ACCION DEMOCRATICA

Américo Martin

Desde la cima del Avila
Américo Martín

amertmart@yahoo.com

“y a la oposición que nos declaren los partidos contrarios, por más violenta que sea, sólo replicaremos con las razones que nos asistan, aun cuando sin ellas seamos atacados

Presidente Rómulo Gallegos

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       Tuve a fines de los 80 una polémica muy cordial pero sin concesiones con mi amigo Carlos Canache Mata acerca de la ubicación de AD en el pentagrama ideológico. El, un dirigente notable del partido, sostenía que AD siempre fue una organización socialdemócrata. Yo le respondí que la pertenencia formal de AD a esta corriente comenzó bajo el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, quien fue vicepresidente de la Internacional socialista encabezada por el notable Willy Brandt. Antes de eso, el partido fundado por Rómulo Betancourt podía serlo de hecho, pero no de derecho. Sigan leyendo.

       La incorporación de AD a una organización internacional como la indicada tiene su lógica en el momento en que se produjo. La socialdemocracia europea buscaba conectarse con fuerzas emergentes del llamado Tercer Mundo para competir con su rival comunista, y también para crear una referencia distinta a Fidel, a la sazón el líder más llamativo del Movimiento de los No Alineados, aunque afiliado al bloque soviético. Con la carta del Diálogo Norte-Sur, el brillante líder alemán trabajó enérgicamente con líderes alternos democráticos y nacionalistas. Quería darle al socialismo democrático una proyección hacia las áreas deprimidas pero muy pobladas del mundo. Por eso estaba escrito su encuentro con Carlos Andrés Pérez, el nigeriano Jules Gnerere y por extensión Alan García, otros líderes de nuestro subcontinente, y muchos importantes dirigentes africanos. AD se ha beneficiado con su formal incorporación a la socialdemocracia mundial.

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Por cierto, no convencí a Canache ni él me convenció a mí, pero alcancé a decirle que en las setecientas páginas de Venezuela, Política y Petróleo, la  obra capital de Betancourt, el vocablo  “socialdemocracia” no se menciona ni una vez, Carlos.

       Es que durante la fundación de AD el problema latinoamericano era otro. La disputa era con el expansionismo norteamericano, el militarismo, los comunistas y  la opción que luego se llamaría demócrata cristiana. La socialdemocracia apenas asomaba en la Argentina de Alfredo Palacios y el Chile de Allende, con quien Rómulo forjó una amistad muy estrecha, pero dejando a salvo que su movimiento, entonces denominado PDN y sumergido en los “socavones” del lopecismo  (típico lenguaje del indetenible líder) no se afiliaba a Internacionales, ni siquiera a la Socialdemócrata.

       ¿Por qué esa renuencia frente a las Internacionales? Rómulo venía de romper con los comunistas, había sido su dirigente principal en Costa Rica, pero no aceptó imposiciones de Moscú “a través de la estafeta del Buró del Caribe”. Después de unos infructuosos escarceos unitarios, los comunistas se lanzaron contra él endilgándole cuanto se les vino a la cabeza, pero el hombre, que había nacido para la polémica, no les respondió precisamente arrojándoles confetis.

Para triunfar, como terminó haciéndolo, Betancourt prefirió conservar la independencia de su partido, conocer ampliamente la realidad del país y la de Latinoamérica, e identificarse a fondo con el alma de los venezolanos. El paso siguiente fue construir una disciplinada organización como la que había experimentado en sus mocedades comunistas y recorrer en mula, peñero, buses cada conglomerado venezolano. Dejó una contraseña que ningún adeco olvidó: ni un municipio, ni una localidad sin organización del partido.

“Venezolanamente, acciondemocratistamente, creceremos en nuestra tierra con la fecundidad vegetal de la verdolaga” Arturo Uslar Pietri, otra robusta personalidad de la época, hablaba ingeniosamente de la “quincalla verbal” de Rómulo, pero lo cierto es que quincalla o no, crecieron como la verdolaga y AD se convirtió en una manía popular.  “El partido que más se parece al pueblo”, le escuché decir al Maestro Prieto.

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Rómulo Betancourt

AD y el APRA peruano fueron aliados. Tenían en común el deslinde con los comunistas y una doctrina revolucionaria latinoamericana. Pero obsérvense sus diferencias. Haya se siguió moviendo dentro del leninismo, pretendió superarlo filosóficamente. “Así como Marx  superó dialécticamente a Hegel, el APRA superó a Marx”. Esas generalizaciones teóricas no eran del gusto de Betancourt. Por otra parte, Haya quiso construir una internacional latina y con esa intención fundó el APRA en 1924. Aunque Rómulo tomara del APRA algunas ideas, no se engarzó en su internacional. Creía que para hacer una revolución democrática su partido se debía totalmente a Venezuela.

Del fecundo teórico peruano, hizo suyo el “frente de clases” o “policlasismo”, en lugar del “obrerismo” de los marxistas. Rómulo, ni su hechura AD, cultivaron  abstracciones ideológicas. Se propusieron crear una plataforma nativa. Trabajaron en ella, además de Betancourt, Valmore Rodríguez, Prieto, Pérez Alfonso, Ricardo Montilla, Barrios, Pérez Salinas, Pérez Guerrero y más tarde Carnevali, en cuya memoria Betancourt dijo: “se llevó a la tumba su gran secreto de estadista y estratega revolucionario”

A quienes predicaban la prematura muerte de AD, aquel gran juglar que fue Andrés Eloy Blanco les replicó en el Nuevo Circo: “es cierto, estamos en la lona” Vale decir: las tribunas, la arena y hasta la lona donde se montaban las peleas de boxeo.

De esa tela se formó la organización que resistiría a la dictadura militar de Pérez Jiménez. De ahí salieron Ruíz Pineda, Pinto Salinas, Carnevali. Al ver el entusiasmo de los nuevos adecos en sus 70 años, pienso que para la oposición unida, las primarias y la dura prueba que nos espera en 2012 y 2013, AD es uno de los caminos de hierro de la alternativa democrática.

 
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