OSCURA TENTACION *

Américo Martin

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
@AmericoMartin
amermart@yahoo.com 

 

1

            Dos de los más visibles uniformados a quienes el presidente les ha confiado la Fuerza Armada, no entienden ni soportan la democracia. Contemplan, seguramente horrorizados, la prefiguración en el horizonte de una derrota electoral. Han oído decir que la alternativa democrática considera que la transformación del país no niega sino más bien presupone la reunificación y reconciliación de nuestro atormentado pueblo. Saben que no alienta propósitos retaliativos, no prepara cacerías de presos de conciencia y no entiende el funcionamiento de la sociedad sino asociada inextricablemente al pluralismo y la convivencia de todas las expresiones del pensamiento.

            Saben todo eso y sin embargo contemplan espantados lo que el futuro les depare. Y es que por muy amplia y flexible que sea la futura democracia, no parece que tengan un lugar en ella esos dos generales y la microfracción que los acompaña. Para empezar no podrán formar parte de la FA los que no reconozcan el mandato del pueblo. Desconocer la voluntad popular es usurparla y los usurpadores –aparte de ser pasibles de acciones penales-  no caben en la noble institución armada

            Pero hay más. Alguno de esos generales, según entiendo, es sub judice, con medida cautelar de congelación de sus cuentas bancarias en EEUU. La culpabilidad no se presume ni la Constitución permite la extradición de nacionales reclamados por la justicia en otros países, pero tal vez el Ministerio Público se sienta obligado a pedir el expediente o reclamarlo. Se supone que para entonces los funcionarios del llamado Poder Moral, los magistrados del TSJ y los rectores del CNE no serán como los de ahora; serán probos, íntegros, independientes e indoblegables frente a las presiones.

2

            Estamos hablando de casos excepcionales, muy puntuales, señalados por un cúmulo indiciario que está a la vista de cualquiera. Porque es más que evidente que la gran mayoría de los integrantes de la FA aman su institución como lo que es: la fuerza en la que el país ha puesto su confianza para la defensa de la soberanía, la integridad del territorio y la preservación de la Constitución. Esos militares no militaristas saben que no pueden estar al servicio de un partido, una ideología o un líder, pues sus obligaciones son con el país y el pueblo, sin discriminaciones ideológicas ni de ningún otro tipo.

Pero dado que quemaron las naves a favor del continuismo a la buena o a la mala, se pusieron sin que nadie los empujara en la picota de la opinión pública, en el todo o nada. El problema es que el país está cambiando, la alternativa democrática se une y fortalece mientras la nave gubernamental hace aguas y el partido oficial se inflige dentelladas y heridas de pronóstico reservado. El 2012 se abre como abanico radiante para todos, incluidos los uniformados y la azotada ciudadanía. Un reencuentro fecundo. Ninguna persona honrada, sea del partido que fuere, esté a favor o en contra del presidente, puede temer a un futuro que les prodigará libertad, seguridad y prosperidad.

El peligro sin embargo subsiste. Para intentar una usurpación basta con un puñado de perversos colocados  en posiciones poderosas. Pueden intentarla, sí, pero tendrán un país en contra y una comunidad internacional hostil. Perderán y pagarán. Piénsenlo bien señores; les conviene guardar la compostura. Créanme, es lo mejor para la salud.

3

            El presidente ha salpicado el ambiente con palabras crípticas, que deja caer en cualquier momento. Nos hizo saber que la sedicente revolución no depende de las elecciones y que gobernará –si su salud se lo permite- hasta el 2031. Lleva 13 y, según esa cuenta, quiere gobernar tres períodos más, de seis años cada uno, en cuyo caso permanecerá aferrado al poder más tiempo que cualquiera de sus antecesores, desde 1830. Un par de rasgos caracterizan a los maniáticos que no supieron irse a su casa una vez cumplido el período constitucional. Todos ellos fueron militares, la mayoría narcisos sin remedio: los hermanos Monagas se turnaron durante 11 años, Antonio Guzmán Blanco duró 14, más unos cuatro como poder en la sombra; Cipriano Castro 8, porque lo tumbaron; Juan Vicente Gómez, 27; Pérez Jiménez 6 porque el pueblo lo echó en enero de 1958; y el de ahora, Hugo Chávez, quizá el más agobiante, el que se mete obsesivamente en nuestras casas. ¡Lleva 13 años y quiere permanecer 18 adicionales encadenado al sillón presidencial!

Mire amigo, eso no lo soportarán ni las sombras más cercanas a su afecto.

            ¿Por otra parte cómo llevaría adelante semejante despropósito? Por las elecciones no será puesto que, para empezar, su derrota en 2012 luce probable. En consecuencia, si la carta que lleva en la manga –y ojalá no guarde ninguna- es desconocerlas, el juego político cambiará radicalmente; posiblemente la situación se le vaya de las manos al presidente y también a la oposición. ¿Quién asumiría la responsabilidad del desastre que sobrevendría?

            De lo que sí estoy seguro sin pecar de candidez ni de panglossianismo, es de una cosa, una sola: la voluntad democrática de esta nación y la opinión internacional harán respetar el dictamen de las urnas; no van a tolerar que un puñado de exaltados se adueñe de Venezuela. Se sobrepondrían a las oscuras fuerzas de la maldad si estas se atrevieran a patear la mesa.

            Aparte de que si la unidad va a ser tan sólida como parece, más perdería el autor de la coz que quien la recibe.


* Título original: MILICOS

 
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