DE CÓMO LOS ROJOS ENTREGARON EL ORO A MOSCU

Fabio Solano
solanofabio@hotmail.com 

* Socialistas y comunistas arruinaron a España cuando decidieron enviar todo el oro de España a Moscú, supuestamente para “protegerlo” de sus enemigos franquistas

Arturo miraba por la ventana, y lo que veía no era nada esperanzador. Nieve y mas nieve, una verdadera helada, soledad absoluta en la calle, además de la imposibilidad de salir. Lo único que le complacía era la patrulla frente a su puerta cubierta de hielo, con los dos policías adentro, quienes debían estar tiritando ante el intenso frio. A esa hora de la tarde, la oscuridad cubría la ciudad y, afortunadamente para él, su mujer dormía en la cama con gripe. Isabel tenía semanas refunfuñando, exigiendo volver a España, aun cuando sabía de cierto que no dependía de ellos, sino del poderoso gobierno. Era el segundo invierno que pasaban en aquel apartamento perdido en una anónima calle de Moscú. Ya superaban el año en esa situación parecida un limbo. Sólo aceptaron traer a su mujer, aun que a veces pensaba que no debía haber aceptado la oferta del consulado cuando se lo propusieron.

Mirando caer aquella enorme cantidad de nieve, se preguntaba como estaría todo en Madrid, seguramente también nevaría pero no como en Rusia. Se sirvió un trago de vodka para combatir el frio que se filtraba por las junturas de la ventana, en una vana competencia con la vieja estufa que ya no daba más. De nuevo volvió a rememorar los hechos que lo habían llevado a Moscú: “Año y medio había transcurrido desde que en el alto gobierno de la republica habían decidido sacar el oro de Madrid. Nadie se imaginaba la cantidad depositada en el Banco de España, pero yo, clavero encargado de las llaves de la bóveda central, sí sabía. Eramos el cuarto en el mundo, luego de Estados Unidos, Francia e Inglaterra, pero la guerra había estallado y Negrín, impulsado vaya usted a saber por quién, decidió que mejor era sacar el oro, pues Franco se acercaba. Lo llevamos a Cartagena, y allí lo pusimos en unas bóvedas inexpugnables. Algo pasó, creo que no teníamos dólares para las armas, y entonces alguien propuso usar el oro. Los rumores eran que lo llevaríamos a Francia o a América, pero no: La decisión fue ir a Moscú”.

Otro trago de vodka calentó el cuerpo y la mente de Arturo, mientras hacía caso omiso de la tos de Isabel. “Estuvimos varios días cargando cajas y cajas de oro en cuatro barcos rusos, y luego nos fuimos rumbo a Odessa. Allá llegamos en noviembre y entonces vino la tortura de bajar las diez mil cajas, separar monedas según su origen y denominación, joyas, oro fino y lingotes. Los rusos se tardaron una eternidad para contar el oro, y nosotros los claveros no veíamos el momento del retorno. Recuerdo que Velasco era el más desesperado pues su mujer estaba a punto de parir. Todo terminó, se firmaron los acuerdos con un alto funcionario del Banco de España, y las 510 toneladas quedaron en depósito. Nosotros dijimos: Bueno, estamos listos, nos vamos. ¡Qué va, hombre! Nos informaron que ibamos en calidad de invitados del gobierno soviético. Luego nos separaron y a mí me pusieron una patrulla en la puerta. Puedo circular por Moscú, pero siempre con la policía atrás. Todavía espero que nos dejen ir, pero al parecer ellos no quieren que volvamos a España. Tienen miedo de que contemos todo lo del oro, porque parece que la cosa no está buena allá”.

 AHÍ VIENE FRANCO

Para principios de 1936 la situación política en España estaba a punto de crisis. Si bien la coalición de socialistas, comunistas y anarquistas del Frente Popular había llegado al gobierno por la vía de las elecciones, no había estabilidad política alguna, y la diatriba de ideas se había convertido en enfrentamientos violentos, a tiros y bombas. En junio de 1936 la prensa de la época reseñaba que en los primeros cuatro meses del año se contaban 269 asesinatos en refriegas callejeras y atentados, 170 iglesias quemadas, 133 huelgas generales y 218 paros parciales. Evidentemente el gobierno no tenía el control y como sucede casi siempre, hubo una gota que rebosó el vaso: El diputado por orense, José Calvo Sotelo, fue secuestrado en su casa por una comisión de la guardia civil y cuando lo llevaban en la camioneta número 17 de ese organismo, un efectivo le disparó por detrás. Era la venganza por la muerte de un oficial de la policía de apellido Castillo.

Juan Negrín ideó el traslado de las reservas españolas a Moscú - Francico Franco encontró un país saqueado

El 17 de julio, en Burgos, el general Francisco Franco se declaró en rebeldía iniciando la Guerra Civil de España, con dos grupos claramente identificados: Uno de izquierda agrupando a radicales y moderados, que tenía a su favor el haber ganado las elecciones; y otro de derecha, el cual contaba con el apoyo de los conservadores, empresarios y la iglesia, que pretendía derrocar definitivamente al Frente Popular. Como es de suponer, ambos bandos buscaron ayuda de otros países según su signo ideológico.  El gobierno de Madrid entró en conversaciones con la Unión Soviética, donde el dictador Stalin propugnaba el internacionalismo, la exportación de la revolución comunista. Los rusos estaban interesados en ayudarlos, pero no de gratis, pues requerían garantías reales para enviar armas y suministros bélicos para la guerra en España. A ello se sumó que recién iniciado el conflicto, las fuerzas de Franco avanzaban hacia Madrid, donde estaba el Banco de España con las reservas de la nación.

