PETROLEO Y CAUDILLISMO MILITAR

Carlos Ochoa


Carlos Ochoa
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Las polémicas declaraciones de connotados generales de la cúpula militar amenazando con no reconocer un eventual triunfo de las fuerzas democráticas  opositoras al Presidente Chávez en las presidenciales de 2012,  han  encendido las alarmas  exigiendo un pronunciamiento del líder de la revolución, para  que aclare al país su apego o desapego al texto constitucional, que como todos saben establece limitaciones políticas partidistas a los miembros de nuestra Fuerza Armada Bolivariana.

El problema de fondo reside en que el proyecto político de Chávez se sustenta en el manejo y control de la industria petrolera, por eso él mismo declaró lo conveniente que fue para sus planes la huelga del 2002, que mansamente puso la administración y gerencia del inmenso caudal de la renta petrolera venezolana en manos militares y de antiguos guerrilleros.

El sustento teórico del socialismo petrolero del siglo XXI es una adaptación de la tesis marxista de la renta del suelo desarrollada por Bernard Mommer y Alí Rodríguez a principios de los años 70 para el PRV de Douglas Bravo, quien en un “viraje táctico” abandonó la lucha guerrillera cuando quedaban sólo cuatro gatos hambrientos en las montañas, y reactivó sus contactos con miembros del ejército para adoctrinarlos en la vieja idea del destino revolucionario de las FAN.

La captación de Hugo Chávez al PRV en 1980 lo pone en conocimiento de la tesis de Mommer y Rodríguez, en ella se explica el papel del petróleo en la geopolítica como arma potencial para enfrentar el imperialismo norteamericano. Chávez se distanciará de Douglas Bravo pero no de Alí Rodríguez, a quien hay que reconocerle talento y aguante para sobrevivir en el chavismo. Más adelante, el argentino Norberto Ceresole le colocará la guinda al pastel ideológico del comandante con su tesis de caudillo militar, ejercito y pueblo,  que apunta en estos momentos de crisis  por la enfermedad del líder, hacia un retroceso absolutista religioso.

El retorno a las tesis primitivas revolucionarias en el chavismo  no se corresponde con la realidad venezolana ni mundial. Si un sector militar afecto al proceso decide jugarse a Rosalinda en 2012, en un lance continuista en contra de toda lógica democrática, se encontrara no sólo con el rechazo de la mayoría, sino también con sanciones que están previstas en la legislación internacional. La utilización del petróleo como arma geopolítica en un mundo globalizado que ha dejado atrás la guerra fría, no tiene la misma contundencia de antes. La obsolescencia de los regímenes caudillistas petroleros como el de Gadafi en Libia nos enseña que el camino es la democracia…  sin intromisión militarista.

Es oportuno recordarles a los que piensan que dándole un palo a la lámpara continuarán  al frente del poder con o sin Chávez, un verso del poeta colombiano León de Greiff que no tiene desperdicio: “Juego mi vida, cambio mi vida/de todos modos la tengo perdida”.

 

 

 
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