Efraín Girón, el último de los cinco hermanos toreros

ROSA JIMÉNEZ CANO

“Guardad los jamones, que vienen los Girones”, con esta voz daban el aviso en el Campo Charro los ganaderos. Comenzó como una broma y terminó siendo su mejor reclamo, como un símbolo de la ambición y superación personal. Los hermanos Girón: Freddy, Rafael, Curro, César y Efraín, el único que quedaba vivo y que falleció a finales del mes pasado, fueron la semilla de la dinastía taurina venezolana más conocida.

A finales de los años cincuenta, sobre todo, César, Curro y Efraín comenzaron a pasar el invierno en España, en la fría Salamanca -sobre todo en Gallegos de Argañán, en casa de la familia de los ganaderos Rodríguez Pacheco- para perfeccionar su técnica y mejorar su conocimiento de las reses. Allí todavía son innumerables las anécdotas que cuentan de estos hijos de albañil, procedentes de Maracay.

Efraín, menor de 12 hermanos, nació el 15 de diciembre de 1940. Siguiendo la estela de su hermano César, debutó con caballos en Valladolid en 1959, junto a Manuel Villalba y Antonio de Jesús. El 27 de junio de 1963 tomó la alternativa en una corrida de ocho toros en la Monumental de Barcelona. El padrino fue su hermano César Girón, con Fermín Murillo y Luis Segura, ejerciendo de testigos frente a toros de Emilio Ortuño y Conde de Ruiseñada. El día de su confirmación en Las Ventas fue el 12 de abril de 1964, con Miguel Mateo Miguelín y Limeño, ante astados de la divisa portuguesa de Coimbra.

22 años en los ruedos

Hizo temporada tanto española como americana hasta el año 1972. Después, se mantuvo en activo hasta 1981, aunque espaciando sus actuaciones y apareciendo únicamente en los ruedos venezolanos. Pasó entonces a engrosar las filas de los hombres de plata hasta entrar a formar parte del claustro de la Escuela Taurina Municipal Don Pedro Pineda de Maracay, del que fue miembro hasta su fallecimiento a causa de una afección en el páncreas.

 
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