Los reyes del arroz con pollo

Gustavo Linares Benzo


GUSTAVO LINARES BENZO
glinares@cjlegal.net 

 

– La libertad tiene un componente económico fundamental. Quien no puede ganarse la vida con independencia del Estado, o de un solo patrono omnipresente, debe vivir como esclavo – La condición humana depende de la rebeldía frente a cualquier poder, especialmente el del Estado

El miércoles hubo disturbios en Valencia, lucha a sangre y fuego entre fuerzas de choque chavistas y peticionarios ante la alcaldía. Más allá del origen del conflicto, se oyó al pasar frente al Teatro Municipal, al atravesar las barricadas oficialistas: “Yo estoy en la Misión Sucre, en la Robinson, voy a donde reparten comida, Mercal, y si tengo que afeitarme voy al Ince”. Esta declaración de principios, este resumen de la Venezuelan way of life, hizo reales los peores temores sobre el destino de estos acomodos que llevan doce años: la vida de la persona dependiendo hasta en los menores detalles de la munificencia oficial, la sumisión como regla, la libertad cancelada.

Quien profirió frase tan gráfica en modo alguno parecía indigente, ni era de la tercera edad ni mucho menos; en otras palabras, estaba en plena capacidad de ganarse la vida y seguramente era el caso. Es decir, porque sin saber nada de él todo sería especulación, se trataba de alguien entregado al asistencialismo público, pero del tipo universal y permanente que ha caracterizado la gestión de Chávez: quien entra en una misión no sale nunca, a lo más “asciende a otra y así por siempre, su vida no depende de sí mismo sino de la benevolencia el líder”.

La dignidad de un ser humano depende de su libertad, de tener su vida bajo su dominio, en cuya búsqueda se cifra la condición humana. Poner esas decisiones en manos del gobierno es renunciar a tal dignidad. Y a eso vamos, como ha hecho todo socialismo y seguirá haciendo cada vez que pretenda imponerse como proyecto social, prohibida toda diferencia, rebeldía o estilo de vida distinto. La libertad como lujo, como virus indeseable, todos iguales, todos reyes del arroz con pollo.

La libertad tiene un componente económico fundamental. Quien no puede ganarse la vida con independencia del Estado, o de un solo patrono omnipresente, del capitalista monopólico que también es posible, debe vivir como esclavo de esos poderes. Esa es una de las razones por las que toda sociedad libre, toda sociedad abierta como decía Popper, prohíbe y persigue los monopolios. Éstos no sólo castigan al consumidor, sino que terminan convirtiéndose en amos de los trabajadores, quienes no tienen la libertad de abandonar al jefe tirano. El peor de los monopolios es el del Estado, el socialismo, pues.

Peor si el Estado socialista satisface las necesidades con limosnas, si la vida se gana adulando, no trabajando, mucho peor. Peor para la dignidad de cada uno, para la dignidad de sus hijos, quienes se acostumbran al culto al líder o al partido, la vida está sujeta a fuerzas o caprichos sobre los que no se tiene influencia. La santería elevada a modelo político, la vida social dejada a fuerzas insondables, el panteón yoruba y sus luchas intestinas replicado en el arreglo ciudadano, donde el propio esfuerzo es incapaz de logro alguno.

Weber cifró el proyecto de la modernidad en acabar con toda dominación, pública o privada. Que el gobierno, las fuerzas del capital o los jefes ideológicos manden lo menos posible. Esa lucha por la libertad de todo poder no terminará nunca ni logrará paraísos en este valle de lágrimas. Pero la condición humana depende de la rebeldía frente a cualquier poder, especialmente el del Estado.

@eluniversal

 

 

 
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