DE MACHURUCUTO A LA RAMPA 4

JULIO CASTILLO SAGARZAZU – 

 

Hace ya mucho tiempo que el futuro de un país no se juega solamente dentro de sus fronteras. Eso que llaman geopolítica impone sus leyes de hierro en el devenir de cada pueblo y de cada nación.

Un país como Venezuela, con su situación geográfica privilegiada y sus portentosos recursos naturales es más que natural que esté en la mira de otros. Hace ya 40 años, cuando la revolución cubana era bisoña y aun los barbudos de Sierra Maestra entusiasmaban a los demócratas de estos lados, Fidel Castro, ensayó por múltiples vías tomar el poder en Venezuela.

Primero con la insurrección y una vez derrotada ésta, con su alianza con Carlos Andrés Pérez a quien, por cierto, le atendió la invitación para ser una de las vedettes de su segunda toma de posesión y a quien apoyó, condenando la intentona golpista del 4 febrero, liderada por el teniente coronel Hugo Chávez.

La llegada del comandante al poder cambió las cosas. Ahora Castro no manda su gente a invadir por Machurucuto como ocurrió en la primera  etapa. Entran por la Rampa 4 de Maiquetía. Ya no se esconden en las montañas sino que tienen un piso completo del Ministerio de la Defensa. No obstante, el objetivo sigue siendo el mismo: Tomar control de nuestro petróleo y aprovechar nuestra posición geográfica para su expansión y sobrevivencia.

La finitud del presidente ha puesto las barbas de los Castro en remojo. Una vez más jugaran con el pragmatismo que les ha caracterizado. Ya en La Habana surgen señales que anuncian al mundo que están dispuestos a abrirse al mercado.

Por allí andará mucha gente convenciéndoles que el fin de la Era Chávez no será necesariamente su fin y que a Venezuela podrán regresar.

Eso si! No por la rampa 4, sino haciendo su colita como todo el mundo en la Inmigración de Maiquetía.

*Como en otras ocasiones, con gusto cedemos hoy nuestro espacio editorial a una columna de especial calidad.

 
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