EN TIEMPO REAL

JESÚS HERAS –

El lujoso collar fue el detonante de la Revolución Francesa, sentenciaría Napoleón varios años  después, refiriéndose a la campaña de desprestigio que culminaría en la condena y muerte, decapitados por guillotina, del Rey Luis XVI y de su esposa, María Teresa de Austria. Sin embargo, el caldo de cultivo en que creció la conjura fue un ancho descontento popular, fruto de la frustración de millares de campesinos que, desplazados de su oficio natural por la Revolución Industrial, emigraban desconcertados y hambrientos del campo a la ciudad.

Dos siglos y algo más después, en medio de una nueva revolución tecnológica, la Revolución de los Jazmines, desatada tras la inmolación del joven tunecino Mohamed Bouazizi, se extiende  a lo largo y ancho del mundo árabe, y podría cobrar esta semana su cuarta víctima, Muamar Gadafi, mientras sus reverberaciones recorren también el continente Europeo.

El Valencia Press Club se ha convertido mágicamente en uno de los Foros más importantes del país. Presidido por Laurentzi Odriozola, ha venido recibiendo a distinguidas personalidades de la vida nacional. Esta semana le correspondió a  Henrique Salas Römer, quien disertó sobre lo que, a su juicio, es la causa del fenómeno que recorre el mundo: un peligroso desfase entre la capacidad respuesta del Estado y de la conducción política en general, y las demandas de una sociedad que incorporada masivamente al torrente de las comunicaciones, demanda respuestas en tiempo real.

En el mundo árabe, apuntó, han sido derrocados gobiernos autocráticos, centralizados e inflexibles. En la Europa democrática, el mismo fenómeno viene provocando cambios que pudieran confundirse con simples movimientos pendulares cuando en la práctica no lo son.

Las fuerzas desatadas por la Revolución de las Comunicaciones se expresan hoy, como en los albores de la Revolución Francesa, en el desconcierto de una juventud que, desplazada por los cambios tecnológicos de sus fuentes naturales de sustento – y atrapada en el desamparo – reclama, teléfono celular en mano, cambios profundos en la conducción del Estado.

Venezuela no escapa a este fenómeno. La multiplicación de protestas lo evidencia. Y, sin embargo, el gobierno de Hugo Chávez tan centralizado, ineficaz e ineficiente como la más rígida de las dictaduras árabes, se ha mantenido hasta ahora a salvo de un estallido. El dinero que circula gracias a la bonanza  petrolera es una causa. La principal, empero, señala HSR, es la capacidad del Presidente para poner a la gente a soñar.

Como el mejor de los magos, en sus manos, sueños como el de tener vivienda propia, se convierten en realidad. Todo ello mediáticamente, claro… pero en tiempo real.

 
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