EL EXTRAÑO CASO DE LIBIA

Anibal Romero

Aníbal Romero
anibalromero@hotmail.com 

 

I

Gadafi fue un tirano detestable. Saddam Hussein también. Todos los tiranos lo son. Tengo la impresión de que en el plano de la crueldad, de las atrocidades y muertes producidas, Saddam Hussein superó con creces a Gadafi o como mínimo compitió ventajosamente con el dictador libio. Sin embargo: ¿soy acaso el único en haber percibido, en lo que respecta a Gadafi, una actitud muy distinta de parte de muchos que en su momento se opusieron al derrocamiento de Saddam a manos de George W. Bush? ¿Soy acaso el único en notar algo un tanto extraño, en ese plano, con relación al caso libio? No creo serlo, y vale la pena recapitular: Para el momento del ataque a Irak los servicios de inteligencia estadounidenses, franceses, alemanes, ingleses e israelíes estaban convencidos, en la medida que ello es factible en el campo de la inteligencia estratégica, que Saddam poseía armas químicas y biológicas en cantidades significativas y se hallaba nuevamente en busca de una capacidad atómica. Tal convicción fue desmentida por los hechos una vez que avanzó el conflicto, pero la misma existió y nadie ha logrado probar lo contrario. Cuando comenzó el ataque a Libia, de otro lado, ya Gadafi había destruido o entregado hacía buen rato a Washington sus capacidades nucleares, en gran parte a raíz de lo que le pasó a Saddam, y el dictador libio colaboraba activamente con Occidente en ése y otros asuntos vinculados a la lucha contra el terrorismo radical islamista. Sin embargo, no pocos de los que se opusieron a la guerra de Irak se convirtieron de pronto en fervorosos abanderados del derrocamiento de Gadafi. ¿Por qué, me pregunto? ¿Qué pasó con el New York Times, CNN, Le Monde, The Guardian, El Corriere de la Sera, la BBC, y tantos otros, que cuestionaron en su momento que se le pusiese fin a la tiranía de Saddam pero respaldaron de modo entusiasta, y con persistentes y repetidos errores de facto en su cobertura del proceso libio, el derrocamiento de Gadafi?

Mural “acribillado” de Muammar Gaddafi.

II

La respuesta que de entrada ofrecen los nuevos adalides de la virtud internacional es que la ONU, la Comunidad Europea, la Corte Internacional de Justicia y la Liga Árabe, entre otros entes, de un modo u otro concedieron su benevolente visto bueno a la operación de la OTAN contra Gadafi. Ahora bien, semejante respuesta conduce necesariamente a repetir la pregunta inicial: ¿Por qué Gadafi sí y Saddam no? Francia se opuso al derrocamiento de Saddam pero fue factor clave en el de Gadafi. La guerra contra Saddam fue bautizada por todos los medios antes mencionados como una “agresión”, pero la que se hizo contra Gadafi fue certificada con el atractivo sello de “guerra humanitaria”. ¿Por qué? El Consejo de Seguridad de la ONU emitió una resolución que solicitaba el establecimiento de una zona de exclusión en el aire, destinada a “proteger a los civiles” en Libia, una resolución que claramente dejaba de lado la intervención directa con tropas terrestres por parte de los interesados (EEUU, Francia e Inglaterra principalmente), y de manera no menos clara colocaba entre paréntesis cualquier propósito de “cambio de régimen” (“regime change”) entre su lista de objetivos. Dicho de otro modo, la resolución de la ONU no autorizaba a los aliados occidentales y sus socios en la empresa a apoyar con tropas terrestres a los rebeldes, ni a matar a Gadafi o derribar su régimen. Pero a ello, a matar a Gadafi y cambiar el régimen, fue precisamente a lo que se dedicaron EEUU, Francia e Inglaterra desde el primer silbato de ese tan despistado como hipócrita árbitro que es la ONU, al que no obstante tantos atribuyen el poder de decretar qué es o no legítimo en nuestro enredado panorama internacional. Lo de la “protección a los civiles” nunca fue determinante y la resolución de la ONU fue barrida bajo la alfombra por los factores referidos, tanto en las capitales involucradas como en los medios de comunicación señalados, entre muchos otros. Las manifestaciones de indignación fueron pocas, esporádicas y sobreactuadas. ¡Qué contraste con el rechazo que suscitaba el “vaquero” Bush y sus acciones en el Medio Oriente! Es evidente que la ONU proporcionó en el caso de Gadafi una pequeña y delgada hoja de parra, bajo la cual Washington, París y Londres ocultaron pudorosamente sus partes íntimas, en tanto que en Siria, por ejemplo, proseguían las matanzas. Pero en Libia no había matanza, sino una “guerra humanitaria”.

