La fiebre del oro

Miguel Ángel Santos


MIGUEL ÁNGEL SANTOS

La única diferencia de tener los lingotes de oro en Carmelitas es que aquí no pueden ser confiscados

Alguien preguntaba en estos días: “La idea de esta gente corriendo con un lingote de oro bajo el brazo, en pleno saqueo, es un mito, ¿no?”. Y la verdad es que, en buena medida, lo es. Hay todavía suficiente gente honrada en el BCV como para que algo así ocurra de forma repentina. Pero también es verdad que, cuando se trata de mover recursos hacia lugares imposibles de fiscalizar y con fines inescrutables, se han roto todos los paradigmas. Basta con recordar que tan sólo en 2004 el Presidente solicitó de manera excepcional la entrega de un “millardito”. En algo más de siete años, el BCV le ha entregado más de 50.000 millones de dólares. En éste período han pasado cosas extraordinarias que nos obligan a no descartar ningún escenario. Sí, han sido confiscados los activos de Mubarak, Ben Ali y Gaddafi (precisamente porque no eran de ellos, sino de la República, se resguardaron hasta el establecimiento del nuevo gobierno). Pero también está la imagen de Udday y Qusay Hussein saliendo del Banco Central de Irak en Bagdad con 4.000 millones de dólares en efectivo, cargados en dos furgonetas.

¿Qué implicaciones tiene el traslado de los 17.000 lingotes de oro? Si el gobierno pensaba liquidarlos para disponer de su contrapartida en valor, era mucho más fácil (y más barato) tenerlos cerca de los mercados internacionales. Si pensaba colocarlos como colateral de préstamos bilaterales, también. Bastaba con una llamada telefónica. ¿De qué se trata la traída del oro? A estas alturas ya estamos demasiado curados en salud como para creer que tiene algo que ver con la crisis y la inestabilidad de los mercados financieros. De eso hace ya más de cuatro años. Tampoco es probable que se trate de una reafirmación de nuestra soberanía. ¿Trece años después?

El único diferencial de tener los lingotes de oro en Carmelitas es que aquí no pueden ser confiscados. Acaso el gobierno tenga prevista, con alguna probabilidad, alguna acción en el futuro cercano que podría llevar a la confiscación temporal de sus (nuestros) activos en el exterior (nótese la sucesión de prevista, alguna, podría: Se trata de estar preparados para todo). Quizás eso tenga algo que ver con la propia enfermedad del Presidente: La probabilidad de que estos dos eventos excepcionales hayan concurrido en el tiempo por mera coincidencia es infinitesimal.

Nelson Merentes

Pero más sorprendente aún es el hecho de que, si el precio del oro se hubiese mantenido estable, hubiésemos salido de esta colosal bonanza con apenas 11.000 millones de dólares en reservas. Tenemos ahora algo más de 6.700 millones de dólares en reservas líquidas (efectivo), apenas unos dos meses de importaciones. Según Nelson Merentes, una parte podría ser colocada en yuanes chinos, aunque esta moneda no sea convertible en el mercado internacional. “Tenemos informaciones de que pronto podría ser convertible, y los que se te anticipen saldrán beneficiados”. Ni más ni menos, el Presidente del BCV buscando hacer dinero con nuestras reservas en el mercado capitalista mundial. En esas estamos. Al igual que ellos, tenemos que estar preparados para todo. Y eso incluye un escenario aún peor al que se nos presentó al finalizar Lusinchi. Hacer las reformas de forma gradual cuesta real.

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