“CONTANGO” Y “BACKWARDATION”

José Toro Hardy

JOSÉ TORO HARDY
pepetoroh@gmail.com
@josetorohardy


Sólo faltaba la guinda del pastel: la caída de los precios del petróleo. Malas noticias para Venezuela y peores para su gobierno.

Los mercados energéticos se han visto sacudidos este año por dos severos eventos que tenían la capacidad de elevar los precios del petróleo a niveles pocas veces imaginados.

Por una parte -en plena “primavera árabe”- la guerra civil en Libia sacó del mercado 1,6 millones de barriles diarios de petróleo.

En segundo lugar, otro importante agente energético entró en crisis: la energía atómica. El terremoto y el tsunami de Japón afectaron gravemente los reactores nucleares de Fukushima reviviendo los temores de Chernobyl. Se congelan todos los proyectos nucleares y las miradas se voltearon nuevamente hacia el petróleo.

En ese momento se produce un fenómeno conocido bajo el nombre: “Contango”. Es una situación en la cual los mercados se convencen de que los precios del petróleo, en el futuro cercano, van a ser mayores que los actuales. Se abre el apetito para la especulación y los precios suben.

Ahora bien, la economía mundial -que aún no se había recuperado de la grave crisis del 2008- no pudo soportar los efectos del aumento en los precios petroleros, aunados a la crisis de endeudamiento en los países europeos y el enfriamiento de la economía estadounidense. Reaparece el fantasma de la crisis. Todas las grandes economías del mundo están revisando hacia la baja sus expectativas de crecimiento y, evidentemente, a menor crecimiento económico, habrá menor consumo de petróleo.

En medio de tales circunstancias se derrumba finalmente el gobierno de Gadafi.

Hablemos un poco de Libia. En 1961 ese país producía tan sólo 20.000 barriles de petróleo. Apenas 8 años después, en 1969, había logrado la hazaña de aumentar su producción a más de 3.100.000 barriles diarios y se pensaba que en poco tiempo alcanzaría los cinco millones.

Pero en 1969 Gadafi da un golpe de Estado e instaura una dictadura que, entre otras, provoca el derrumbe de la producción petrolera libia. Por complemento, promueve el terrorismo e interviene en otros países.

Ya para el 2000, forzado por la necesidad y aislado por el mundo, Gadafi renuncia al patrocinio a terroristas y vuelve a llamar a las compañías petroleras. Las mayores empresas americanas, europeas, chinas, rusas, japonesas, indias e indonesias venían ya operando en Libia, hasta que estalló la revuelta hace seis meses, cuando se paraliza la producción.

Gadafi ya es historia y Libia -ávida de recursos para emprender su reconstrucción- retomará su producción con todo el potencial característico de sus prolíficos yacimientos y sus enormes reservas petroleras.

Pero en una economía mundial estancada, el reingreso al mercado del petróleo libio puede traducirse en una caída importante de los precios del petróleo. Se podría entonces producir otro fenómeno, inverso al “contango”, conocido como “backwardation”.

Eso ocurre cuando los mercados esperan que en el futuro los precios del petróleo van a ser más bajos que en el presente y en consecuencia comienzan a especular a la baja, forzando una caída de los precios.

Malas noticias para Venezuela y peores para su gobierno. El petróleo aporta el 95% de los dólares que nos ingresan y que son indispensables para mantener las importaciones que requiere el país, cuyo aparato productivo ha sido destrozado por la locura, la ignorancia y el dogmatismo gubernamental.

Esto augura una nueva devaluación y una inflación aún mayor. Habrá más escasez resultado de la falta de inversión y de unos controles irracionales. A ello hay que sumar el deterioro de los servicios públicos, particularmente de la salud, la increíble ineficiencia del aparato gubernamental, la crisis eléctrica, la inseguridad física y jurídica, el endeudamiento, los manejos con las reservas internacionales, la destrucción de Pdvsa, los alimentos que se pudren y la corrupción. Sólo faltaba la guinda del pastel: la caída de los precios del petróleo. Nos esperan tiempos difíciles.

No le arriendo las ganancias al oficialismo -con un presidente enfermo- que estableciendo un símil con los mercados petroleros enfrenta una situación de “backwardation”, es decir, que existe la convicción de que en el futuro cercano valdrá menos.

Versión editada

 
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