CONTAR 16 AÑOS

Simón Garcia

SIMON GARCIA
simongar48@gmail.com
Twitter: @garciasim

Entre las empresas humanas, la de convertir la voluntad de cada uno en confianza, y en conciencia y acción en solidaridad con otros, es una de las tareas más arduas.

 

Hacer un partido, si se asume la política con la visión constructiva y virtuosa del primer hombre que reflexionó sobre ella, es un bien para quienes lo intentan. Pero también es una exposición a los sinsabores y a que -puesto que es humana y animal- la iniciativa se devuelva con crueldad hacia ellos.

Cervantes en Don Quijote emplea la palabra política como sinónimo de civilización. Pero bajo esa bandera se perpetran cosas tan equívocas y reprobables que no deberían colocarse bajo el mismo nombre. Existe un repudio bien merecido hacia la política porque se ha separado de los ideales, degradado a técnicas de manipulación y restringido a mecanismos para procurar intereses particulares o beneficios ilegítimos. Sufre una crisis de representatividad y una descolocación entre sus fines, medios y logros.

Un partido diferente

Pero el tema de hoy es una celebración. Acompañar a los amigos de Proyecto Venezuela en su aniversario. Honrar, ateniéndonos al sentido de celebre, raíz de la palabra celebrar, a una organización que promueve una nueva ciudadanía y la búsqueda de otra forma de hacer política y ser país.

La primera peculiaridad que atrae en Proyecto Venezuela es que no quiere ser un partido. Se resiste a reproducir el modelo convencional de maquinaria burocrática, estructura clasista o disimulada conjuración para ejercer y consumir poder. Esta reticencia a moverse dentro de los rieles partidistas es para muchos una debilidad y para otros una fortaleza en la medida que logre mutar efectivamente, como diría Bayardo Sardi uno de los animadores del MAS original, hacia un movimiento de movimientos.

Una segunda característica es que Proyecto Venezuela se define en torno a causas sociales y políticas como la descentralización, la despartidización del Estado o la desmarginalización de la sociedad. No medra en una abstracción filosófica ni tiene una ideología oficial.

Su tercera marca es la importancia que le concede en su narrativa a la alegría, un sentimiento tan sano y humano, tan íntimo y compartido que es la puerta de entrada a la felicidad personal. Se trata de una alegría asociada a servir y respetar al ciudadano como expresión del humanismo concreto del que desea nutrirse Proyecto Venezuela.

También llama la atención que descarte imponer objetivos partidistas por sobre los intereses de estudiantes, trabajadores, profesionales o mujeres. En sus manuales no aparecen las conocidas y discutibles fracciones, frentes, comandos o siquiera comisiones para formular “líneas” y sobreponerse a la autonomía que merecen ejercer esos sectores.

Proyecto Venezuela es una fuerza fundamental de Carabobo con el desafío de adquirir una mayor dimensión nacional. Una expectativa respaldada por dos gestiones de gobierno de Salas Romer que transformaron la faz del Estado y por el actual desempeño de Henrique Fernando Salas, quien compitiendo con sus éxitos anteriores y contra el cerco del centralismo, lucha por rehacer lo destruido mientras apalanca una sociedad regional más convivible.

Los dos líderes principales de Proyecto, aunque la vocería repose más en dirigentes respaldados por el voto popular, en su mayoría mujeres; tienen una trayectoria transparente y con mayor suma de aciertos que de errores. Se debe ser más exigente con ambos, se les puede criticar algunos aspectos o decisiones, algunos los adversan frontalmente, pero no se puede ignorar que abrieron en Carabobo un territorio para luchar por hacer posible lo imposible.

Hay mucho por contar aún sobre Proyecto Venezuela. Junto al país comienza a ver los arrecifes de un nuevo amanecer. Por eso hay que reforzar el cuidado, el empeño y la habilidad para no encallar en ellos.

El aniversario es una oportunidad debe abrir una nueva página, compartir propósitos con otros. Lo espera uno, que desde afuera y con una experiencia que no puede ser sino saber del pasado, no pretende dictar pautas de nada sino elevar la esperanza de que sean autores y actores de un gran relanzamiento para reunir país y elegir el mejor futuro.

 
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