La locura (calculada) de Iris

Roberto Guisti


ROBERTO GIUSTI
rgiusti@eluniversal.com 

 

Inerme y sometido, el venezolano es víctima de un sistema que pretende dejarlo sin voluntad.

La decisión de colocar en circulación 20 mil presos actualmente tras las rejas no sólo denota una concepción criminológica equivocada o una monumental irresponsabilidad, sino la continuación de una política deliberada para sembrar el caos, promover el delito y agitar hasta el colapso a una sociedad cercada, temerosa e impotente.

Desde aquel infausto discurso en el cual el recién investido Presidente increpaba a la entonces presidenta de la Corte Suprema de Justicia, justificando el robo, hasta la protección de bandas criminales de toda laya, pasando por la impunidad casi total, durante los últimos trece años hemos asistido a una total inversión de valores que considera al propietario un delincuente y al delincuente un justiciero revolucionario que viene a “recuperar” lo que, de acuerdo con las leyes revolucionarias, le corresponde desde siempre y le fue quitado por la opresora burguesía.

La anarquía, requisito indispensable para el derrumbe del orden establecido y la creación de uno nuevo, ha sido una política siempre presente en los planes de un régimen que aspira, mucho más allá del gobierno, al poder total. Sólo que esa política, aplicada de un solo golpe, breve por letal, en las revoluciones del siglo XX, aquí se ha escenificado por pedacitos, en cámara lenta, con avances y retrocesos por la naturaleza democrática del mecanismo a través del cual se accedió a un poder hasta entonces relativamente controlado por las instituciones.

Castro consumó la revolución cubana, en un par de años, acudiendo al expediente de la brutalidad y el exterminio, pero aquí el exterminio y la brutalidad han sido contenidos a medias por una sociedad que defiende los espacios democráticos y en ese tira y encoge frustrante llevamos ya casi tres lustros de desgaste y hastío.

Ahora, por medio de una figura emblemática y de imagen atrabiliaria, como lo es la doctora Iris Varela, ensayan la locura criminal de poner en la calle, a cerca de la mitad de la población penal, al tiempo que eliminan la Policía Metropolitana y no termina de arrancar la Policía Nacional. En otras palabras, si hasta el momento hemos estado a merced del hampa, con más de 18 mil homicidios al año, imagínense lo que puede ocurrir cuando abran las puertas de las cárceles y se les otorgue una suerte de patente de corso a esta cantidad de presuntos delincuentes que no saldrán, precisamente, a buscar un empleo, entre otras cosas porque éste no existe.

Inerme y sometido a todas las plagas nunca imaginadas por quienes le dieron el voto a quien nos desgobierna a conciencia, el venezolano sigue siendo la víctima de un sistema criminal que no sólo lo aniquila físicamente sino que con medidas como la de marras, pretende dejarlo sin voluntad, espíritu y capacidad de resistencia.

 

 
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