PERONISMO CON FALDAS

Manuel Felipe Sierra

FÁBULA COTIDIANA
MANUEL FELIPE SIERRA
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     El 17 de octubre de 1951, en una ceremonia tradicional de la épica peronista, se esperaba que Eva Perón aceptara la vicepresidencia de la República. Ya lo era de hecho. La trayectoria del carismático militar populista estaba asociada a la incansable labor de su compañera en el seno de los sectores populares. No se produjo el anuncio. “Compañeros: No renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores”. Al abandonar la tribuna cayó desvanecida. Su biógrafo el padre Benítez cuenta: “había sentido todo el tiempo esas agujas en el vientre a causa del dolor”. A los días, Perón era reelecto y al año siguiente Evita fallecía, dando paso a un culto que llegó incluso a que su cadáver, en manos de los militares enemigos, cumpliera un macabro recorrido por varios países. Con los años, el drama fue reconstruido por Tomás Eloy Martínez en la novela “Santa Evita”.

Eva Perón

            Años después, en 1956, en el night club “Happy Land” de Panamá, Perón conoció a María Estela Martínez Cartas. Natural de La Rioja, con el nombre artístico de “Isabelita”, ella había actuado antes en el cabaret “Pasapoga” de Caracas. Isabel habría de ser su compañera en un largo destierro hasta el regreso a Buenos Aires en 1973. En agosto de ese año, el Congreso del Partido Justicialista escogió a Isabel como candidata a la vicepresidencia para acompañar al viejo caudillo. De esta manera se cumpliría el sueño inconcluso de Evita en 1951. La fórmula “Perón-Perón” obtuvo la victoria con el 61,8% de los votos. A la muerte de Perón, el 01 de julio de 1974, ella asumió la jefatura del Estado y se convirtió, no sólo en la primera mujer en alcanzar el máximo destino en América, sino también en la primera en presidir una República en el mundo.

            Le tocaba una etapa particularmente compleja. El movimiento peronista era un mosaico de tendencias irreconciliables, soldadas por el magnetismo de su líder máximo. Los grupos de izquierda encabezados por “Los Montoneros” proseguían en la lucha armada, enfrentados a la derecha sindical, y a grupos representados por el ministro José López Rega, a quien se le atribuía el manejo del poder y la paternidad de la ultraderechista “Triple A”.

Tendría que sortear Isabel también la histórica conjura militar contra el movimiento peronista, lo que sólo era posible con la activación de la clase obrera y la fuerza de “los descamisados”. El cuadro político conducía inevitablemente al golpe militar y éste se materializó en marzo de 1976, dando paso a una sucesión de regímenes militaristas, caracterizados por la violación de los derechos humanos. Durante los cinco años siguientes Isabel conocería la prisión y el exilio.

            Cuando en 1983 Argentina regresaba a la democracia con la elección del radical Raúl Alfonsín, Cristina Fernández y su esposo Néstor Kirchner volvían a la militancia peronista. Durante los años de las dictaduras ambos habían compartido luchas universitarias en la región de La Plata, y luego en Río Gallegos, donde ejercieron la abogacía con enorme éxito financiero. En 1987, Néstor fue designado intendente y ya Cristina era representante provincial. A partir de entonces lo actos electivos se fueron sucediendo de manera vertiginosa: ella fue reelecta diputada; diputada a la Asamblea Nacional Constituyente entre el 95 y 97; y senadora hasta el momento de su opción presidencial.

Isabelita Perón

            Mientras Néstor ejerció la Presidencia de la República en un intento por rescatar la prédica peronista desdibujada durante el mandato pragmático de Carlos Menem, Cristina consolidaba su imagen política a partir de sus propios méritos. Para muchos analistas, se trata de un caso parecido al de Hillary Clinton, donde la relación matrimonial no ha sido el factor decisivo para el ascenso de las primeras damas. Al renunciar a la reelección en el 2007, Néstor dejó abierto el camino a la postulación para Cristina. El 27 de octubre de ese mismo año fue elegida con el 44,9% de los votos. Iniciaba la difícil tarea de mantener los niveles de popularidad de su esposo, quien había logrado enganchar en buena medida con la simbología peronista.

            Si Evita aportó al peronismo en su momento su capacidad para captar las expectativas de los pobres, e Isabel resultó una extraordinaria compañera de Perón en los tiempos del exilio, Cristina respondía a nuevas realidades. Profesional, militante, parlamentaria ducha en la confrontación política, debía enfrentar el doble reto de conducir a un país todavía resentido por la postración económica y mantener viva a la vez la mitología populista. En octubre del año pasado, Néstor Kirchner falleció fulminado por un infarto, cuando se anunciaba la posibilidad de una nueva presidencia, aunque no se descartaba para Cristina el camino de la reelección.

Cristina Fernandez

            El domingo 14 de agosto, en el peculiar sondeo de las primarias presidenciales, Cristina obtuvo el 50,7% de la votación, a considerable distancia de Ricardo Alfonsín (12,17%) y Eduardo Dualde (12,7%). No dejó dudas el resultado de que en las elecciones del próximo 23 de octubre Cristina será favorecida para un nuevo mandato constitucional.

Argentina seguirá viviendo entonces bajo la influencia del peronismo, un fenómeno histórico que escapa a las definiciones convencionales pero que traduce una magia, un sentimiento, el “tango” de la política. Perón lo definió en su momento: “el peronismo es una cuestión del corazón más que de la cabeza”.

 

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Un Comentario;

  1. Daniel Requeijo said:

    Buen resumen del drama politico que ha vivido la Argentina y que efectivamente es cuestión de corazón más que de cabeza y con respeto, en ocasiones parece una milonga, pero asi son las características de cada pueblo.

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