¡Heisenberg a las primarias!

Carolina Gómez-Ávila


CAROLINA GÓMEZ-ÁVILA
@cgomezavila 

Hoy opté por meterme en camisa de once varas para intentar explicar un principio de física cuántica del que conozco prácticamente nada. Me animo porque sé que por ahí andan algunos haciendo lo propio con lo que es la democracia. Atrevidos todos

Tan pronto pueda asómese a la vida de Werner Heisenberg, un alemán que nació en 1901 y vivió hasta 1976, por lo que quedó atrapado en la coyuntura histórica de las guerras mundiales y del nacionalsocialismo hitleriano. A pesar de ser ario estuvo en la mira de Himmler quien le llamaba “el judío blanco” porque apoyaba la física de Einstein y trabajaba con Max Born, pero debe haberle ayudado el Premio Nobel de Física en 1932, porque en 1938 le pidieron que dirigiera al equipo para fabricar una bomba atómica, algo que Alemania nunca logró y que muchos lo atribuyeron a que Heisenberg equivocó y retrasó intencionalmente cálculos imprescindibles.

El Principio de Incertidumbre -el que le valió el Nobel- es piedra fundamental de la física cuántica y de algunas reflexiones sobre la vida, y se enuncia más o menos así: No se puede determinar con precisión, al mismo tiempo, la posición y momento de una partícula.

Y que en humorística extrapolación a la política nacional podría convertirse en algo más o menos así: si usted quiere saber cuál es exactamente la posición de un candidato sobre algún tema, deberá detener su movimiento y preguntarle; cuando comience a moverse de nuevo, ese candidato cambiará de posición…

Si me dice que un candidato no es una partícula subatómica, con una mueca le preguntaré si está seguro. Porque algo me dice que el Principio de la Incertidumbre es el que mantiene en jaque el ejercicio ciudadano.

Cuando creemos que cierto aspirante nos gusta, salta a declarar algo que rechazamos y que vemos que ha nacido de su desplazamiento hacia otras ideologías con la intención de ganar adeptos, perdiendo nuestra simpatía. Así se cumple que cuando logramos calcular una condición para un instante, ya no será la misma al instante siguiente.

Alguna vez escuché un chiste de aplicación del Principio de Heisenberg, según el cual si su marido se mueve suficientemente rápido jamás sabrá con cuál amante está.

Igual sucede en las primarias. Por rápido que nos movamos a pedir que los contenidos sean expuestos a todos, el Principio de Incertidumbre indicará que hasta después de las elecciones, todos pueden cambiar de posición.

Igual habrá que hacerlo.

So pena de terminar de enterrar a la democracia, con el mismo epitafio que le pusieron a Heisenberg: “Yace aquí, en alguna parte”.

 

 

 
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