VIAJE OCIOSO AL 2031 *

Simon Alberto Consalvi


SIMÓN ALBERTO CONSALVI
sconsalvi @el-nacional.com 

 

El Presidente de la República quiere prolongar su permanencia en el poder “hasta 2031 y más allá”. Nadie sabe, a ciencia cierta, qué pensar de semejante idea. Para unos es una promesa; para otros, una amenaza; para algunos psiquiatras, algo que no desean diagnosticar porque temen caer en una trampa.

No le encuentran lógica al asunto. Y es que no la tiene, y, por consiguiente, consideran inútil quebrarse la cabeza por algo que no pertenece al reino de este mundo.

Para unos es una promesa.

Digamos, por ejemplo, para los generales del Alto Mando Militar. Ellos estarán seguros de que también llegarán “al año 2031 y más allá”. Igual para los ministros, los diputados o para los titulares de los otros poderes del Estado, los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, los embajadores, los ejecutivos de Pdvsa, en una palabra, que acompañarán al jefe del Estado en su peregrinación en el tiempo.

Nada les importa tanto a todos ellos como esa promesa.

Ni por un mal pensamiento se consideran fuera del poder, de sus excelencias, de sus privilegios. Tampoco se imaginan que puedan sobrevivir sin el gran Jefe Único. Por eso, cuando ante ellos exclama convencido de lo que dice, lo aplauden con frenesí.

Navegarán en la nave del Estado, como si fuera el Arca de Noé, “hasta el año 2031 y más allá” y pasarán a la historia como la oligarquía del siglo XXI.

Venezuela, obviamente, será una excepción. Todo cambiará en el mundo. Todo, en todas partes. Menos en el país de Bolívar, porque aquí el Presidente de la República seguirá siendo el mismo, sus generales los mismos, los ministros y los titulares de los poderes del Estado, los mismos. El CNE, desde luego, porque es un mecanismo clave en el monopolio del poder.

Venezuela será una gerontocracia, un país detenido en el tiempo. Un museo. El discurso será el mismo. Ya, probablemente, no habrá imperialismos en el mundo, pero el discurso seguirá siendo antiimperialista, como si estuviera mandando Teodoro Roosevelt.

Y, por todo y sobre todo, la revolución bolivariana no descansará un día ni una noche en su combate contra la pobreza. No se justifica, dirán, que tan entrado el siglo XXI haya tantos pobres, y que en un país como Venezuela estemos importando 99% de lo que comemos. Igual sucederá con la crisis de vivienda.

El déficit nacional de vivienda será de 4 millones de millones para 2031. Pero nadie debe desesperar, porque bajo la responsabilidad directa del Presidente “ese problema será resuelto a como diere lugar”, porque cuando se habla del “año 2031 y más allá” no es cuestión de ambición delirante de poder sino simple, elemental previsión por las inevitables fallas humanas que hayan podido impedir la solución de algún problema.

En 2030 serán conmemorados los 200 años de la muerte de Bolívar. Pero se tendrá debidamente vigilados a los historiadores que pretendan recordar que en el primer centenario, 1930, fue ocasión propicia para que el dictador Gómez pagara la inmensa deuda de Venezuela que venía desde los tiempos del Padre de la Patria. En 2030 Venezuela no sólo no podrá pagar la deuda, sino que seguirá endeudándose hasta que los chinos embarguen a Pdvsa.

Para 2031 ya el mundo habrá conocido dos nuevos pontífices de la Iglesia Católica. El príncipe William será rey de Inglaterra, y Kate, reina. En España el rey Felipe preparará a su primogénita para que luzca la corona. Estados Unidos habrá tenido cuatro nuevos presidentes o quizás tres, si alguno es reelegido. Igual en China y Rusia, en los países europeos y en Brasil, Argentina, Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, México, etc.

En ningún país del globo terráqueo habrá otro presidente vitalicio. ¡Sólo en Venezuela! Por eso, el país de Bolívar será la atracción del siglo, y aquí vendrán politólogos y, quizás, arqueólogos de todo el mundo a estudiar el gran fenómeno de un presidente que prohibió los relojes, y unos generales vitalicios que libran sus guerras civiles en sillas de ruedas.

Una cauta mirada al Caribe: la historia recuperará el tiempo perdido.

Para 2031 Cuba habrá tenido tres presidentes y alternancia en el poder de partidos democráticos. En la Biblioteca Nacional de La Habana se llevarán a cabo exhibiciones sobre la historia de la isla. La gente conocerá por primera vez lo que fue Cuba antes y después de la revolución. Volverán a ver los periódicos viejos y, sin duda, las colecciones de Granma, y pensarán cómo se pudo soportar tanto aburrimiento, tanto pensamiento único por tanto tiempo.

En 2031 Venezuela seguirá teniendo las reservas petroleras más altas del mundo. Cierto. Pero las nuevas energías competirán con el petróleo.

Sin embargo, Pdvsa seguirá produciendo 2.500.000 barriles, y hará muchos esfuerzos para cobrarle a Cuba las altas deudas, porque con sus nuevos gobiernos no habrá “solidaridad socialista” que valga.

Quedémonos en los cambios políticos y económicos del mundo en los próximos veinte años, porque si pensamos en los tecnológicos, los científicos y los culturales, quizás nos den ganas de llorar y, ¡sálvenos Dios!, de dar la cómica.


* Título original; VIAJE OCIOSO AL MUNDO DEL AÑO 2031

 
Top