Nadie encuentra en quién creer

La Pequeña Política
Espantapájaros
Avizor.uno@gmail.com

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a pensar.”
Escrito para gente inteligente

Como lo presentía, mis queridos pajarracos y pajarraquitas amigas, la amenaza de tempestad alejó a los pájaros y tuve tiempo de sobra para pensar y pensar.

No es fácil para un ciudadano común y corriente entender lo que está ocurriendo, cuando son tan pocos los que se atreven a decir la verdad. Para eso me tienen a mí, claro, pero tuve que meterme en la cabeza, sobre todo de Águila Uno, pasando las medias noches mentalmente a su lado, y entrándole en las madrugadas, para conocer de sus dudas, sus temores y certezas.

Pero comencemos por el principio. Nadie cree en nadie y nadie encuentra en quién creer. Es lo que se percibe. El ejemplo más evidente es el censo. Muy pocos le van a abrir la casa a los voluntarios. Pero digamos que ese es solo un caso puntual. Otro, mucho más grave, es la inseguridad. Ya nadie quiere salir de noche. Otro caso son los hospitales. La gente vive temerosa de enfermarse o de tener un accidente, pensando en que al llegar a un hospital, no hay ni con que atenderla.

En los cubanos nadie cree, pero eso es normal. Nadie le tiene confianza a un invasor, así provenga de una islita pequeña y pobre. Pero Águila Uno les entregó las llaves de la casa, y extraño es extraño.

Pero la cosa funciona también al revés. Ni los rusos ni los chinos creen en el gobierno venezolano. Si creyeran, ¿por qué entonces cobran por adelantado?

POR AQUÍ SE VA PA’ CUBA

Mucho menos cree la gente en la honestidad de Águila Uno, cuando sale sonriente como reina de carnaval, después de cada quimio, diciendo que está fulgurante de salud y preparado para el triunfante retorno. El otro día me trajeron una encuestica por aquí, y yo les voy a decir la verdad. Yo mismo no lo podía creer. De cada cinco venezolanos, cuatro piensan que Águila Uno está grave y anda disimulando.

Águila Uno, a decir verdad, tampoco confía en nadie, ni siquiera en su hermano Adán, a quien presume deseoso de que le deje el coroto. Tampoco en la capacidad de la medicina cubana. De hecho, si resolvió quedarse para sus quimios en Caracas. ¿Para qué va a ir a Cuba si los que lo tratan allá viven aquí?

Pero en lo que sigue creyendo con fe, Águila Uno, es en la Virgen de la Caridad del Cobre, Ochún. Lo veo todas las noches, rezándole con mucha fe a la Virgen mulata y ofreciéndole sacrificios. Y a decir verdad, ¿a quién se le puede criticar que recurra al más allá cuando no funciona el más acá?

CONVERSACIONES CON MAISANTA

Con frecuencia Águila Uno recurre a Maisanta, su antepasado. Les voy a relatar algunas de sus conversaciones, reservándome por respeto y por afecto, las cosas más delicadas. Esta semana fueron varias las conversaciones.

“Maisanta, le suplicó la otra noche, ayúdame a derrotar la conjura que contra mí se teje. Ayúdame a derrotar el maleficio que me trajo este terrible mal. Sí, abuelo querido, siento que la muerte me acecha. Aunque yo hago ver que no es así, a ti no te puedo mentir. Las fuerzas a veces me fallan. Por eso, para darme ánimo, le compré más armas a los rusos. Yo sé que es una barbaridad. Pero comprar armas me da vigor. Tener dinero para comprarlas me hace sentir bien, porque tener dinero es tener poder. Y la sensación de poder me da salud. No sé si lo comprendes, pero solo el que vive, puede. Y si yo puedo, vivo.

Y OTRA VEZ CON EL CNE

Otro día, Águila Uno se despertó a la media noche y esto fue lo que lo oí decir. “Nadie confía en el censo y ahora tampoco en el CNE. A pesar de todo lo que convine aquella vez con la Oposición, que hasta al pajarraco Rosales le permití terminar su gobernación, a condición de que no hablara mal de las maquinitas y la gente volviera a votar”.

