Participación y pertenencia

Francisco José Virtuoso

Francisco José Virtuoso


FRANCISCO JOSÉ VIRTUOSO S.I.
fjvirtuoso@ucab.edu.ve 

El espacio público se quedó solo, porque en la calle, la plaza, el parque acecha el peligro

No existe participación social o política en solitario o desvinculada de un conjunto social determinado. Se participa con otros en la búsqueda de un objetivo común, llevando cada quien lo suyo y aportando los saberes que posee. Participar es un verbo que implica comunicación, comunión, asociación, colaboración, interacción. Por ello la participación en asuntos de interés local que afectan la vida cotidiana con otros, se convierte en una escuela privilegiada para que la ciudadanía pueda desarrollarse en conjuntos más amplios como la ciudad, el municipio, la región, el país, hasta llegar a las conexiones con el mundo en su generalidad, cosa que hoy, por los efectos de la globalización, está al alcance de todos.

Alexis de Tocqueville en su obra La Democracia en América, explica cómo en las relaciones cotidianas más cercanas al individuo, es decir, aquellas que se producen tanto en la familia como en la vecindad, se generaban una serie de hábitos y costumbres en el modo de actuar y convivir, que finalmente llegaban a constituir la base de la participación activa de la ciudadanía en el régimen democrático de EEUU que tanto lo maravilló. Esa formación ciudadana básica nacía de “los hábitos del corazón” ejercitados en las relaciones más cercanas y directas.

En nuestro país, la realidad de las comunidades locales está cada vez más caracterizada por el fraccionamiento, la anomia y el miedo. Por efecto de la creciente inseguridad, la gente sólo encuentra resguardo al interior de sus viviendas, protegidas con muchas rejas y cerrojos. Desde hace tiempo el espacio público se quedó solo, porque la calle, la plaza, el parque y hasta las iglesias son lugares en donde acecha el peligro. El miedo forma parte de la experiencia cotidiana.

A ello se suma ahora la creciente pérdida de los nexos comunitarios. En una reciente encuesta realizada por el Centro Gumilla se constata que la percepción general de los entrevistados es que en las comunidades cada quien busca su propio interés y los líderes comunitarios buscan beneficiarse personalmente a través de las iniciativas que impulsan. Tampoco hay evidencias de valores culturales, familiares o religiosos mayoritariamente compartidos. Paradójicamente esta ruptura de la convivencia se esconde detrás de nuestra característica convivialidad pasajera y no comprometida.

Quizás es en esta ausencia de pertenencia comunitaria en donde se encuentra la razón de por qué todos valoramos tanto la participación, pero al mismo tiempo nos cuesta mucho participar. Y si el ámbito primero de participación -la comunidad local- está tan bloqueado, imaginemos lo que significa el salto hacia espacios sociales más complejos.

 
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