EXORCISMO CARCELARIO

Charito Rojas


CHARITO ROJAS
Charitorojas2010@hotmail.com 

“No pongáis al ratón a cuidar el queso”. Antiguo y sabio consejo.

Esto sólo es posible en revolución, donde pasa todo lo que no debería pasar. En este bizarro país, cada problema que surge es resuelto por el régimen con la creación de un Ministerio, una Autoridad Única, un Consejo Asesor o un Instituto Autónomo, para seguir nutriendo la ya obesa burocracia revolucionaria. El ofrecimiento de 1998 de reducir los Ministerios -si mal no recuerdo a tan solo doce- “porque hay mucha burocracia, hay que apretarse el cinturón”, decía el exultante Presidente Electo, fue olvidada como casi todas las promesas que salen por esa boquita y ahora acaba de salir el Ministerio número ¿ 30?

Iris Varela.

No importa que la burocracia oficial haya crecido en un 500% en este macroperíodo presidencial. Lo importante es hacer creer que el gobierno se está ocupando del problema y para eso va a montar toda una estructura ministerial, así como lo hizo con las comunas, con los jóvenes, con la educación superior, con el desarrollo de Caracas y con tantos otros temas que no ha podido lidiar sólo con un nombramiento oficioso, así mismo ha hecho con el asunto carcelario: inventar un Ministerio, que hasta ahora no tiene sede ni presupuesto y que se llamara pomposamente “Ministerio del Poder Popular para los Servicios Penitenciarios”. Como todas las reformas de Estado que se hacen en este desgobierno, aquí no hay proyectos, planificación ni estudios sobre la factibilidad de este nuevo ministerio. Ah, pero Ministra sí hay. Nada menos que la diputada Iris Varela, que sí sabe de motines porque es su especialidad.

En su primera declaración como Ministra, aseveró que “el verdadero rostro del capitalismo salvaje, está en las cárceles” y remató diciendo que “sólo en revolución se puede resolver el tema de las cárceles”, como si ellos, los rojitos, hubiesen llegado apenas ayer al gobierno. El currículo de la diputada tachirense no exhibe un rastro de conocimiento académico ni práctico acerca de sistemas penitenciarios, ni siquiera sabemos si existe un post grado anexo a su ya ajado título de abogada. Pero esto es irrelevante en un gobierno que nombra sociólogos para dirigir la agricultura y biólogos para encabezar las finanzas. El criterio es que si el Comandante pudo ser Presidente, cualquiera puede ejercer cualquier cargo.

De lo que sí estamos seguros es que Iris Varela sabe mucho de violencia. Notorias son sus actuaciones en la Asamblea Nacional, cuando ante los micrófonos utiliza lenguaje ofensivo contra quienes considera enemigos de su jefe y de la revolución. Así, la hemos visto arañar a Pérez Vivas, llamar golpistas a los opositores, comandar las barras de pitadores, irse a las manos, agitar pancartas y hasta recomendarle una cirugía estética a María Corina Machado. Siempre fuera de lugar, fuera de verbo, destemplada, alterada y violenta, la vimos entrar en el estudio donde el periodista Gustavo Azócar hacía su programa de televisión y cachetearlo, no sin antes destruir el set del estudio. En llave con Luis Tascón, obtenía intervenciones telefónicas de opositores para luego sentarse en el hemiciclo o en una rueda de prensa a transmitirlas, obviando el pequeño detalle de que se trataba de un delito.

Ni siquiera en el propio PSUV toleran a la incontinente Varela, quien salió electa diputada de vainita, cuando al entender que no ganaría en su circuito, la colocaron encabezando la lista del estado. Ella amenazó con retirarse del PSUV Táchira, pero el líder decidió que no podía prescindir de la fidelidad radical de su Comandante Fosforito, apodo que él mismo le puso debido al efervescente temperamento de quien ya no tiene edad para tales arranques.

¿Cuál es el criterio presidencial para nombrar a esta diputada, siempre al borde la violencia en un cargo donde el diálogo, la temperancia, el aplomo y el conocimiento de la materia deberían ser fundamentales? No pienso como algunos, que la enfermedad esta afectándole el juicio. Aún no. Sobre todo si evaluamos nombramientos anteriores, este no se sale de la tónica disparatada de costumbre. El nombramiento de la Varela tiene un criterio que es combatir la fuerza con la fuerza, la violencia con la violencia. Aquí no habrá paz en las cárceles. Ni en las calles tampoco. La primera medida de la improvisada Ministra fue anunciar que no habrá más ingresos en las cárceles. Ese fin de semana el número de muertos en el país se duplicó. Esa era la patente de corso que necesitaban los delincuentes para salir a cometer fechorías impunemente.

Las aclaratorias posteriores de que la medida será solo hasta septiembre, es decir un mes sin ingreso en las cárceles de delincuentes en un país carcomido por la inseguridad, sólo hablan de la improvisación. “Bueno, los delitos mayores si irán a la cárcel”, aclaró la Varela. O sea, la Ministra está por encima del sistema judicial, de los jueces, fiscales y de todos los cuerpos policiales que apresan a delincuentes con las manos en la masa. Esto nos anuncia que lo que se avecina es un caos carcelario de impredecibles proporciones, lo cual debería aterrar a quienes visualizan la oleada de inseguridad que se producirá con la salida a la calle de 20.000 reos para “descongestionar las cárceles”. Medidas tomadas al rompe, sin estudiar los casos, actuando con el problema acogotándolos y sin conocimiento alguno.

Ante el gigantesco compromiso, a la Ministra no se le ocurre otra cosa que ubicar el problema en la cantaleta de siempre: “Lamentablemente nuestras cárceles están pobladas de personas humildes”. O sea, que por ser humildes, tiene derecho a delinquir. Estamos aviados, como diría mi abuela.

Hasta el próximo miércoles

 

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