III

En su momento, los aliados occidentales justificaron su solicitud a la ONU advirtiendo que Gadafi se disponía a perpetrar una masacre en la ciudad rebelde de Benghazi. La acción de las fuerzas aliadas ciertamente hizo retroceder a las tropas de Gadafi ante Benghazi, y el mundo se quedó afortunadamente sin saber si en efecto se habría o no perpetrado una masacre. Seis meses más tarde, luego de más de 16.000 misiones aéreas emprendidas en Libia por la OTAN, de idas y venidas, marchas y contramarchas, informaciones contradictorias, propaganda y mentiras a granel, y muchos muertos en lo que fue, es y seguirá siendo una guerra civil con bases tribales, sólo sabemos con certeza una cosa: se han cometido atrocidades de parte y parte y los medios de comunicación internacionales, a diferencia de lo ocurrido en Irak, han sido sumamente parcos en sus detalles sobre qué ha pasado realmente en Libia, cuántos muertos ha generado la guerra y qué responsabilidad corresponde en particular y en ese aspecto a cada lado de la contienda. Sólo en días recientes, y cuando todavía (al escribir estas líneas) hay combates en Trípoli y otras partes de Libia, diarios como el New York Times han comenzado a reportar que, en efecto, los rebeldes han matado a mucha gente inocente también, y han tenido lugar horribles actos de crueldad en todos los bandos. ¿Y qué esperaban los articulistas bienpensantes, siempre nadando con la corriente, cuando se lanzaron a apoyar la “guerra humanitaria”? ¿Qué creían que pasaría con la resolución de la ONU? ¿Pensaron realmente que Sarkozy, Cameron y Obama prestarían la más mínima atención a la misma una vez que la tuvieran en las manos? Uno de estos articulistas comparó lo que podría haber ocurrido en Benghazi con lo que ocurrió ¡en Auschwitz! Pero todavía existen personas que caen en las trampas propagandísticas de la OTAN.

IV

Desde un comienzo han operado en Libia importantes destacamentos de los servicios especiales franceses, ingleses y norteamericanos, la CIA, el SAS británico y numerosos asesores militares franceses, que han participado de modo decisivo en la guerra terrestre. Es más que evidente que sin ese respaldo, que incluyó también una guerra aérea muy intensa, los rebeldes no habrían jamás vencido. Por lo tanto su victoria, que seguramente se transformará en algo muy distinto a lo que los actores y defensores de la “guerra humanitaria” imaginan, se debe a la intervención de fuerzas extranjeras. Es patente también que a pesar de todo el apoyo logístico, de inteligencia y operacional que les dieron EEUU, Francia e Inglaterra, los rebeldes tardaron seis meses en derrotar un ejército de décima categoría como el de Gadafi, lo cual me indica algo que debería resultar obvio: Gadafi, por las razones que sean, tenía y quizás sigue teniendo apoyo sustancial, o en todo caso los rebeldes representan algo que no es del gusto de muchos en Libia y ese “algo” garantiza que el conflicto persistirá.

V

Todo lo cual me conduce a preguntar adicionalmente: ¿y quiénes son los tales rebeldes, realmente? ¿Qué representan, qué quieren hacer ahora, qué tipo de régimen político impondrán? La verdad es que no lo sé y creo que tampoco Sarkozy, Cameron y Obama lo saben. El tiempo lo dirá. Pero sí hay un punto que ha quedado muy, pero muy patente: Para que una guerra como la acometida en Libia reciba el sello de la legitimidad en los tiempos que vivimos se requiere lo siguiente:

–Que el Presidente de los Estados Unidos sea un Demócrata, no un Republicano. Si es Demócrata la guerra será “humanitaria”, si es Republicano será una guerra de agresión neo-colonial. Si es Demócrata se le concederá el Premio Nobel de la Paz por hacer la guerra; si es Republicano se le condenará al oprobio.

–Que la ONU se pronuncie favorablemente sobre la intervención, así tal pronunciamiento constituya a todas luces una farsa sangrienta, que a la postre contribuirá a acrecentar el desprestigio de un organismo ya lo suficientemente decadente.

–Que si EE UU interviene lo haga de manera tal que parezca que no lo está haciendo.

–Que Francia dé su aprobación y si es necesario que intervenga militarmente. El carácter “humanitario” de la guerra será en buena medida definido por los intelectuales de izquierda parisinos, cuya influencia cultural carece de toda proporción con sus logros teóricos o desatinados juicios políticos.

VI

Cientos de manifestantes libios celebran en la "Plaza Verde” la caída de la tiranía Gaddafi.

Confío resulte claro de todo lo antes expuesto que no estoy acá discutiendo si Gadafi era o no un tirano repudiable. Hay muchos como él en el Medio Oriente, pero no todos son objeto de “guerras humanitarias” ni reciben igual condena a manos de los factores que hoy definen la legitimidad. Lo que me importa, y ha sido así desde el comienzo de este conflicto, es el doble patrón y la enorme hipocresía desplegada por parte de tales factores. Abrigo igualmente la convicción de que es un serio error justificar de ese modo las guerras, es decir, como acciones “humanitarias”, pues con ello se destruye el fundamental principio clausewitziano acerca de la importancia de definir con precisión el fin político de la guerra. La guerra es la continuación de la política por otros medios y el humanitarismo no es una política.

VII

 Por otro lado, con una intervención como la escenificada en Libia, cubierta por el humo de la mentira y de la propaganda desde el primer minuto hasta su todavía incierta conclusión, se minimiza la posibilidad de extraer lecciones adecuadas del pasado. Los que ayer tanto insistieron en la necesidad de no repetir los errores que, según argumentan incesantemente, se cometieron en Irak y Afganistán, hoy se han lanzado a apoyar a fondo a uno de los bandos en una guerra civil, y no me cabe duda de que pronto afrontarán los mismos dilemas y desencantos del pasado reciente en experiencias similares. No pasará mucho tiempo antes de que se descubran los más profundos motivos de los actores de este drama. En tal sentido, recomiendo seguir la pista a los contratos petroleros para TOTAL (francesa) y BP (inglesa). Me atrevo a apostar que sus celebraciones no durarán mucho.

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