Reservas sí, secretismo no…

Vladimir Villegas


VLADIMIR VILLEGAS
vvillegas@gmail.com 

Este tema del manejo de las reservas internacionales es materia que seguramente dilucidan mejor los especialistas, los economistas, los altos funcionarios y ex funcionarios del Banco Central de Venezuela y, sin embargo, quienes no entramos en esa categoría tenemos nuestras propias opiniones, tal vez sin el sustento que pueda dar el conocimiento detallado de estos asuntos, pero guiados, obviamente, por la lógica e incluso por la memoria.

Recuerdo los días del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, cuando Pedro Tinoco presidía el Banco Central y se ordenó el traslado de una buena cantidad del oro guardado en las bóvedas del instituto emisor a bancos internacionales. Eso era parte de un compromiso con el Fondo Monetario y la banca internacional para que nuestro país recibiera dinero fresco, condicionado a la aplicación de un doloroso programa de ajustes que el pueblo bautizó como el paquetazo.

Pocas voces, entre ellas las de los entonces parlamentarios de La Causa R, Pablo Medina, Aristóbulo Istúriz y Carlos Azpúrua, si la memoria no me traiciona, se pronunciaron enérgicamente contra esa acción que ciertamente era considerada un acto lesivo a la soberanía nacional. En aquella oportunidad, vale recordarlo, muchas voces de la política actual, unas opositoras y otras oficialistas, no se hicieron sentir para protestar por ese hecho.

Traigo a colación este recuerdo porque permite ubicarnos en el problema. El retorno del oro a las bóvedas del Banco Central es un acto de soberanía y es una torpeza política oponerse a ello. Ésa es mi opinión y respeto las demás. Si el asunto lo vamos a dirimir bajo el cristal de la polarización estamos cometiendo un grave error. Eso no implica renunciar, por ejemplo, a exigir del Gobierno que se aclare debidamente los pasos subsiguientes y que se despoje el tema del secretismo que tanto gusta al Ejecutivo. Y la vigilancia en esta materia le corresponde a la Asamblea Nacional, cuya mayoría puede aplaudir la decisión del Gobierno, pero no puede renunciar a su ineludible deber de exigir toda la información que la representación popular requiere para cumplir con su función contralora. Lo mismo pasa con las reservas en dólares. Por supuesto que diversificar la colocación de esas reservas no parece una locura en tiempos de incertidumbre económica y de serios indicios de dificultades en Estados Unidos y la llamada zona euro. Pero sí es asunto de interés nacional saber al detalle los términos y condiciones establecidos con los bancos de Brasil, China, Rusia y otras naciones que recibirán en depósito parte de nuestras reservas en dólares, y si son condiciones iguales, mejores o peores que las acordadas con los bancos que pronto dejarán de tener esos depósitos.

Harina de otro costal es el manejo que el Gobierno hace de los ingresos del país; sus erráticos pasos en la lucha antiinflacionaria, el uso ineficiente de los dineros públicos o lo que se chorrea por el ducto de la corrupción. Si estas goteras no se corrigen, de nada vale tener a buen resguardo las reservas porque tarde o temprano habrá que echarles mano. Ese es el asunto de fondo, digo yo, desde mi falta de ignorancia, como decía Cantinflas.

 
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