CUANDO LA BURBUJA ESTALLA

JESÚS HERAS – 

Es terrible ser víctima de una burbuja financiera. Muchos han perdido fortunas, otros su reputación o su vida.

En la formación de burbujas influyen factores especulativos, pero con mayor frecuencia se producen por contagio.  En busca de una ganancia rápida, muchos se endeudan o se desprenden de sus ahorros, alimentando con sus compras una espiral de precios que al subir más y más, pierde relación con el valor real del bien que se ha adquirido.

En las últimas décadas, vimos estallar varias burbujas. En la segunda mitad de los años ’90, cayeron las llamadas empresas .COM. En la segunda mitad del 2000, vino el colapso de las viviendas. Pero fueron burbujas sólo cuando se produjo el estallido. Hasta que ello ocurrió, eran vistas como buenas inversiones.

También en política se producen burbujas, solo que acá son promovidas para generar adhesiones. El Presidente Lusinchi logró transmitir una sensación de bienestar y optimismo, cuando al final de su mandato afirmó que entregaba “la botija llena”. Pérez durante su segunda campaña, generó adhesiones por el recuerdo de su primer gobierno. Pero su popularidad se vino abajo con la de su antecesor, cuando el pueblo descubrió que en lugar de traer bonanza en sus alforjas, traía consigo medidas drásticas para corregir los entuertos del gobierno anterior.

El gobierno del Presidente Chávez ha fabricado una gigantesca burbuja en un intento por garantizar su reelección. Ha puesto el dinero a rodar. Como consecuencia, un elevado porcentaje de la población percibe un futuro prometedor.

Se trata, por supuesto, de una ficción. Gran parte de la población laboral no tiene empleo fijo; la infraestructura del país está haciendo aguas; tenemos la inflación más elevada del continente; los precios del petróleo vienen cayendo; y de lo que oficialmente conocemos, se desprende que para generar esa sensación de bienestar, el gobierno se ha endeudado al extremo de entregar a China una tercera parte de nuestras futuras exportaciones petroleras.

Más pronto que tarde, muchísimos venezolanos descubrirán que han venido afincando sus sueños sobre expectativas irrealizables. Y entonces vendrá el estallido.

Cuando una burbuja política estalla, es el gobernante quien recibe el mayor impacto. Lusinchi, como vimos, pagó con su popularidad. Pérez también, además de acarrearle la pérdida del favor popular, cárcel y traición. Caldera, atrapado entre el colapso de los precios petroleros y su precaria salud, sintió el coletazo del quiebre sucesivo de tantas expectativas.

En el caso del Presidente Chávez, los excesos son inéditos y el abismo es insondable… pero Dios puede haberle sido misericordioso.

Cuando la burbuja estalle, a lo mejor no estará aquí.

 
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