de lo establecido. Se rompió la unidad de comunistas, socialistas, socialdemócratas, democristianos y confesiones religiosas. El fidelismo lideró semejante sacudimiento, convirtiéndose en la corriente dominante de la izquierda. Surgieron guerrillas rurales y urbanas en Centroamérica, Venezuela, Perú, Bolivia, Chile, Argentina. Desde 1948 reinaba en Colombia la violencia armada de las autodefensas campesinas, que en 1964 tomaron el nombre de FARC bajo la inspiración del iluminado de Cuba.

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Una cadena de victorias electorales, iniciada con la de Hugo Chávez, pareció santificar el viraje proto-legal protagonizado por varias corrientes autodenominadas de izquierda, y las califico de esa manera porque si sus diferencias eran ya notables, con el ejercicio del poder se profundizaron mucho más, al punto de constituirse en modelos diferenciados y en gran medida enfrentados. Las referencias al uso fueron dos: Lula y Chávez; democracia, integración regional no ideologizada y abierta al mundo con base en el provecho económico, versus autocracia e integración política para el conflicto final con el sistema capitalista mundial.

Pues bien, es ampliamente conocido que países de diferente signo ideológico acogieron el modelo brasileño y otros, atraídos adicionalmente por la fuerza financiera  de Chávez, ingresaron en la Alba. El triunfo de aquel fue contundente. Para no ser confundida con el modelo venezolano, hasta la izquierda revolucionaria se distancia de la Alba y asume el exitoso ejemplo brasileño

¿Cómo se refleja esa soterrada turbulencia en las confrontaciones electorales de 2011 y 12?

El contexto ha cambiado. Se aprecia un importante crecimiento económico regional, del cual y no por casualidad queda excluida Venezuela, no obstante recibir fabulosos ingresos fiscales y de divisas. El incremento del PIB venezolano será muy precario, después de dos años consecutivos de crecimiento negativo. El desempeño chavista es tan pobre que las simpatías algunas vez radiantes despertadas por el sedicente socialismo bolivariano, se han desvanecido en forma impresionante. Se expande el deseo de no encontrarse más de lo necesario con el presidente Chávez, ni de ser percibido como seguidor suyo. La victoria de Humala lo evidencia a gritos.

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Se supone que Daniel Ortega será reelegido. Un sondeo de Consultores M&R le asignó 47% en julio y las presidenciales serán en noviembre. En cambio en Guatemala debe producirse un viraje a la centro-derecha con la probable victoria en septiembre del general ® Pérez Molina. También debe repetir Cristina Kirschner en octubre, aunque dos derrotas muy costosas del kirschnerismo en las grandes provincias de Santa Fe y Buenos Aires, le suministran aliento al centroderechista Mauricio Macri, en posible alianza con el pragmático peronista Eduardo Duhalde.

Mientras tanto en el Estado de México, el más emblemático del país, el PRI logró una tremenda victoria que fortalece el regreso al poder el próximo año del partido fundado por Calles y Lázaro Cárdenas. Su nuevo líder es el joven Peña Nieto. La izquierda de López Obrador ha retrocedido sensiblemente y el zapatismo se ha desvanecido.

Daniel Ortega

Daniel Ortega con grandes posibilidades de ser reelegido

Se trata de resultados –buenos y malos- que cambian la dirección de los vientos y marcan el retroceso de la sedicente revolución bolivariana en el ánimo popular y mentideros internacionales.

            ¿Y en la propia Venezuela cómo se reflejan estos cambios? Las presidenciales serán en diciembre de 2012 o antes si por influjo del comandante lo decide el CNE, cuya sumisión es conocida. El país ostenta medallas de oro en inflación, delincuencia y estancamiento económico. Nadie nos quita el primer lugar en esos renglones. Pero tampoco en algo que es su consecuencia: el malestar general. Según informe del Clacso-Provea, el nuestro es “el país de las protestas sociales”. En ningún lugar del continente ocurre nada parecido.

            La crisis social contrarresta el efecto de los fabulosos ingresos proporcionados por el sostenido mercado alcista de petróleo. Y aunque siempre es difícil cuantificar el peso de lo político, la enfermedad del presidente ha incentivado las pugnas internas, ya con hondas raíces en el PSUV. Es un factor distorsionante cuyo desenlace podría cambiar sustancialmente la situación y por eso la oposición, que no juega al caos, desea la recuperación del presidente. Pero el gobierno, espantando rebullones, regatea información especializada y alienta la desconfianza en las reglas del juego.

            En contraste con la confusión oficialista, la oposición  ha robustecido su ascendiente. La unidad es el arma fundamental. Causa ansiedad, rabia y temor en el régimen, varios de cuyos dirigentes están reaccionando como canes apaleados.

            Un palo, un varapalo. A estas alturas del juego pocos hubieran imaginado que sería tan pero tan doloroso.

 

 

 
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