GOLPE CORRECTIVO O PREVENTIVO

Carlos Blanco


CARLOS BLANCO
carlos.blanco@comcast.net

El Gobierno ha entrado en modo de sofoco. La ausencia parcial del líder ha creado un vacío de poder de tal magnitud que ha acentuado rasgos de lo que ya carcomía las entrañas del proceso bolivariano. Comienzan a hacer dibujo libre y el garabato es de terror.

LOS CUBANOS

 Al margen de las especulaciones que legítimamente se puedan hacer, hay algunos hechos incontrovertibles: un hombre enfermo se hace tratamientos severos en Cuba y, al menos por un tiempo, está bajo control de médicos que están a su vez bajo control político de los jefes cubanos. Los movimientos del personaje están subordinados a decisiones político-médicas de un gobierno extranjero. Que ese manejo sea altruista o egoísta es tema de puntos de vista, pero lo cierto es que el hombre está en manos que no son ni siquiera las de su entorno personal y político venezolano. El que Kaufman, García Sabrido o Hermes Trimegisto lo vean y receten no elude el hecho de que el control está en manos de un gobierno extranjero que aunque afín ideológicamente, pudiera convenirle algo diferente -no necesariamente opuesto- a lo que consideren oportuno los dirigentes venezolanos.

Este capítulo de la invasión cubana a Venezuela, propiciada por quien ahora ha entregado su cuerpo y su alma a la custodia de la familia Castro, ilustra la subordinación del régimen pero, mucho más allá, los peligros que corren hasta los rojos en caso de no agradar a la cúpula de La Habana. Esta podría detenerse ante Chávez pero no ante sus delegados que serán desechados si para los jefes de la isla llega el momento de prescindir de segundones.

El papel de los Castro en esta situación ha acelerado los descontentos cívico-militares internos. Las recientes protestas de los sargentos de la Guardia Nacional pareciera que no sólo se relacionan con sus demandas socio-económicas sino con el hartazgo de la innoble presencia cubana en comandos regionales.

GENERALES INQUIETOS

Hay un grupo de generales y almirantes cuya cooperación en la destrucción de las instituciones democráticas ha sido tan pertinaz y su sumisión al proyecto de Fidel Castro y Chávez en Venezuela ha sido tan abyecta, que saben que no tienen futuro institucional ni político. A varios de ellos los esperan tribunales nacionales, norteamericanos o internacionales, según los casos. Son un pequeño grupo, muy minoritario, pero con puestos importantes en el campo operacional y de inteligencia. Han sido activos en la destrucción de la FAN.

Tales personajes se han dedicado, desde sus posiciones de comando, a amenazar con un golpe de estado en caso de que su jefe pierda las elecciones. Hace unos meses, antes de conocerse su grave dolencia, podían ser tomadas como bravuconadas para desmoralizar al campo democrático; o, tal vez, un llamado para contar cañones dentro de la institución. Sin embargo ahora, cuando la debilidad física, emocional y política del líder se ha tornado evidente, las amenazas de un golpe ya no correctivo -si la oposición gana las elecciones-, sino preventivo -evitar un escenario político electoral en el cual la derrota sea posible- se vuelve intolerable ultimátum.

Ha de tenerse presente que esa locura no la comparten ni los militares institucionales ni muchos oficiales chavistas negados a provocar una guerra civil abierta. Sin embargo, hay que tener presente que aquel grupito de generales sin destino y posiblemente la familia Castro, no quieran aflojar la batea de chicharrón que les ha regalado el destino, por obra y gracia del delirio que sobrecogió a un oficial venezolano, golpista, que en mala hora las élites del país consideraron que podían manejar.

Las declaraciones de María Corina Machado son pertinentes. La familia militar será reconocida y respetada, la institucionalidad recuperada, pero el grupito de generales golpistas, enjuiciado. Reconciliación sin impunidad, ésa es la consigna.

CONDICIONES ELECTORALES

Hay un importante sector del chavismo que se prepara política y psicológicamente a convivir con las fuerzas que hoy se le oponen. Quieren ganar las elecciones de 2012 pero no descartan perderlas y participar del juego político democrático. Hay parlamentarios que ven sus carreras en puestos de elección popular (en la misma Asamblea, en gobernaciones y alcaldías); hay muchos dirigentes que desean construir un partido menos personalista e ideológicamente más sólido que sea, por sí mismo, alternativa de poder en el futuro; hay magistrados que no quieren terminar sus carreras enjuiciados por sus mismo compañeros de magistratura; hay militares que simpatizan con Chávez pero no quieren irse al precipicio con su líder; hay mucho chavista realengo que sabe que este no es eterno. Hasta hay quienes, desde la perspectiva marxista, se suman al reclamo de Heinz Dieterich sobre el capitalismo salvaje instaurado con retórica zurda.

Los factores mencionados no quieren perder pero lo aceptarían como parte del inevitable pendular de la opinión pública e incluso, como un elemento necesario para su propia depuración. Pero están los otros, los que quieren apelar a la solución de fuerza si les es necesario, pero que, en primer lugar, recurren a la emboscada con las condiciones electorales.

Así como se ha hecho retroceder a los generales gorilas, al menos tácticamente, hay que enfrentar las trapisondas del CNE. Asimismo, un frente común para exigir la depuración del RE, para que los electores que desean registrarse en consulados puedan hacerlo y para la apertura sin trabas de la caja negra tecnológica, como también para admitir sin remilgos la observación internacional, el cese de la persecución de quienes deseen contribuir financieramente con la oposición, y la fijación de la fecha de las elecciones, en acuerdo entre el régimen y las fuerzas democráticas, entre otros, son elementos indispensables para crear condiciones apropiadas de participación. Una posición terminante en estas materias, al lado de evidenciar la condición del CNE como apéndice del PSUV, moraliza las fuerzas democráticas.

LA UNIDAD

La unidad entre los partidos, avanza, a pesar de las zancadillas; la unidad de la sociedad civil se hace más sólida cada día que pasa. La adopción de la tarjeta de la Unidad y las elecciones primarias son mecanismos para contrastar las propuestas diferentes -muy diferentes, por cierto- sin poner en peligro el encuentro; una vez escogida la persona que encabezará el proceso, el objetivo de derrotar a Chávez, o a quien esté en el momento de candidato oficial, subordinará todo lo demás.

La unidad de criterio ante los generales golpistas los ha obligado a retroceder, al menos por ahora; la unidad por condiciones electorales decentes también obligará a la macolla del CNE a retroceder. Se hace esencial que las fuerzas democráticas muestren su irrevocable vocación de ponerle un freno al caos.

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