EL LABERINTO DE LOS GENERALES


JUAN CARLOS PÉREZ-TORIBIO

 

El laberinto, esa construcción formada por diferentes corredores que busca confundir a quien se adentra en él, parece que debe su nombre a una obra diseñada por el ingenioso Dédalo, en la cual el rey cretense Minos mantuvo retenido al Minotauro y donde terminó confinado el mismo Dédalo, luego de que éste enseñara a Ariadna la forma de ayudar a Teseo a escapar de él, tras dar muerte al Minotauro.

Esta imagen me ha venido a la mente mientras leí la columna del domingo pasado de Carlos Blanco. Allí, y con el título de Olla Conspirativa, el articulista nos relata una entrevista con una de las señoras caricaturizadas por 6to Poder, quien supuestamente le confiesa estar asustada con la posición de varios generales que saben que no tienen futuro, “que no tienen a dónde ir” y que pudieran “ser detenidos en cualquier aeropuerto”, si el gobierno pierde las elecciones; por lo que, asegura, no entregarán el proceso así cueste lo que cueste. Nada de esto es muy novedoso, como lo refiere el mismo Carlos Blanco, lo que sí parece sorprendente es que algunos civiles se extrañen todavía de ese comportamiento. ¿Alguien podrá pensar seriamente que los militares de cualquier país, luego de tener contacto con el poder político y los beneficios que esto otorga, lo dejarán así nomás?

Como se sabe, existe una relación directa entre la ideología y el poder. Pero mientras Marx nos hablaba de una ideología que disfrazaba y ocultaba la realidad, otros autores como Van Dijk hablan de una ideología como la interpretación que hacen ciertos grupos sociales del conocimiento cultural, de lo que es común a todos los grupos, que obedece a sus intereses y conforma la identidad de dicho grupo. Todo lo cual se compadece con aquella expresión de Althusser que decía que la ideología era eterna. Así, por ejemplo, todos sabemos que la inmigración es la entrada de personas a un país por causas eminentemente económicas, pero pensar que los inmigrantes son portadores de vicios y corruptelas, seguramente obedece a una posición ideológica, como sugiere Van Dijk. En este sentido, podemos decir que ese grupo social que forman los militares también tiene una ideología, ideología de dominación y sometimiento (que se practica desde un comienzo en nuestros cuarteles con los reclutas y que ha llevado a la muerte a muchos de ellos) en la cual podemos incluir cierto desprecio por el mundo civil, y que se expresa en un lenguaje verbal y gestual, el cual, por cierto, no es muy difícil de percibir. Ese modo de ser, o comportamiento, que incluye cierta visión de las cosas y que estudiosos de ese mundo castrense, como los profesores Domingo Irwin y Hernán Castillo, han calificado de pretorianismo, se podría traducir en una expresión que utiliza Ken Follett en uno de su best sellers titulado casualmente La caída de los gigantes. “Los soldados -dice- quieren ganar las guerras, no evitarlas”. Tal vez en un país como el nuestro, donde existe un exagerado culto a la gesta y al heroísmo militar, como nos lo han hecho ver estudiosos como Germán Carrera Damas, Ángel Bernardo Viso o el difunto Castro Leiva, todo ello se vea bastante acrecentado. Esto quizás haya colaborado también para que en nuestro país este grupo se haya valido de cierta presencia carismática y de una teoría como la marxista -cuya convalidación de la violencia y el autoritarismo la hacen propicia– para mantenerse en el poder.

Sabemos que antes de la aparición de los ejércitos nacionales, existían ejércitos de mercenarios que eran contratados por los diferentes señores y nobles para hacerse la guerra; que la creación de los ejércitos nacionales terminó siendo una consecuencia de la unidad moderna del Estado y la nación, como acertadamente lo entrevió ya para el siglo XVI Maquiavelo en su obra El príncipe.

Lo que habría que preguntarse ahora es si con la globalización y los cambios que están sufriendo los Estados nacionales esa ideología, o pretorianismo, tan dañina para nuestros países, no se extinguiría también con la profesionalización del ejército. Creo que otros Estados están en vías de solucionar éste y otros problemas de esa forma. En todo caso, nada sería peor que ese laberinto en el que se encuentran ahora algunos de nuestros generales, laberinto que ellos mismos ayudaron a crear.

@pereztoribio

www.diariosdelaincertidumbre.com

 

 
Top