El 13 de septiembre de  1936 el nuevo ministro de Hacienda, el socialista Juan Negrín, por iniciativa propia emitió un decreto con carácter “reservado” el cual decía: “Se autoriza al Ministro de Hacienda para que en el momento que lo considere oportuno ordene el transporte, con las mayores garantías, al lugar que estime de más seguridad, de las existencias que en oro, plata y billetes hubiera en aquel momento en el establecimiento central del Banco de España”. El decreto fue firmado por el Presidente del gobierno del Frente Popular, Manuel Azaña, a quien no se le informó cuando se aplicaría el decreto, ni tampoco el destino del tesoro.  La excusa para dejar fuera de conocimiento en la materia al Presidente fue su “estado espiritual”.  Valido de esta medida presidencial, el 25 de octubre Negrín ordenó el traslado de la totalidad del oro depositado en las bóvedas del Banco de España, de Madrid al puerto de Cartagena. Eran  “siete mil ochocientas cajas llenas de oro, amonedado y en barras, oro que constituía la mayor parte de las reservas del Banco de España”, según el ministro de Marina y el Aire, Indalecio Prieto, quien tiempo después dijo haberse enterado por casualidad de ese traslado.

 

Los seguidores del Frente Popular festejan el triunfo electoral de las elecciones de febrero de 1936, la antesala de la guerra civil española.

EL GRAN NEGOCIO RUSO

Bajo la escusa de necesitar recursos para la guerra, de “proteger” el tesoro de España de los insurgentes de Franco, el gobierno republicano comenzó a tomar medidas el propio 1936, enviando 21 millones de libras esterlinas a Londres. Luego vino lo del traslado del oro, al mismo tiempo que todas las grandes cuentas bancarias privadas fueron saqueadas mediante el simple expediente de emitir cheques sin la firma del propietario de la cuenta, pagaderos por orden del director del Tesoro, Francisco Méndez Aspe. Y fue este funcionario quien el 25 de octubre de 1936 se apareció en Cartagena para ordenar, bajo la oscuridad de la noche, el traslado al puerto del oro de España almacenado en los polvorines de La Algameca. Siete mil ochocientas cajas de oro, con un peso cada una de 75 kilos, serían llevadas a los buques rusos Kine, Kursh, Neve y Volgoles, custodiadas por claveros de confianza como José Velasco y Arturo Candela. Muy pocos en el gobierno supieron de este envío que entró por el puerto ruso de Odessa, llegando efectivamente a Moscú el 6 de noviembre.

Los rusos no devolvieron las reservas a España, sosteniendo que éstas fueron gastadas en la compra de armamento

Los rusos tardaron mucho en clasificar y verificar el oro, y sólo en febrero de 1937 dieron el visto bueno a las 510 toneladas del valioso metal, con carácter de “depósito”. La idea de Negrín y su grupo era utilizarlo para financiar el armamento a futuro de las fuerzas republicanas, pero los soviéticos optaron por cobrar todo: Los envíos de armas que ya habían enviado a título de “colaboración” fueron facturados, igual que los fletes de los navíos, intereses de corretajes, fundición, refino etc., en total se cogieron 131 millones de dólares por servicios y adelantos. Luego transfirieron teóricamente unos 469 millones de dólares a Eurobank, agencia perteneciente a la Rusia de Stalin, para de allí descontar los gastos por entrega de armas. Era evidente que para los comunistas soviéticos la guerra de España era un gran negocio, más allá de una confrontación ideológica.

Aparte del oro de Moscú, se había realizado la transferencia de libras esterlinas a Londres, y otra parte del oro había sido extraído previamente por el gobierno con destino a Francia, así que prácticamente todo el tesoro de España estaba en el extranjero. A ello se sumaba que todas las cuentas bancarias privadas habían sido saqueadas por los revolucionarios. España no tenía como sostener una economía, y cuando llegó el final de la guerra civil, con el triunfo de las tropas de Francisco Franco, se encontraron con un banco de España literalmente vacio. El nuevo gobierno, el cual había recibido ayuda bélica en términos de crédito, quedó endeudado hasta la coronilla con Alemania e Italia del eje fascista.

Luego de la debacle republicana los dirigentes se fueron al exilio y hay acusaciones aun no aclaradas sobre adonde fue a parar el resto del tesoro nacional. Franco reclamó el oro a la Unión Soviética, pero el gobierno de ese país adujo que todo se había gastado en las armas entregadas a los rojos. El investigador Cesar Alcalá en “La Desmemoria Histórica al Descubierto”, dice que millones de francos fueron colocados en cuentas privadas a nombre de los dirigentes y ex funcionarios del gobierno republicano, con los cuales llevaron un exilio cómodo. El propio Indalecio Prieto escribió al respecto que no podían vanagloriarse de esta aventura conocida como el oro de Moscú: “Un ministro socialista pidió autorización para proceder libremente; el Gobierno, del que formábamos parte otros cinco socialistas, incluso quien lo presidía, se la concedió, y socialistas eran también los bancarios que dispusieron cuanto se les ordenó, tanto en España como en Rusia, así como los paisanos que convoyaron el cargamento entre Madrid y Cartagena”.

 

 

 
Top