PAÍS ENFERMO

Antonio López Ortega

ANTONIO LÓPEZ ORTEGA

Sobre la enfermedad, cotidiana, se quiere pintar un país ilusorio, que sólo existe en el horizonte de un sueño

Hay momentos en que las noticias sólo remiten a una envolvente noción enfermiza. Todo está deteriorado, o descolocado, o en vías de extinción. Las protestas públicas crecen, los secuestros también, los apagones nos regresan a las tinieblas. No sólo son los hechos, más que palpables, sino la situación de cada quien, pasto en el que la amargura y la frustración doblegan los caracteres y pulverizan las buenas intenciones. Hasta el lenguaje se eriza, volviéndose vulgar u ofensivo. Irse a las manos parece un episodio cotidiano, pues según muchos los golpes dicen más que las palabras.

El maltrato de los funcionarios o de los que nos atienden en un negocio se inicia con los ceños fruncidos y termina con todo tipo de desplantes. Sufrir es la nota recurrente de padres y representantes: hijos abaleados, o heridos, o secuestrados para pedir expresos rescates millonarios. En el aeropuerto de Maiquetía los funcionarios se las arreglan para retrasar los vuelos a punta de requisas. Los sindicalistas de Guayana chillan de descontento, la señora de Maracay que sólo espera por su anunciada casa enjuga su llanto en las promesas incumplidas, los andinos viven más en la noche que en el día, tal será el régimen de racionamiento. ¿Quién puede admitir que las cosas van bien, o que mejoran, cuando los hechos muestran tanta ferocidad y abandono? Un país que sólo funciona en la propaganda desmedida que tapiza hasta los espacios más agrestes crea una capa (irreal) sobre otra capa (desahuciada). Y se diría que sobre la enfermedad, cotidiana, se quiere pintar un país ilusorio, que sólo existe en el horizonte de un sueño que nunca se hará realidad.

Ahora la enfermedad, para colmo de males, campea en el propio cuerpo de la Primera Magistratura, requiriendo quimioterapia y días de reposo. Es de desear que no avance, como tampoco debería avanzar en el tejido del país, pero el estado de postración del enfermo ya lleva años sin cura, sin alivios, y por único desenlace sólo espera la inanición. Sabido es que cuando las medicinas o el tratamiento llegan tarde, poco pueden hacer para revertir los resultados. Mientras tanto, del cuerpo enfermo salen jóvenes al exterior, profesionales a otros campos, vidas a otro cielo. La estampa mórbida del país no tiene parangón en el propio continente  suramericano, donde la mayoría de las economías se apertrechan y la inclusión social es bandera de los diferentes gobiernos. Si la vocación del nuestro no sólo fuera un proyecto de control del poder, ya podríamos estar hablando de cambios sustanciales. Pero el oprobio y la pena parecen más atractivos que las realizaciones y la transformación social.

De la enfermedad que es también tragedia, que es también dolor, que es también futuro clausurado, sólo podemos extraer lecciones extrañas: como aquélla de que sólo en el dolor la psique crece, evoluciona y se hace más madura. Ocurre en guerras, mortandades y actos extremos: cuando el género humano desdice de la propia humanidad, bajando a los infiernos y sólo cosechando muerte y sin sentido.

No estamos aún en ese horizonte, a Dios gracias, pero si no hay ningún impulso que revierta tendencias nuestra suerte parece sellada. ¿Por qué no pensar en circunstancias trascendentales –desnutrición, pobreza extrema, criminalidad– antes que en despedidas solemnes, con séquito militaroide, que anuncia una pronta recuperación en La Habana? Cambiamos el dolor y la solidaridad por el destino de un solo hombre, a quien se alaba como nuestra única razón de ser. Los venezolanos parecen valer poco cuando un solo cáncer es el que le importa a toda la Nación.

http://www.codigovenezuela.com

Narrador, ensayista y promotor cultural. Ha publicado los libros de narraciones breves Naturalezas menores, Lunar, Río de sangre, Fractura y otros relatos, Indio desnudo; la novela Ajena; y los libros de ensayo El camino de la alteridad y Discurso del subsuelo. Fue compilador de la antología de nuevo cuento venezolano Las voces secretas y coautor de la antología de cuento venezolano del siglo XX La vasta brevedad.

 
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