Los hackers y la “primavera venezolana”

Argelia Rios


ARGELIA RÍOS
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Chávez no puede evitar que las deficiencias se hagan cada vez más notorias

Nadie la tiene fácil. La situación de cada polo es obvia. Ambos están urgidos de ampliar sus radios de influencia y ambos experimentan dificultades para hacerlo. La contienda candidatural dentro de la MUD ha acentuado la convicción de que, en su interior, no existe una lectura unitaria alrededor del fenómeno político al cual se enfrenta, y mucho menos una propuesta estratégica compartida para darle batalla al comandante… En el terreno del chavismo las cosas tampoco lucen doradas: la ineficiencia continúa siendo majestad, pese a las imploraciones del Jefe del Estado, quien jamás había necesitado tanta ayuda de sus equipos políticos y administrativos… En este mapa, la oposición y “el proceso” no pueden sino apostarle a los errores del contrario, lo que condenará la disputa a la mediocridad de un pobre torneo entre “malos y peores” y a un resultado tan cerrado, que no garantizará el triunfo holgado de ningún bando.

Las descalificaciones -abiertas o solapadas- que se profesan los aspirantes opositores, desnudan la que tal vez sea el principal fallo estructural de la oposición: no todos los adversarios del régimen coinciden en su caracterización, ni piensan lo mismo sobre la forma más adecuada para combatirle. Las divergencias -que algunos justifican alegando el carácter democrático de este polo- son, sin embargo, una muestra de la ausencia de un debate serio y sereno, en torno de la estrategia que merece ser aplicada, tanto en esta coyuntura, como en la que sobrevendrá tras la selección del abanderado. El descuido ha dejado el campo libre a la incorporación de temas cuyos efectos se reflejarán más tarde, cuando el ganador necesite perder parte de su precioso tiempo en sanar las heridas abiertas por las irresponsabilidades cometidas en la refriega interna.

Por su parte, al Presidente le sobran razones para la desazón: como siempre, sus órdenes siguen pulverizándose en los entretelones del monstruo burocrático que él mismo creó. En otros tiempos los déficits gubernamentales y las grietas tectónicas de la revolución podían invisibilizarse detrás de la potente figura del híper-líder. Ajetreado con su tratamiento -que le exige distanciarse a ratos de la realidad nacional, Chávez no puede evitar que esas deficiencias se hagan cada vez más notorias. Es todo un drama: no sólo porque mantiene viva la pregunta sobre la conveniencia de reelegir a un hombre bueno pero enfermo (como dicen los focus groups); sino porque un resultado parejo podría condenar a la revolución al escenario de una “primavera venezolana”: los hackers que atacan en el Twitter reconfirman, de hecho, que es a esa hipótesis a la que más le teme el gobierno bolivariano.

 

 

 
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