“Pero las aves de mal agüero han regresado. Para colmo Alemania, declaró mis maquinitas inconstitucionales. Dicen que lo que no puede constatar un ciudadano común, viola sus derechos fundamentales. Lo mismo está ocurriendo en el mundo entero, país tras país, bien prohíben la votación electrónica o las someten a tantos escrutinios que se hace imposible sacarle una ventajita. Entonces ¿para qué diablos es el poder? Dímelo tú Maisanta, mi querido abuelo, que en eso nadie te ganaba. Aunque sea una ventajita debemos guardarnos los que estamos mandando, ¿no es así?

“Pero los que han despertado las dudas, no han sido los de la Oposición, que del CNE no dicen ni pío. Tampoco ha influido Alemania. Son mis propias dudas. Pero no tengo más remedio. Si yo supiera que llego bien a Julio, se las lanzo de una vez, para sorprenderlos, ahora que mi popularidad ha subido”.

QUÉ SUERTE TIENE EL NEGRITO

Luego orgulloso, Águila Uno sonriente le agregó. “Para lograrlo, me endeudé con los chinos hasta la coronilla y puse el dinero a rodar. Igual a como lo hicieron los sauditas para que la gente no se les sublevara. En cambio a Mubarak y a Ben Ali, por no tener petróleo, los tumbaron, y a mi hermanazo Gaddafi, que ese sí es un zorro y tenía petróleo, le congelaron los reales, y para colmo le hicieron cayapa los cobardes de la OTAN. Yo no, tú me conoces, abuelo, a mí no me agarra la gripe sin pañuelo. Yo me curé en salud repartiendo real que jode, así los vivos de siempre se queden con la mitad. Total, ¿qué importa que se ganen cuatro reales, si yo me quedo con el poder?

Pero no solo eso, gran abuelo, también ofrecí hacer millones de casas, y estoy construyendo unas cuantas casitas en sitios estratégicos para que se entienda que no son cuentos, aunque a decir verdad, es imposible lograr lo que prometí, mucho menos con las fallas eléctricas que se han disparado. Por eso he comenzado a decir la verdad. Claro, no les estoy diciendo la verdad sobre las casitas, pero sí sobre la electricidad. Ya los tiempos de El Niño se acabaron, ahora llueve que jode, y nada. Nos rebasó la crisis eléctrica, lo tuve que admitir, aunque sea para tener una excusa después. Cuando comiencen a reclamar sus casitas, tendré cómo explicarles porqué no pude cumplir. O sea que no les digo la verdad directamente, sino por carambola, ¡jajaja!

Pero bien, me desvié. No vayas a pensar, Maisanta, que estoy delirando. No señor. No le pido al CNE que anuncie las elecciones en julio aunque me convendría, porque los médicos no me dan seguridad de que estaré bien. Y además, Fidel fue muy claro. Deja correr las cosas, Hugo, así me dijo, y te das tiempo para sanar. Claro, yo sé que esos son sus deseos, pero también sé que él y su hermano Raúl quieren ganar tiempo para prepararse por si acaso me lleva la pelona. Mi enfermedad les agarró de sorpresa, es la verdad.

Maldito sea el Imperio, qué sortarios son los gringos, y sobre todo ese negrito que tienen de Presidente, qué suerte tiene ese negrito de que este negro barinés, heredero tuyo, Maisanta, por derecho de sangre, pero también de Zamora y Bolívar, esté ahora tan enfermo. Ni yo lo puedo creer”.

A PASO DE CANGREJO

La semana pasada les hable de la calma que precede la tormenta. Nadie entonces se movía, todos estaban alertas, pero desde que Águila Uno le entregó este contrato a los soviéticos, el bosque se alborotó. El Pajarraco Leo decidió lanzarse por si acaso el por si acaso se da. Y el pájaro guariqueño también.

Pero andan a tientas, ellos y los demás. A paso de cangrejo, la democracia avanza, nadie cree en nadie… y nadie encuentra en quién creer.

 
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