Vientos de guerra

JESÚS HERAS –

A doscientos años de la declaración de nuestra Independencia, tal como entonces, vientos de guerra soplan sobre el territorio nacional.

Mientras el país se vuelca a la espera de las elecciones de 2012, los vientos políticos en Venezuela soplan en otra dirección. Soplan hacia una Guerra Civil. Es lo que se infiere de la grave enfermedad del Presidente, sin sucesor democrático posible; de la reticencia del CNE a fijar la fecha en que se realizarán los comicios. De las posiciones de mando que ejerce la Revolución cubana. Y de la presencia en territorio nacional, sin deseo alguno de abandonarlo, de la yunta FARC-ELN-NARCOS, la misma que ha hecho posible prolongar indefinidamente la guerra fratricida en la vecina Colombia.

 

La escena recuerda mucho, nos señalaba en fecha reciente el embajador de una república árabe, a aquel tranquilo Líbano que hizo explosión en los años ’70. Con enclaves guerrilleros no sólo colombianos, sino también de la Eta española, del Hezbollah iranio-libanés, y hasta del desaparecido IRA, las semejanzas son inocultables. Agreguemos, apuntaba, la injerencia interna de un país extranjero (en aquel caso Siria), la creación de una milicia civil no vinculada a la Fuerza Armada Nacional, y las evidencias que existen de importación masiva de armas no convencionales, incluyendo minas anti personas. Realmente sólo falta un chispazo, concluía, para que como en aquel Líbano pacífico de los años ’70, en Venezuela la pradera se encienda.

Agreguemos nosotros la indignación que se siente por la entrega a Cuba de prerrogativas que comprometen seriamente la soberanía nacional, y sumémosle, coyunturalmente, el explosivo descontento que se expresa en esa Clase Media depauperada por el Régimen, atizada ahora por multas impuestas caprichosamente para compensar el descalabro del sistema generación eléctrica, y se completa un cuadro cargado de dinamita.

Nótese que no estamos haciendo pronóstico alguno. Que nos hemos limitado a describir un escenario que tendría que estar a la vista de todos… porque el peligro es inmenso.

Como ferrocarril desbocado y sin conductor, el proceso que conduce a una conflagración interna avanza. Vientos de guerra soplan. Es hora de que lo advirtamos.

 
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