IMPERIALISMO PERSONAL

Diego Bautista Urbaneja

DIEGO BAUTISTA URBANEJA
dburbaneja@gmail.com 

Fidel Castro, ha ejercido una influencia determinante, íntima, personal, directa, sobre el Jefe del Estado venezolano. No hay invasión de por medio, no hay ninguna forma visible de sojuzgamiento. Lo que hay es una suerte de hipnosis, una fascinación personal que ejerce el dirigente de allá sobre el dirigente de aquí.

Las relaciones que existen entre Hugo Chávez y Fidel Castro plantean un problema muy particular a la teoría del Estado y la teoría de la soberanía estatal. Ambos cuerpos teóricos están bien apertrechados para la clasificación de las distintas formas de subordinación de un Estado a otro, así como de las distintas formas de vulnerar la soberanía. Colonias, protectorados, Estados vasallos, distintas formas de guerra, cerco económico, Estados satélites, alianzas, diversas formas de integración… Modalidades todas mediante las cuales un Estado pierde su soberanía, o la cede en todo o en parte, sea a otro Estado, sea a un conjunto de ellos. El experimento de reducción de la soberanía más reciente y sutil, la Unión Europea, ha dado pie a un sustancioso esfuerzo para repensar la idea de la soberanía por parte de los grandes teóricos políticos de la Europa de hoy.

Pero aquí, en nuestro querido Caribe, tenemos otro tipo de fenómeno. Un caso de imperialismo personal. Resulta ser que un hasta hace poco Jefe de otro Estado, el cubano, persona con nombre y apellido, Fidel Castro, ha ejercido una influencia determinante, íntima, personal, directa, sobre el Jefe del Estado venezolano. No hay invasión de por medio, no hay ninguna forma visible de sojuzgamiento, no hay presión económica por parte de aquel Estado sobre el nuestro. Nada de eso. Lo que hay es una suerte de hipnosis, una fascinación personal que ejerce el dirigente de allá sobre el dirigente de aquí.

Influjo

Desde hace un tiempo, el fenómeno ha adquirido ribetes aún más atípicos, pues Fidel Castro ha dejado de ser Jefe de Estado, pero no ha dejado de tener el influjo personal sobre el gobernante venezolano que venimos comentando. Al contrario, al adquirir un carácter informal, se ha hecho más íntimo. Todavía más: ese influjo se refiere al hecho más importante que hoy afecta la vida misma del de aquí, como es el de la enfermedad que padece.

Posiblemente se trate de un caso único en la historia política mundial. En la política imperial, digamos clásica, no era raro que un gobernante de uno de los países dominados por el más fuerte tuviera que viajar a la metrópoli a recibir reprimendas o “sugerencias” de parte de los gobernantes del país poderoso. Estaba claro que si no seguía las instrucciones, el pobre país pagaría las consecuencias. Bastaba un “nos preocupa el reciente acercamiento de su gobierno con el gobierno de X. No escapará a su clarividencia que X tiene actualmente relaciones difíciles con nuestro país”. Suficiente para un buen entendedor.

Pero el caso que nos ocupa es diferente. El Jefe de un Estado le pide al de otro, sin que nada lo obligue, que, literalmente, le diga lo que tiene que hacer. “Estoy por perder el revocatorio. ¿Qué hago?”.

En la historia venezolana desde luego que nunca hemos tenido nada remotamente parecido, en cuanto a influencia personal de un mandatario extranjero sobre alguno de los nuestros. No es que no haya habido casos de admiración, pero no es posible mencionar el nombre de algún gobernante o político extranjero que haya tenido una influencia determinante en la vida política del país.

¿El Jefe?

La pregunta, ¿quién es el Jefe del Estado venezolano?, tiene en esas circunstancias plena validez. Porque si el dictamen de última instancia lo tiene un político extranjero, es él, en último término, el verdadero Jefe del Estado. Pero la pregunta y la respuesta han de quedar en ese nivel tentativo. No hay manera de demostrar que se está en una relación de mando y obediencia. Siempre se podrá decir que lo que pide el de aquí es un consejo, y que en definitiva el que decide es el venezolano. Así, verbalmente, se salvan la patria y su honor.

Como decía, el hecho ha tomado nuevos niveles con la enfermedad de Chávez. Según su propia confesión, su primer médico es Fidel Castro. Eso quiere decir que la información que recibe el Jefe de Estado venezolano sobre su situación de salud, es la que el dirigente cubano quiera suministrarle. Todo enfermo no sabe de su enfermedad sino lo que su primer médico le diga. Así que, a la chiquita, la información que tiene el Jefe del Estado venezolano sobre una salud que podría estar en una situación muy precaria, con todo lo que eso trae consigo para el país, está en manos de un político extranjero, gran calculador, que tiene intereses muy grandes y concretos respecto a la suerte política de Venezuela.

¿Qué dirían de todo eso los tratados de derecho constitucional?

 
Diego Bautista UrbanejaDiego Bautista Urbaneja

Un Comentario;

  1. ELIZABETH C. GUERRA said:

    Hola Dr. Urbaneja, soy una asidua oyente de su programa, al igual que lo sere de esta`pagina de ahora en adelante pues no la conocia. Al ver en mi facebook la entrevista del Dr. Aristeguieta inmediatamente la abri, y lo encontre a Ud; que maravilla!!!! Con respecto a este articulo suyo, como que no se puede demostrar quien es el jefe de estado desde que este señor esta en el poder. Por favor!!!!. En mi humilde opinion, creo que Fidel es el Presidente de este pais, pues al cederle, permitirle que tenga acciòn, decision y pero aùn participaciòn en las cosas màs sagradas de un pais como lo es su soberania ( cedùlaciòn, fuerzas armadas, registros mercantiles etc); quien manda y quien obedece? O quien pide consejo y obedece sin rechistar. Esto es de una traiciòn tal, que concluyo creyendo lo que afirma el Dr. Aristeguieta, este señor ni quiere al pais ni quiere a los venezolanos. Tengo toda la fe del mundo que nuestro sentido democratico nos lleve a teminar con esta pesadilla, democraticamente. Si SU MAJESTAD CARIBEÑA LO PERMITE.!!!! Un millon de gracias por permitir expresarme por esta via, ya que a su programa es dificilisimo comunicarse. Lo admiro muchisimo. Un abrazo.

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