SUSURROS

 

Américo Martin

Américo Martín
@AmericoMartin

“Todo eso ya lo habíamos visto, pero ahora nos lo dan envuelto para regalo”

Yogi Berra

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       El presidente Chávez no juega limpio, eso ya lo sabíamos, pero a su regreso de Cuba trae una novedad: pretende convertir en pecados de la oposición los que está cometiendo él. “Los envuelve en papel de regalo”, diría  Yogi Berra, el antiguo y emblemático receptor de los yankis de Nueva York.

A medida que nos acercamos a la gran cita electoral en la que se decidirá la confrontación entre continuismo monocrático y alternativa democrática, el gobierno muestra un patético desinterés por el proceso comicial; patético déjenme insistir, porque no es obra de la negligencia; es un destino trazado fríamente en las habitaciones más inaccesibles del régimen. Denota el creciente temor a la derrota, una derrota intragable por el presidente y su entorno. Evitarla pareciera ser un deber revolucionario susceptible de admitir cualquier medio, cualquiera. Al fin y al cabo está escrito: La Historia los absolverá

Y en cambio la oposición juega limpio, sin cartas escondidas ni doble contabilidad. Con hechos reiterados, además de las correspondientes declaraciones oficiales y no oficiales, se apega a esta contundente sentencia dictada por Teresa Albanes, presidente de la Comisión Electoral de Primarias: “nada ni nadie nos apartará del camino electoral ni de la vía constitucional”  Por confiar en el sufragio, la alternativa democrática actúa en consecuencia. Ha tomado  grandes decisiones: unidad, primarias, cronograma electoral, compromiso de los precandidatos de respaldar el programa de recuperación y de respetar y acompañar a quien resulte ganador de la consulta.

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Todos esos son hechos. Hechos que denotan confianza, optimismo, certeza de contar ahora con una hoja de ruta o carta de navegación para consolidar la unidad y ganar limpia y legalmente el poder. Pero nada, el presidente ordenó -y sus paniaguados obedecieron al instante- acusar a la oposición de soliviantar a los militares e incitarlos a la rebelión contra el régimen. ¡Vuelve el golpismo!, clama el diputado que ha proclamado lo mismo durante años. Y lo sorprendente es que el desinterés oficial por el tema electoral se ha venido incrementando con los días. ¿Por qué, por ejemplo, el CNE ni siquiera ha convocado a elecciones? No tenemos fecha, no tenemos cronograma, ni sabemos si las elecciones  irán juntas o separadas. Más grave aún  son las clarísimas declaraciones de generales de la confianza del presidente afirmando que no reconocerán a más comandante en jefe que a Chávez. Y en concordancia con eso -que no tiene otro calificativo que el de conspiración contra el pueblo y el país- el propio presidente afirma en un programa de televisión que lo mejor para él habría sido el triunfo del madrugonazo del 4F, porque así quedaría despejada una vía franca para edificar el socialismo a la cubana. ¡Potro sin frenos hacia un destino incierto! El modelo que tanto atrae al presidente Chávez no le sirve ni a los cubanos, según confesó Fidel a dos asombrados periodistas de la revista Atlantic.

Tampoco abundan los comentarios oficiales sobre el tema. No sabemos cómo se escogerán los candidatos del PSUV, o cuándo adquirirá carta de ciudadanía el llamado Polo Patriótico. En lugar de informar sobre tareas electorales, el régimen contaminó el ambiente con acusaciones envenenadas orientadas a desenfocar el item  y convertirlo en un contrapunteo sobre fantasmas delirantes. ¿Por qué procede de esa manera? La respuesta es demasiado simple: no quiere elecciones y para eludir responsabilidades se refugia en la fantástica teoría del “golpismo opositor”.  Es el lobo de la fábula de Esopo: buscando pretextos para comerse a las ovejas que beben agua río abajo, las acusa de enturbiárselas. El problema es que si bien la oposición asume por principio la constitución, oiga presidente: está muy lejos de balar.

El contraste es escandaloso: la alternativa democrática decidió la fecha de las primarias y presentó un minucioso cronograma que incluye fase de campaña y debates. En los primeros días de noviembre ya estarán los precandidatos en la “gatera” para la partida, como diría mi viejo amigo Virgilio Decán. Alí Kan para los aficionados

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No hay deporte más ilustrativo que el de confrontar al presidente consigo mismo. Ha fatigado al mundo con juramentos acerca de la irreversibilidad de su modelo. Ha presentado a “su” ejército como garante de la sedicente revolución bolivariana. “Es una nueva fuerza armada, monolíticamente unida alrededor del presidente”, corea una y otra vez el ministro de la defensa. Y para acompañar a esa fuerza tan leal, tan satisfecha y segura, aparece en el escenario la milicia,  nuevo componente de la FA por decisión de la cúpula del poder.

¿Siendo así, por qué se desmelenan (aquí no puedo incluir al presidente) y descarrilan frente a los inverosímiles “susurros” que supuestamente deslizaría la alternativa democrática? Hablemos claro. Usted no quiere elecciones y quizá para disfrazar el pecado se sienta tentando a aplazarlas sine die.

No juegan limpio, no saben hacerlo. Desde la dictadura de Gómez los madrugonazos golpistas fracasaron en mayoría. Excepcionalmente Delgado, Pérez Jiménez y Llovera derrocaron a Gallegos. No fue igual la caída de Medina porque, disponiendo de fuerzas suficientes, decidió éste abandonar la lucha para evitar, como alegó, el derramamiento de sangre.  Y  hablo de militares, no de civiles. Dígame usted, presidente, que ha estado metido en eso: ¿cómo podrían vencer los civiles? ¿Con susurros?

Créeme Chávez: violar la Constitución no es nada bueno para salud.

 

 

 
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