Con los nervios de punta

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial

Luis Cisneros Cróquer
nirguayork48@hotmail.com   

Mis nervios están que estallan. Uno se acuesta con una noticia y amanece con otra, ambas estremecedoras cuando, por ejemplo, se refieren al número de muertos de un simple fin de semana; o cuando el marinero de Instituto Nacional de Estadísticas, nos anuncia que en Venezuela la pobreza está palo abajo y que navegamos en un mar de producción agropecuaria y nada tenemos que envidiarle a los países que –por ahora- nos venden de todo aquello que pagamos con los dólares del imperio y del petróleo.

Erizados los pelos están, aunque uno sea un tanto lampiño, por la nueva compra de armas que se anuncia, proveniente de Rusia y de los cuatro mil millones de dólares que nos prestarán los chinos y que se suman a los otros veinte mil con que ya nos tienen hipotecado el petróleo de los bisnietos.

Y mucho mayor es la preocupación, cuando el Señor Presidente, alertado por su médico, psicólogo, oncólogo y mandante político, regresa visionario y descubre que Ramón Guillermo Aveledo, gerente de la MUD, es un formidable conspirador, capaz de urdir con las agencias de las tres letras un tremendo golpe, tan acertado como los del 4 de febrero y 27 de noviembre del año 92.

De punta pues, los pelos, achicharronados con la descripción de los robos de la boliburguesía cívico-militar que no se cansa de limpiar la olla y de colocar a buen resguardo en el extranjero, en esos llamados paraísos financieros, el resultado de sus trabajos honrados, del sudado trabajo, y de la creatividad para delinquir.

Nervios acatarrados cuando se siente la amenaza de las milicias y de los paramilitares que actuarían contra los supuestos disidentes conspiradores y que ya habiéndolos colocados en el paredón, dispararían en nombre de Zamora y del Che Guevara, esas balas explosivas que han sido importadas de las empresas de los amigos de Putin.

Pero del otro lado, y pensándolo bien, también juegan los nervios. Si se acaba esta “manguangua”, y se les descubren cuantas propiedades, cuantas fincas, cuantos yates, cuantas mansiones, y no se marchan a tiempo, como lo hizo el hijo de Michelena, con las maletas llenas de dólares, de bonos y de joyas, y de comprobantes de recursos bancarios en el exterior, y entonces en la carrera vayan soltando, además de los nervios sus menudencias escatológicas.

Oro parece, plata no es, aquel verso de la niñez, convertido en realidad cuando van a sacarle el jugo a nuestras reservas de oro y a transferir los pocos dólares de la reserva a bancos extranjeros, sin que uno pueda saber si finalmente esos bancos se quedarán con el dinerillo criollo cuando boquee la economía socialista. ¡Sálvanos Señor!

Medicamentos para los nervios hay de diversas marcas en los establecimientos correspondientes. Pero, lo mejor es salir pa’ lante, como hacían en la guerra de independencia y con un trago de pólvora con caña añadida, esperar el ataque y defender a Venezuela, nuestros hijos, nietos y bisnietos, antes que lleguen los chinos a cambiarles sus nombres.

 
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