NO ENTRE EN PÁNICO POR LA CAÍDA DE LAS BOLSAS.

Burton G. Malkiel


BURTON G.MALKIEL

“¡El cielo se está cayendo! ¡El cielo se está cayendo!” La advertencia de Chicken Little podría parecerle a algunos observadores particularmente apta hoy. Discrepo. Esta es no es una repetición del colapso del mercado en 2008. Y la venta bajo el efecto del pánico de las acciones estadounidenses demostrará ser una respuesta muy inapropiada.

La pronunciada caída en los precios bursátiles de la semana pasada ha renovado los temores de que la economía se dirige a una recaída. El crecimiento se ha reducido a una velocidad casi nula, y el Producto Interno Bruto creció menos de 1% anual en el primer semestre. El gasto real de los consumidores ha sido negativo en los últimos dos trimestres. De la misma manera en que un ciclista arriesga caerse cuando su bicicleta pierde abruptamente el impulso, la economía está peligrosamente cerca de volver a caer en recesión incluso antes de que se haya consolidado una verdadera recuperación. Y ahora Standard & Poor’s rebajó la calificación de riesgo crediticio de Estados Unidos , citando un progreso inadecuado en Washington en la solución de problemas fiscales de larga data.

Los vientos en contra de la economía son muchos. Los consumidores todavía están excesivamente endeudados y las finanzas de los hogares están en un equilibrio precario. Los precios de las viviendas, luego de drásticas caídas, amenazan con bajar todavía más. El efecto ha sido un gran golpe al patrimonio neto de los hogares y ha impedido una recuperación en la construcción, que normalmente juega un papel estelar en las etapas iniciales de cualquier expansión económica. La tasa de desempleo está estancada por encima de 9% e incluso los analistas más optimistas divisan escasas posibilidades de un descenso significativo, aunque una tibia recuperación económica se reanude en la segunda mitad del año.

Por si esto fuera poco, Europa no ha solucionado realmente sus problemas económicos. Las perspectivas de crecimiento son sombrías. En EE.UU., las políticas del gobierno son disfuncionales e impotentes para ayudar a reducir el desempleo. Aunque cualquier restricción en el gasto producto del reciente acuerdo presupuestario tendrá efecto más adelante, se espera que la política fiscal sea significativamente menos estimulante en los próximos trimestres. La política monetaria, que ha empujado a las tasas de interés casi a cero y a las tasas de la deuda pública estadounidenses a 10 años a 2,5%, parece haberse quedado sin municiones. Y, por supuesto, la fuerte caída en los precios de las acciones tiene un efecto patrimonial negativo y consecuencias perniciosas para la confianza de los consumidores.

¿Es el momento de vender todas sus acciones, que todavía están muy por encima de sus mínimos de 2009?

Pienso que no. Nadie puede predecir la evolución de la bolsa en esta y en las próximas semanas. Las acciones pueden continuar su caída, pero creo que sería un grave error de los inversionistas entrar en pánico y vender. Hay varias razones para ser optimistas respecto a que en el largo plazo veremos valoraciones en el mercado más altas, no más bajas.

En primer lugar, creo que las acciones hoy en día son baratas. La relación precio- ganancia supera apenas 13 y el cálculo de esa relación a futuro, que utiliza las ganancias pronosticadas, ha caído a menos de 12. Esos múltiplos son bajos en relación a los antecedentes históricos y son especialmente bajos en comparación con el rendimiento del bono estadounidenses a 10 años que se ubica en 2,5%. Los rendimientos de dividendos de 2,5% también se comparan favorablemente con los valores a 10 años. Los múltiplos no parecen baratos en relación a las ganancias promedio a 10 años, pero las utilidades de hoy son tanto más altas que que un promedio de 10 años no es una buena estimación de la capacidad de ganar dinero de las empresas.

Asimismo, la estructura de las ganancias de las empresas estadounidenses refleja cada vez más la actividad económica en el extranjero— incluyendo a los mercados emergentes de crecimiento acelerado— más que la actividad en EE.UU. Esa es la razón por la que las ganancias corporativas han estado incrementándose tan rápidamente a pesar del tibio crecimiento en EE.UU. Para las grandes multinacionales estadounidenses, el crecimiento en los mercados emergentes será el factor determinante en el crecimiento de sus ganancias. Para muchas compañías, lo que pasa en China, India y Brasil es más importante que la incapacidad de Europa de poner su casa en orden o la parálisis de EE.UU. y Japón.

No cabe duda de que nuestra economía atreviesa por un serio problema. El enorme volumen de desendeudamiento que se necesita después de la burbuja inmobiliaria de comienzos de la década pasada solamente puede ser logrado con el tiempo. Afortunadamente, las cuentas de los hogares están mejorando. La relación entre deudas e ingresos ha mejorado considerablemente desde 2008, aunque todavía tienen mucho para mejorar. Los pagos por servicio de deuda de los hogares en relación a los ingresos han caído fuertemente a los niveles de los años 80 y 90. El reciente descenso en los precios del petróleo también ayuda a la situación financiera de los consumidores. Y los balances de las empresas están inusualmente saludables.

El sólo hecho de acabar con el exceso de viviendas en el mercado llevará un largo tiempo. Pero si hay un punto positivo en el panorama del mercado inmobiliario es que la accesibilidad de comprar una casa está en un nivel récord. Con alguna mejora real en el mercado laboral podríamos ver un alza sustancial en las ventas de viviendas.

Sí, tenemos problemas, pero la actual situación no guarda ningún parecido con la de 2008. Y para los que creen que la caída en la bolsa predice una nueva recesión, no hay que olvidar la frase del fallecido economista Paul Samuelson: “La bolsa predijo nueve de las últimas cinco recesiones”.

Una fuerte dosis de modestia es claramente necesaria. Todos necesitamos ser conscientes de los límites de nuestra capacidad para predecir los precios de las acciones. Nadie le puede decir cuándo la bolsa terminará su caída, pero hay algunas cosas que sabemos. Los inversionistas que vendieron sus acciones en momentos en los que hubo caídas muy pronunciadas en el mercado invariablemente se equivocaron. Tenemos abundante evidencia de que el inversionista promedio tiende a poner dinero en el mercado cuando está en sus máximos o cerca de ellos y tiende a vender durante los períodos de caídas extremas y volatilidad. A lo largo de prolongados períodos, el mercado accionario de EE.UU. ha provisto retornos promedio generosos. Pero el inversionista promedio ha ganando sustancialmente menos que el retorno del mercado, en parte por haber tomado decisiones inoportunas.

Mi consejo a los inversionistas es que se mantengan firmes. Nadie nunca se volvió rico por ser un pesimista a largo plazo sobre la evolución de EE.UU. y dudo que alguien lo vaya a hacer en el futuro. Esta es todavía la economía más flexible e innovadora del mundo. De hecho, es en momentos como este cuando los inversionistas deberían considerar rebalancear sus portafolios.

Si las alzas en los precios de los bonos y las caídas en los de las acciones han producido una asignación de activos que sobrepondra a la renta fija de lo que es apropiado según su horizonte de tiempo y su tolerancia al riesgo, venda algunos bonos y compre acciones. De aquí algunos años va a estar contento de que lo hizo.

http://online.wsj.com/

Malkiel, profesor emérito de Economía en la Universidad de Princeton, es el autor de “A Random Walk Down Wall Street”, traducido como “Un paseo aleatorio por Wall Street”.

 

 

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