LAS ARMAS NO CURAN CÁNCER

Alexander Cambero

ALEXANDER CAMBERO
alexandercambero@hotmail.com
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Al régimen le gusta jugar a la guerra. Ha gastado una fortuna en hacerse de un arsenal que luchará en sus conflagraciones imaginarias; insólito que mientras una buena parte de la población sufre los rigores de unas políticas económicas desacertadas, estos utilicen mucho de los recursos provenientes del petróleo para llenar los guarniciones militares de cuanto cachivache le vendan sus hábiles aliados. Una huida tenebrosa que los conduce a la locura; son almas perversas atribuladas por el desquicio que nació en los albores del resentimiento social, frustración que los hace abominar a todo aquel ciudadano de bien que genera progreso con el sudor de su frente. Se inclinan por liquidar lo bueno para imponer el caos, desde las miserias se nutren para vaciarlas en detrimento del pueblo venezolano.

l canciller ruso Serguéi Lavrov y el presidente venezolano Hugo Chávez

Los rusos enviaron a Venezuela a su principal estratega, esperaron que las aguas revueltas de la política nacional les sirvieran como entremés para poder optar al disfrutar de las delicateses que han colocado sobre la mesa. El canciller Serguéi Lavrov se paseó con una sonrisa en Caracas al lograr nuevos acuerdos que favorecen a su país de manera total. Van ocho mil millones de dólares en compras militares de productos de dudosa calidad. Inclusive se inmiscuyó en los asuntos venezolanos al dar opiniones con respeto a las reservas de oro, desgraciadamente ningún dirigente opositor salió en defensa de los sagrados intereses de la patria.

Seguramente en el avión se enteró de los nuevos accidentes de sus prototipos, es increíble la cantidad de aparatos rusos que engrosan la larga lista de sucesos que lo hacen ubicarse en el primer lugar de los desastres; los gobiernos serios no compran semejantes amenazas para la vida. Las estadísticas son irrebatibles y marcan una tendencia histórica que tiene que ver con sus complejos frente a naciones como: Estados Unidos, Alemania, Francia e Inglaterra. Queriendo igualarse a estas han obtenido resultados pobres, en desmedro de una población que ha tenido que sufrir sus muertos; que no se olvidan tras la resaca de una tenebrosa noche de vodka.

El Gobierno venezolano juega a la guerra armándose en la tienda de los cachivaches. Buscó en el lóbrego sótano respuestas tecnológicas frente a los ases militares del capitalismo. Lo execrable no es equiparse con la peor opción, es la utilización de más de ocho mil millones de dólares en fortalecerse en áreas injustificables. Mientras mueren pacientes renales por no temer medicamentos, con hospitales en estado deplorables y que demuestran la incapacidad chavista en el renglón salud. El régimen piensa en la guerra contra otras naciones para buscar defender su socialismo, no les importa la suerte de millones de venezolanos que sufren los rigores de trece años de impudicia.

Por otra parte, es dramática la situación de los pacientes con cáncer, inclusive en Barquisimeto familiares y amigos tienen que hacer vendimias y colectas públicas para poder obtener recursos para las quimioterapias de los niños de escasos recursos. Estos no tienen la posibilidad de tomar un avión hasta La Habana para ser atendido por médicos españoles, con acceso a medicinas norteamericanas que obtienen en triangulaciones con hospitales madrileños. Infantes condenados a morir sin respuestas oficiales y con el peso de ser sus angustiadas familias las que luchan por obtener los recursos indispensables para los costosos tratamientos, labor que debería cumplir un gobierno responsable.

En el juego político prevalece la carrera armamentística infantil, frente a la salud del futuro venezolano, como si las vetustas armas rusas tuviesen la facultad de traer la cura para patologías tan terribles. Definitivamente las armas de guerra no curan enfermedades, no dotan hospitales con insumos de calidad; tampoco llenan los campos con buenas cosechas. El armamento militar, efectivamente sirve para salvaguardar la seguridad y defensa de las naciones, sin embargo, en este caso no se justifica en modo alguno. A menos que se quiera incrementar los odios, reabrir viejas heridas y hasta lograr excelentes comisiones.

 
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