CABEZAS TOSCAS

Américo Martin


Desde la cima del Ávila
Américo Martín
@AmericoMartin
amermart@yahoo.com 

 

“¡Secreto grande y paradojal, sin duda! El equilibrio consiste en la pluralidad, que si se pierde, la unidad se desvanecería”

Ortega y Gasset: La rebelión de las masas

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            Los que tengan la paciencia de leer este artículo y hayan pasado sus ojos por la obra de don José Ortega y Gasset, descubrirán –lo confieso- que aprovecho algunas de sus agudas reflexiones para sustentar las mías, sin que eso signifique que me identifique con el nudo de sus reflexiones filosóficas. Sus entusiasmados discípulos han sido algo rimbombantes en el elogio al maestro, quien no ha necesitado hipérboles para encontrar –lo dijo Federico Riu- un lugar tranquilo en la historia de la Filosofía

            Como típico intelectual español de entre los siglos XIX y XX, Ortega le arrancó al idioma una fuerza y una lógica fascinantes. Las usaré a mi aire para explicar cordialmente que la proliferación de aspirantes presidenciales no debilita sino fortalece la unidad opositora. El ilustre pensador, desde luego, no se refirió a situaciones políticas. Afirmaba a quien quisiera creerle que ni él ni su obra eran “políticos”  pero tiene un nítido fondo de tal su creencia de que la unidad de Europa era firme porque nació de países distintos, que no querían ser idénticos. Un masivo enjambre de abejas volando en la misma dirección.

A las cabezas toscas les resulta un misterio insondable que de la pluralidad pueda emanar la unidad y que a su vez esa unidad sienta la necesidad vital de preservar la pluralidad de donde viene, acompañándola de uno de sus instrumentos favoritos: el juego libre de opiniones.

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            Lo demostró con enorme vigor la firma de un convincente compromiso político y programático, por los aspirantes democráticos que se medirán en las primarias. Lo avalaron con su presencia los gobernadores y jefes de partido opositores. Ese esperado acto, además de convencer al país de que la unidad es un hecho consumado e irreversible, evidenció la sutil comprensión exhibida por los firmantes acerca de una sencilla verdad: la unidad verdadera es siempre unidad de lo diverso. No será real ni duradera si se pretende unánime pues si así lo fuera estrangularía a quienes intenten conservar su propio perfil.

            Las unanimidades son sospechosas, particularmente cuando se refieren a asuntos complejos. A diferencia de la estupenda declaración del lunes, del lado del gobierno se hace evidente, la hipocresía y estolidez de sus jactanciosas afirmaciones unitarias. Están cubiertas por una atmósfera de silencio y amenazante jefatura única, impuesta. ¿Hay otra forma de explicar la lánguida parálisis del “Polo Patriótico”?

El pensamiento rudo –llamémoslo así- no entiende que la realidad no está compuesta por piezas sueltas, sino por diversos factores cuyo equilibrio produce el resultado. Los líderes agrupados el lunes consiguieron el equilibrio unitario después de confrontar opiniones por mucho tiempo. Para el gobierno eso es inexplicable. ¿Cómo pueden marchar juntos tantos dirigentes de la oposición que exponen con orgullo  sus propias y separadas inspiraciones políticas? La pregunta tiene sentido si recordamos  que el todo oficialista está atado con lazos de bronce a la voluntad de un mandamás, un intocable.  Son rudos y simples. Al leer un libro no descifran sino  sus ilustraciones.

La unidad opositora es fruto de la inteligencia de sus componentes. Al emanar de decisiones conscientes y no de vaivenes emocionales, resulta ser particularmente recia. Si comparamos las dos aceras, descubriremos que el entusiasmo de la alternativa democrática se retroalimenta constantemente, en tanto que el ánimo sombrío en el oficialismo paraliza sus movimientos. A medida que se presentan nuevas aspiraciones, más fuerte es la unidad opositora; en cambio, ¿aparte de Chávez cabe uno más en el oficialismo, que no sea agredido por la jauría? La unidad opositora crece por la diversidad y el bloque gubernamental decrece por la unanimidad. Proyectado el contraste, la victoria de la alternativa democrática parece cantada

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¿Se resignará el presidente a sufrir una derrota electoral? El asunto es si podrá evitarla o desconocerla.

No es cuestión de cañones sino de calibrar las protestas sociales y la erosión del bloque gubernamental. Un análisis estático de batallones no basta. En la primavera árabe muchedumbres inermes derrotaron dictaduras armadas hasta los colmillos. En Latinoamérica, armadas de causas legítimas, se sobrepusieron a feroces dictaduras. El desconocimiento de la voluntad electoral es una de ellas. No es igual defender un gobierno constitucional por arbitrario que sea, que proteger una usurpación.

Observemos la tensión con Guyana en la que están comprometidos intereses venezolanos.

Frente a las millas adicionales solicitadas en forma inconsulta por Guyana, el presidente guardó un extraño silencio, incongruente con sus estentóreas proclamas contra imaginarios desembarcos imperiales. Bajó el cogote.  Llovieron protestas;  respondió que “no pisaría el peine”; aumentaron las protestas, y se desdijo. Su cauteloso comunicado,  torpemente condenatorio del pasado, debilitó la posición venezolana puesto que la reclamación viene del pasado. De todas maneras la movilización forzó una respuesta, así fuera ese trino inaudible.

Lo de Evo fue más serio. Su policía atacó brutalmente a los manifestantes indios, acción protestada por parte de su gobierno. ¿Resultado? Reculó, culpando a sus policías para exculparse él

¿Si no aguantaron la presión en confrontaciones locales, soportarían una más intensa en rechazo al eventual desacato de la voluntad electoral?

De la gente decidida depende todo. En la guerra (Clausewitz) se impone la voluntad al contrario. Aquí nadie piensa en guerras, sino en salidas pacíficas y constitucionales y, sin embargo, en éstas la cuestión también es de voluntad.

 

 

 
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