Revoluciones malversadas (I)

Manuel Felipe Sierra

Fábula Cotidiana
Manuel Felipe Sierra
manuelfsierra@yahoo.com
Twitter: @manuelfsierra 

            ¿Por qué no escribes sobre la transición en caso de ser reelecto Chávez el 7 de octubre de 2012?, pregunta un colega de militancia chavista. Dice que le han interesado algunas reflexiones mías sobre la necesidad de un programa mínimo de emergencia en caso de ganar un abanderado opositor las venideras elecciones. En verdad, de prolongarse el mandato del chavismo no se trataría de un reacomodo sino de la continuidad de unas líneas estratégicas. Las interrogantes pertinentes serían mejor: ¿Hasta dónde el proyecto chavista tiene espacio para su radicalización y cuál sería la respuesta ante ella de los sectores democráticos? (que más allá de los escrutinios) ratificarán una importante fortaleza popular.

General Francisco Morales Bermúdez

          Siempre es válido apelar a la experiencia histórica. En reciente entrevista con José Vicente Rangel, Chávez recordaba que el origen de su propuesta política fue inspirada en el “Plan Inca” del general Juan Velasco Alvarado, quien junto a ocho generales más ejecutaron un golpe militar contra el gobierno de Fernando Belaúnde Terry, en octubre de 1968. El pronunciamiento militar se dio a partir de un acuerdo con todas las ramas de la institución y siendo Velasco el Comandante General del Ejército. Su gobierno se inauguró con un gabinete totalmente militar; anunciando y ejecutando medidas como la expropiación de los campos petroleros y la expulsión de las compañías estadounidenses; la nacionalización de industrias, bancos, ferrocarriles, pesca, minería y comunicaciones, algunas de ellas para fusionarlas con empresas estatales. Las inversiones extranjeras fueron reguladas y el Estado se convirtió en el principal inversionista.

            Fue reivindicada la diversidad racial del país y se crearon fiestas nacionales para revalorizar y elevar la autoestima colectiva, como los días del campesino y el indígena. Se amplió el sistema nacional de jubilación; se crearon planes de salud y construyeron redes de agua y electricidad para los barrios pobres de Lima, proclamando el quechua como idioma oficial. Se trataba de un modelo nacionalista inspirado en el estilo de Nasser en Egipto, que entusiasmaba a muchos países del Tercer Mundo en su lucha contra los países desarrollados. Sin apoyo de partidos ni respaldo popular organizado, el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas promovió el Sistema Nacional de Movilización Social (Sinamos) para asegurar la participación directa de los peruanos en el proceso revolucionario. Velasco, a diferencia de las dictaduras militares que se esparcían en el continente, reestableció relaciones con Cuba, compró armas a la Unión Soviética, y despertó sospechas de que su plan armamentista procuraba un conflicto militar con Chile para reparar un viejo despojo territorial.

            Era inevitable que el régimen sufriera las restricciones y amenazas de Estados Unidos y de la mayoría de los países latinoamericanos comprometidos en el dilema de la Guerra Fría, y más todavía cuando en septiembre del 1973 Augusto Pinochet derrocaba a Salvador Allende y con ello desataba una onda sísmica en los cuarteles suramericanos. Frente a las críticas de una oposición todavía severamente debilitada, el gobierno desató una represión que si bien fue selectiva, afectó directamente a los periodistas y a los medios de comunicación, muchos de los cuales fueron estatizados, y se cerró toda posibilidad para el voto popular.

Fernando Belaúnde Terry

En agosto de 1975 el general Francisco Morales Bermúdez, compañero de gabinete, encabezó un golpe de Estado en la ciudad de Tacna, en la frontera con Chile. Se dijo entonces que con ello se evitaba un ataque militar planificado por Velasco para el 5 de octubre de ese año, y para el cual Perú se había armado con más de 2.000 millones de compras soviéticas, además de ser clara su supremacía militar en ese momento. Velasco Alvarado había enfermado, para algunos colaboradores como producto de un envenenamiento, y era notorio el deterioro de su salud. Años después, el general Jeremías Rodríguez, uno de los miembros de su gabinete y responsable de los planes sociales, contaba en una entrevista en Caracas que recibió una sorpresa cuando visitó a Velasco en la clínica y éste aparentemente sin reconocerlo se levantó y comenzó a gritar: “¡comunista!, ¡comunista!, ¡fuera comunista!”.

Morales Bermúdez, acosado por la situación económica y las circunstancias políticas, si bien formalmente asumió la continuidad del proyecto revolucionario, en la práctica abrió un período de franca flexibilización. El período de Velasco que había significado un cambio político notable, condujo sin embargo a una crisis económica causada por las restricciones del comercio externo, el bloqueo comercial de Estados Unidos, el cierre de empresas y altos niveles de desempleo. Pero sobre todo asfixiado por un cuadro internacional que resultaba favorable a las tendencias militaristas de derecha que comenzaban a dominar los países vecinos.

General Juan Velasco Alvarado

            Las protestas populares se hicieron violentas y en consecuencia se incrementó la represión y la persecución política. Morales inició una etapa de rectificación y moderación del ritmo inicial impuesto por Velasco. En 1978, acorralado por el malestar popular, optó por la fórmula de la Asamblea Constituyente, contemplada en su programa “Túpac Amaru” que había sustituido el “Plan Inca” de Velasco. La Asamblea fue presidida por el líder del APRA Víctor Raúl Haya de la Torre, enemigo histórico del militarismo.

Aprobada una nueva Constitución en 1979 se convocaron a elecciones generales el año siguiente, en las cuales resultó electo Belaúnde Terry, el mismo mandatario que 12 años antes había sido derrocado por la jerarquía castrense. El gobierno de los generales peruanos fue producto de una acción violenta y no de la voluntad popular; no tuvo el soporte de masas de procesos similares; careció de ideología y fue estrangulado finalmente por las tenazas de la confrontación geopolítica Este – Oeste. Un claro ejemplo de lo que Sergio Ramírez llama “las revoluciones malversadas”.

 
Top