El poder de la desinformación

Fernando Egaña


FERNANDO EGAÑA
flegana@gmail.com 

Como la información es una fuente primaria de poder político, la satrapía censura, miente, desinforma, intimida y propagandea para tratar de mantenerlo. No se debe subestimar, por tanto, el poder de la desinformación. Pongamos el caso actual de la enfermedad del señor Chávez. ¿Acaso se ha informado oficial y públicamente sobre la naturaleza específica del cáncer que le aqueja? No. Y no se ha hecho, porque el ocultamiento de la información sustantiva le da una ventaja al comando del régimen, al permitirle jugar con las expectativas de la opinión pública y sacarle provecho a la ambigüedad, la especulación y la cascada de rumores.

El asunto se parece a un juego de cartas, en el que uno de los jugadores conoce todas las manos, y los demás no. ¿Quién se posiciona mejor? Pues el que posea la información más completa. Y así funciona la satrapía con prácticamente todos los temas relacionados con el desempeño gubernativo.

Y además con el agravante de que mientras se mantiene en secreto la sustancia de la información, se organiza un chorreo de noticias accesorias que da la impresión de un flujo noticioso amplio y hasta exagerado. Es decir, se empaqueta a la censura o la reserva de la data crucial en forma publicitaria, para disimular la verdadera ausencia de información. De eso se trata la esencia de la desinformación.

Por otra parte, la función estadística del Estado nacional se encuentra completamente subordinada a los intereses políticos de la seudo-revolución. Cuando el ministro Giordani alega tal o cual hazaña económica o social con base a las cifras del INE, no está haciendo nada distinto que sus antecesores soviéticos, que seguían proclamando supuestos logros históricos en medio de la inopia colectiva.

Fíjense que luego de la masacre de Los Rodeos, ¿hay información oficial fiable sobre el número de muertos? ¿Acaso la hay sobre la producción y exportación de petróleo? Al fin y al cabo los datos de Pdvsa y de la Opep son harto dispares. ¿Se sabe a ciencia cierta cuál es el tamaño del PIB, el monto colosal de la deuda externa, y por lo tanto la relación entre producto y deuda? Estimaciones abundan, pero la certeza escasea.

En el debate-sainete sobre la “repatriación de las reservas”, ¿hubo información veraz desde la acera oficial? ¿Cuál ha sido el destino de los 80 mil millones de dólares que ya se han vaciado de las reservas internacionales? De eso, ni una palabra…

Por lo demás, ¿el Cicpc informa sobre la escalada de muertes violentas? Claro que no, como tampoco lo hace verazmente sobre la penetración del narcotráfico y otras especies de delincuencia organizada. ¿Cuántas viviendas ha completado la “Misión Vivienda Venezuela”? Seguramente muy pocas, pero al parecer de la publicidad ya pronto se acabará el déficit habitacional.

¿Cuántos miles de millones de dólares han ido a parar a las arcas castristas? El vice Jaua dice que debe ser mentira el que cada paramédico cubano le cueste 200 mil dólares al año al erario venezolano, pero que en el caso que así fuera, no importa… ¿Cuál es la magnitud exacta del gasto billonario en compras de armamentos y equipos militares? ¿Cómo anda la caja negra del Rep del CNE?

En fin, por donde uno mire en el reino bolivarista, siempre es lo mismo. La verdad gubernativa encerrada en una caja fuerte, y la propaganda habilidosa tratando de disfrazarla o simplemente sustituirla.

Con estimable éxito en muchas ocasiones, entre otros motivos por la autocensura de medios, por la frivolidad y dispersión de voces opositoras, y porque en materia de manipulación informativa, las satrapías se esmeran, ya que en ello se juegan el pellejo.

 

 
Fernando EgañaFernando Egaña
Top