LOS TIRANOS

Manuel Felipe Sierra

Fábula Cotidiana
Manuel Felipe Sierra
manuelfsierra@yahoo.com
Twitter: @manuelfsierra 

 

            El 2011 ha resultado una maldición para los tiranos. Ben Alí en Túnez, después de 23 años en el poder, debió abandonarlo abrumado por las protestas populares. Hosni Mubarak a punto de cumplir un mandato de 30 años, enfrentó una marejada de protestas; fue depuesto por los militares y ahora está sometido a juicio. Alí Saleh, de Yemen, no pudo contener la rabia popular y el 3 de junio el Palacio Presidencial fue atacado por fuerzas rebeldes. Herido, fue trasladado a Arabia Saudita para un tratamiento médico y ahora parece remota la posibilidad de su regreso. Al Califa, monarca de Baréin, vivió días de sobresaltos por la furia chiíta y sólo con el auxilio de las tropas sauditas pudo reestablecer el orden y luego prometer reformas políticas. En Siria, luego de 40 años de un gobierno dinástico, Bashar Al-Assad conoce una fuerte presión opositora y el aislamiento internacional. La criminal represión desatada por el mandatario sirio es condenada en el mundo entero, mientras los rebeldes solicitan su renuncia. Muammar Gadafi después de 42 años en Libia, vive los momentos finales de un conflicto de seis meses que se convirtió en una guerra civil de alcance internacional.

Muammar Gaddafi (Libia)

            Las rebeliones y la huída de los déspotas árabes reconfiguran el mapa geopolítico en el Medio Oriente, y apuntan hacia cambios potencialmente democráticos. Todavía es temprano para vislumbrar el ritmo de un proceso que se ha cumplido en escasos ocho meses. Sin embargo, está clara la emergencia de las clases medias, la capacidad de contagio de las redes sociales y la necesidad de mayores espacios para la participación y reoxigenar de esta manera los sistemas políticos. Durante años, los tiranos en fuga (Séneca sentenciaba que “el tirano no muere, se mata”), conocieron largos destierros a costas de las riquezas despojadas a sus naciones. Algunos regresaron con el correr de los años a ejercer el mando luego de traumáticos ejercicios de gobernabilidad.

            La existencia de la Corte Penal Internacional de La Haya, creada como consecuencia de las luchas de las organizaciones defensoras de los derechos humanos, ha cambiado las cosas. Las tropelías y crímenes cometidos con aparente impunidad por los dictadores, ahora pueden ser castigados y sus culpables perseguidos en los más intrincados refugios. ¿Qué piensan los tiranos depuestos?, ¿Cómo es su vida después de haber gobernado sus países sin límite alguno? El periodista Ricardo Orizio, reconocido corresponsal extranjero, se propuso entrevistar a algunos de los tiranos más famosos del siglo XX. Tras numerosos esfuerzos y viajes logró obtener los testimonios de Amin, Bokassa, Jaruzelski, Hoxha, Duvalier, Mengistu y Milosevic.

Bashar Al-Assad (Siria)

          Resultan reveladoras, y en algunos casos sorprendentes, las conversaciones de Orizio recogidos en el libro “Hablando con el diablo. (Entrevistas con dictadores)”. Por ejemplo, en Yida, el puerto más importante de Arabia Saudita, el estrambótico Idi Amin, el “Gran Papá” (Big Daddy) de Uganda, llevó una vida de privilegiado turista. Debió abandonar su país en abril de 1979 en un avión privado enviado por Gadafi, lo que impidió fuera linchado por el Ejército de Tanzania y por insurgentes ugandeses. Gadafi, quien lo había convencido para que rompiera relaciones con Israel y se alineara con las organizaciones terroristas árabes a cambio de auxilio económico, lo hospedó en una hacienda de Trípoli. Pasado un tiempo, y cansado de las locuras del huésped decidió remitirlo a los saudíes. Según Orizio, entre tanto: “en Kampala iban apareciendo testimonios que demostraban que tras las bufonadas del ‘Gran Papá’ se escondían verdaderos ríos de sangre. En los frigoríficos de la residencia presidencial se encontraron numerosas cabezas de sus adversarios. En la colina de Nakasero, junto a una de sus residencias de recreo, encontraron un campo de exterminio lleno de prisioneros demacrados que habían sobrevivido royendo los cadáveres de los ya fallecidos”.

Al Khalifa (Baréin)

           Orizio, concluye la entrevista con “el asesino de Kampala” con la pregunta: ¿Y qué opina de la Uganda actual, de Museveni? – “Que debe dejar de desacreditarme; yo podría invocar también a Dios y pedirle que le ocurra algo malo. Espero también que deje de atacar al Congo, de instigar matanzas entre africanos”. – Amin no se arrepiente de nada, sólo siente nostalgia “de cuando era un suboficial que luchaba contra el mau-mau en Kenia y todos me respetaban”. “Big Daddy” falleció en agosto de 2003 en Arabia Saudita.

            Jean-Bédel Bokassa, el emperador caníbal de África Central, después de gobernar durante 13 años fue derrocado y acusado de genocidio y de canibalismo. Tras un encuentro con Gadafi, Bokassa decidió convertirse al Islam y cambió su nombre a Salah Eddine Ahmed Bokassa. Se presume que esto fue un acto calculado por el líder libio para garantizarle ayuda económica. En Bangui, el ex presidente David Dacko apoyado por Francia auspició en septiembre de 1979 un golpe de Estado que dio fin a su imperio de Bokassa, quien casualmente se encontraba en Libia. Sometido a varios juicios, Orizio logró entrevistarlo en la capital centroafricana. En sus conversaciones destaca el odio a Francia, resultado de la ‘traición’ de Valéry Giscard d’Estaing, urdidor del golpe que lo alejó del poder, y de la infidelidad de la emperatriz Catherine, quién habría sido amante del dirigente francés. Bokassa murió en Bangui el 3 de noviembre de 1996.

Ali Saleh (Yemen)

     Aunque no hayan sido caníbales, los otros dictadores entrevistados por Orizio, también revelan sus personalidades mesiánicas, y su enfermizo apego al poder. La reflexión final del periodista, después de contar los acontecimientos en los años siguientes a sus derrocamientos no dejan de ser trágicos: “no era la democracia lo que se buscaba exactamente, sino algo distinto”. ¿Podrá decirse lo mismo de las ahora victoriosas revoluciones árabes?

 
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