Paranoia censal

Yván Serra Díaz

PERISCOPIO
Yván Serra Díaz *
yvanserra@gmail.com 

Amigos y familiares no quieren recibir a los empadronadores del Censo.  Si usted amigo lector vive en San Diego o Naguanagua, que no se enteren sus alcaldes. Ellos cuentan con los resultados del censo para ajustar la distribución de la población y así contar con mayores ingresos de situado. Después no se quejen si no hay dinero para tapar los huecos de las calles.

Todavía recuerdo cuando fui empadronador en el censo de 1981. Era un solo día y el trabajo era voluntario. Fui recibido amablemente aquellos que me tocó entrevistar. Difícilmente exista un día que haya recibido tantas atenciones. Para poder cumplir con la cuota de viviendas que me asignaron, tuve que rechazar las meriendas que me ofrecieron. La familia se agrupaba toda a mí alrededor para contestar las preguntas que formulé. A pesar de los años, recuerdo muchas de las preguntas, son muy parecidas a las que hoy se realizan.

Escudriño el cuestionario, no veo en él mala intención. No hay en el instrumento de investigación nada que denote la posibilidad de crear una base de datos tendenciosa que pueda afectar a los respondientes. Como censo de población y vivienda es menester conocer el estado de la vivienda; para conocer el nivel de hacinamiento hay que saber cuántas personas duermen por cuarto; hay que conocer las comodidades que se poseen, puesto que existe una vinculación clara entre desarrollo y el nivel de confort con que vive la población. Si se quieren mejores políticas de tránsito, hay que conocer cuántos carros hay en circulación.

Pero existe la duda. El socialismo y la experiencia histórica de los gobiernos soviéticos, de las mal llamadas democracias populares y de nuestra cercana Cuba no son buena propaganda para el censo. El mismo gobierno ha hecho un uso nocivo de la información que ha poseído. Tienes derecho a guardar silencio, porque todo lo que digas puede ser usado en tu contra, parece ser la consigna de cierta clase media, donde la paranoia comienza a ser el estado mental. Un amigo me dice “seguro mató a confianza”.

Algo cambió en Venezuela desde los días de mi voluntariado. El empadronador tendrá la ingrata tarea de contestar el cuestionario de pie con una reja de por medio. Nadie podrá brindarle siquiera un vaso de agua, no vaya a ser que la bebida tenga algo raro. Igual hay que estar mosca con quien toque la puerta de tu casa, hay que chequear que los datos coincidan con la fisonomía. Si en algo se destaca la Venezuela de comienzos del siglo XXI es la desconfianza.

Vamos a contarnos. El censo es una actividad rutinaria que en Venezuela se realiza cada diez años. En el Ine, existe la cultura del secreto estadístico. Por parte de ellos se respetará. A pesar de los avances informáticos la compilación de los datos tomará su tiempo. Para ese entonces, elecciones mediante, deberá haber cambiado el administrador.

El gobierno que comenzará el próximo 2013, requerirá para la planificación de su gestión de los datos que arroje el censo.

* Politólogo


 
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